“Lo que quiero es justicia”: Arturo Gleason y la defensa del agua

Desde hace más de dos décadas, el ingeniero e investigador de la Universidad de Guadalajara, Arturo Gleason ha acompañado a comunidades que cuestionan proyectos relacionados con el agua y el territorio. 

Parte de la motivación del especialista es ejercer la ingeniería enfocada en la defensa del derecho de la sociedad a un hábitat sustentable.

Por Farah Medina / @_dtfarahm_

“Lo que quiero es justicia”.

Está frase sería parte de una las anécdotas que más han marcado a José Arturo Gleason Espíndola, ingeniero y especialista en temas relacionados a la gestión hídrica, quién apenas comenzaba a abrirse camino como ingeniero civil. 

Recuerda cómo frente a él estaba un ingeniero vinculado a la defensa del proyecto de la presa de Arcediano, una obra que se promovía como respuesta a las necesidades de abastecimiento de agua de Guadalajara.

A principios de la década de 2000, Arturo realizó una evaluación técnica del proyecto de la presa de Arcediano en Jalisco. Al hacerlo, pronto logró identificar las fallas de dicho proyecto, señalando su deficiencia y su riesgo, ya que pretendía captar agua en la barranca donde se descargaban aguas negras de la ciudad.

Al exponer su postura ante colegas en el Colegio de Ingenieros del estado de Jalisco, fue confrontado por aquellos que estaban de acuerdo con el proyecto. Uno de ellos se acercó a cuestionarlo sobre lo qué buscaba, “no sé qué esperaba que yo le dijera, ‘Quiero un cargo público, quiero que me contraten en la comisión del agua, dinero’”.

Recuerda su miedo, al estar ahí y ser cuestionado, pues era joven, tenía pocos años de experiencia profesional y él sabía que su postura podía incomodar a quienes sí respaldaban el proyecto.

Sin embargo, aquella noche, decidió sostener su postura, y dijo: “Quiero justicia”. Admite, que aquello desencajó al académico que ya le cuestionaba, “Tenía unos lentezotes y casi, casi se le salían”, cuenta con gracia.

“¿De dónde saliste tú?”, le volvió a cuestionar aquél colega. 

Él, devolvió el cuestionamiento, pues desde ese momento entiendo no sólo la magnitud del problema hídrico si no la responsabilidad que se asume desde su profesión. “Yo no tengo cara para decirles a las futuras generaciones, sabiendo que va a lastimarlas, que no hice nada” cuenta,“ Y le dije que no podía, ‘¿Cuánto cuesta la salud de mi madre, la de mi padre, la de un posible hijo mío cuando beba esta agua cochina que ustedes quieren darme?’”, recuerda haber cuestionado, pues comprendió que una evaluación técnica, no debía limitarse a determinar si una obra podía construirse, sino examinar a quién beneficiaría, qué riesgos implicaría y cuáles serían sus consecuencias para la población.

Veinte años después, esa postura sigue siendo dirigiendo su manera de entender la ingeniería, la investigación y el activismo socioambiental. 

Pues el agua se ha convertido en una causa que lo ha llevado a cuestionar decisiones gubernamentales, acompañar a comunidades y poder advertir sobre los riesgos que, desde su perspectiva, enfrenta el estado en materia hídrica.

 

“Para esto estudio ingeniería civil, para defender al pueblo”, afirma al recordar aquella etapa de su vida.

Pero, entender esto, tomó su tiempo. 

Durante sus años siendo estudiante, recuerda haber sentido incertidumbre sobre el propósito de su carrera y profesión, pues no lograba entender el propósito y la forma de que pudiera contribuir a las personas, “soy de la generación X, qué se nos denominó precisamente así por: ¿Qué sigue?, ¿Qué hay para nosotros?, Pues había una decepción profunda” cuenta, “fui parte en los 90 de esa decepción y yo sí buscaba respuestas desde la universidad: ¿para qué sirve la ingeniería? ¿y en qué la voy a aplicar?”

Ahí fue cuando la invitación a analizar la presa del Arcediano llegó, pero está no fue casualidad, pues fue posible gracias a la relación y acompañamiento de quién habría sido su mentor, y quién le llevó a comprender la ciudad desde el agua.

 Arturo recuerda al ingeniero José Manuel Vargas Sánchez, lo reconoce como una figura importante en su formación.

Le enseñó a mirar la ciudad desde los sistemas hidrosanitarios, comprender el funcionamiento de las redes de agua potable y alcantarillado. Participó en proyectos relacionados con el abastecimiento y el drenaje, e incluso recuerda haber estado junto a su maestro en una zona de descargas del río San Juan de Dios, “me apasionó, me contagió esa pasión y cuando hice mi tesis sobre el drenaje profundo de la ciudad, fue una gran satisfacción haber hecho un trabajo extraordinario y verlo a él contento”. 

La muerte del ingeniero José Manuel Vargas, marcó un momento difícil para él. Sin embargo, poco después apareció aquello que transformaría su labor: La presa de Arcediano.

Pues no sólo presentó aquél informe, ni fue cuestionado. 

Está discusión y su postura lo llevaron a relacionarse en reuniones y foros de discusión con activistas y personas que también cuestionaban el proyecto. 

Cuando el Colegio de Ingenieros Civiles, que al inicio, estaba en contra de dicho proyecto, modificó su postura para respaldar la obra, él decidió apartarse. 

Arturo, cuenta cómo desde aquél primer acercamiento, el resto de causas y comunidades a las que acompañó fueron llegando, como Amigos de La Barranca, participando en un comité académico con investigadores y docentes universitarios interesados en la defensa del medio ambiente.

Aquello, le mostró que el conocimiento podía tener un papel en las luchas por el territorio y los recursos naturales. 

El conocimiento al servicio de las comunidades 

Las investigaciones y actividades académicas de Arturo, se han orientado hacia la conservación ambiental, la captación de agua de lluvia y la gestión sustentable del agua. 

Su formación como doctor en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como sus viajes y el conocimiento de otras realidades hídricas, cuenta ayudaron a su perspectiva sobre los desafíos de la administración del agua.

Por ello y con el tiempo, distintas colonias y colectivos comenzaron a solicitarle asesoría técnica y acompañamiento frente a proyectos que consideraban dañinos para sus comunidades, involucrándose en lucha como en movilizaciones contra la tala de árboles y la defensa del Parque San Rafael.

Una de las anécdotas que más recuerda y que trae para él una de las cosas que más disfruta de su labor, es  en el año 2017, durante un conflicto por la construcción de un vaso regulador y la tala de árboles. 

En aquel momento, recuerda haber cuestionado al entonces alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro tras la acción violenta de su gobierno, “yo ayudé a esas comunidades(…) Alfaro se puso rudo, pero rudo, sacó a patadas a la gente que se amarró los árboles porque los querían tumbar. Y yo lo encaré allí y en ese momento en redes sociales dije, ‘Oye, bájale’”.

Recuerda la presión ejercida por medio de redes sociales, los comentarios por aquél comentario, pero también, su equipo y él comenzaron a sentirse vigilados y perseguidos:

“En mi oficina vimos gente que nos estaba espiando. Nos sentimos perseguidos. Y hubo un detallazo de parte de una activista, una señora ya de la tercera edad y me regaló una figura de la Virgen de Guadalupe (…) Fue un acto de amor, un acto de: esto es lo que tengo para que se proteja”, recuerda.

A pesar de no identificarse con esa devoción, el recuerdo es para él una muestra de solidaridad y cariño hacia su labor.

Considera también que estos gestos son una parte importante de su trabajo que no aparece en los informes académicos, “es el contacto con la gente, a mí me llena mucho estar (…) Esa satisfacción de poder ayudar, y no porque me hayan pagado, sino porque siento la convicción”, expresa y agrega: “a mí me gusta sentirme pueblo. A mí me gusta sentirme parte de la comunidad y cuando logró conectar con señoras, señores de la tercera edad, jóvenes”.

Este contacto también estuvo presente cuando de forma independiente buscó una diputación local. En su recorrido por zonas de la ciudad que no conocía conversó con jóvenes, recuerda a quienes le compartían sus deseos por convertirse en arquitectos y las limitaciones que encontraban para continuar sus estudios. 

Este acercamiento le ayudó a comprender mejor las desigualdades que atraviesan la ciudad.

Arturo no ganó la elección. Obtuvo alrededor de 3 mil 500 votos, una cifra que reconoce como pequeña. Sin embargo, considera que el apoyo que recibió estuvieron relacionados por no recurrir a promesas que no pudiera cumplir, “si voy a perder, voy a perder bien”, recuerda pensar.

A pesar de sus intenciones por ocupar un cargo público, para él poder contribuir a la sociedad no está ligado con esto, pues sus contribuciones a lo largo de los años, han sido apartidistas, siempre buscando acercar el conocimiento para que las decisiones públicas tomen en cuenta las necesidades de las personas.

Pero este compromiso reconoce Arturo ha tenido un precio, pues su ayuda a las comunidades con orientaciones, solicitudes con relación al medioambiente y el agua, la docencia, la investigación, las publicaciones, los proyectos académicos y las responsabilidades familiares, a veces exige una demanda de tiempo supera disponible.

“Doctor, ayúdenos. Doctor, este, denos una plática. Doctor, este, ¿qué podemos hacer ahora con los filtros? ¿Qué filtros? Este, doctor, vaya a mi colonia (…) Se vuelve inmenso, pero la vida no me da, y es complicado” expresa.

Por ello, es que reconoce que su manera de participar se ha transformado con el paso del tiempo, buscando involucrarse de forma más puntual y responsable con las comunidades y consigo mismo, “he tratado ahora ser más mesurado… y básicamente la administración de mi tiempo pues ha ido ajustándose”.

A pesar de esto, aclara que no es su intención abandonar la participación, sino encontrar una forma de sostenerla sin descuidar ningún área de su vida.

Por otro lado, Arturo ha sido crítico con respecto a proyectos hídricos, pues desea que todas las posibilidades sean analizadas, por ello en relación con las autoridades, hace una un énfasis en que es posible expresar su admiración y respeto por quienes integran instituciones así como cuestionar las decisiones que toman, “somos colegas varios de ellos, y hemos convergido en otros espacios y creo que eso debe quedar muy claro porque después se puede malinterpretar como un asunto personal”.

Sin embargo, identifica la soberbia, la falta de empatía y la resistencia a escuchar como obstáculos importantes para atender los problemas del agua, “Esto duele, ya lo vivimos el domingo”, expresa haciendo referencia a la manifestación por la calidad de agua realizada el domingo 11 de octubre, dónde las autoridades detuvieron de forma arbitraria a más de 50 personas, reprimieron con gas lacrimógeno, golpes y chorros de agua a los manifestantes. 

Para él, una gestión hídrica adecuada, requiere reunir distintos conocimientos y experiencias, trabajar con las instituciones y, al mismo tiempo, escuchar a las comunidades que terminan sufriendo las consecuencias de las decisiones gubernamentales, “arremangarse y trabajar juntos, esto es lo que permite en gran parte el avance”. 

Una crisis que se pudo prevenir 

Una de las preocupaciones que atraviesa actualmente su trabajo es la situación hídrica de Guadalajara pues afirman que los problemas actuales, no son repentinos, describe, son la consecuencia omisiones durante años, “esto yo lo dije hace 20 años y son de las cosas que me gustaría haber errado”.

Insiste en que las soluciones no pueden concentrarse solo en la construcción de infraestructura para trasladar agua de un lugar a otro, “en Arcediano dijimos son las redes, los tanques, la contaminación, no la presa, es la renovación de las redes, de los tanques, de los acueductos, Chapala es limpiarlo, vino en la siguiente década Zapotillo, lo mismo.”, describe.

Sin esas medidas, advierte, las nuevas obras no resolverán por sí solas los problemas estructurales de la ciudad, “yo observo con tristeza y con un grado de impotencia,  que hemos venido así como de bajada, y es cuestión de tiempo que vayamos en caída libre”. 

Su diagnóstico es que la disponibilidad de agua limpia se encuentra cada vez más comprometida: “ya ni siquiera estamos presionando por si el agua se va a acabar. El agua limpia ya se acabó. Queda poquita.  Es como si te acabaste tu cuenta de dinero y te quedan 10 pesos, 15 pesos”, explica y agrega que “la contaminación está avanzando hacia abajo por lo que se están infiltrando en aguas negras. No está completamente contaminado el acuífero, pero lo va a estar”.

Pero, a pesar de la preocupación que genera, no debe convertirse en resignación, ni para él ni para las personas, pues cree que involucrarse en los asuntos públicos no debería limitarse a momentos de emergencia.

Cree, aún hay margen para actuar, pues nadie está exento de enfrentarse a esta crisis, “Quien esté con agua limpia no crea que va a ser para siempre si no empezamos todos a luchar”. Sabe que el tiempo es limitado y que no puede responder a todas las solicitudes ni participar en cada conflicto. 

Pero seguirá aportando desde sus conocimientos y en compartirlos con quienes defienden sus comunidades.

Su llamado, por eso, va dirigido a las y los habitantes de Guadalajara,

“estoy tratando de despertar a la sociedad y contrarrestar los proyectos malhechos e impuestos, el conocimiento debe de levantar la voz (…) las y los tapatíos, salgan de la burbuja, a darse cuenta que no todo su cápsulas, burbuja de comodidad, la calidad deficiente del agua está creciendo. Despierten, los que ya estamos despiertos, no menguemos, sembremos para bien, a su tiempo vamos a cosechar, aunque no veamos el fruto ahorita”.

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Farah Medina
Farah Medina
Llegué al periodismo por accidente e impulsada por el ‘olfato periodístico’, las narrativas con una perspectiva de derechos humanos y la necesidad de seguir creando espacios para las voces, plumas y visión de las mujeres periodistas, me quedé.

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