Resistencia Global: caminar, habitar y transformar el espacio público desde la participación ciudadana

El Panel Resistencia Global del 12 Congreso Peatonal Guadalajara 2026 reunió tres proyectos que promueven la movilidad peatonal y la participación ciudadana en la transformación del espacio público en diferentes contextos. Legado a pie abordó la accesibilidad universal ante los megaeventos; el Instituto Caminhabilidade presentó la recuperación participativa del barrio Jardim Lapenna, en Brasil; y Tijuanita mi ciudad expuso iniciativas comunitarias para convertir las calles en espacios de convivencia.

Por Vanessa Briseño / @nevervb

El espacio público, la movilidad peatonal y el derecho de las personas a habitar las ciudades fueron los ejes del Panel Resistencia Global, que formó parte del 12 Congreso Peatonal Guadalajara 2026. A través de tres experiencias de México y Brasil: el equipo detrás de la guía Legado a pie, Leticia Leda Sabino del Instituto Caminhabilidade y Cynthia López de Tijuanita mi ciudad expusieron proyectos que plantean otras formas de concebir las calles, recuperar espacios barriales y construir condiciones de movilidad a partir de las necesidades de sus habitantes.  

Las participantes compartieron experiencias que parten de un problema común: las ciudades y sus calles no siempre responden a las necesidades de quienes las recorren a pie. Frente a modelos urbanos que priorizan el automóvil o modifican el entorno sin considerar a las comunidades, sus propuestas colocan la accesibilidad, la convivencia y la participación ciudadana como elementos centrales de la transformación del espacio público.

El trabajo colectivo Legado a pie, una guía que aborda los efectos de los megaeventos (como el Mundial de Futbol 2026) sobre las ciudades y sus habitantes. La propuesta parte de la necesidad de revisar los discursos de modernización que suelen acompañar a este tipo de acontecimientos, así como las intervenciones urbanas que transforman las calles y otros espacios públicos bajo la promesa de mejorar la infraestructura.

Uno de los aspectos que plantea la guía es la relación entre la organización de un megaevento y las prioridades que determinan el diseño urbano. Las obras vinculadas con estos acontecimientos pueden modificar la circulación, los accesos y la distribución del espacio; sin embargo, cuando la planeación favorece el tránsito vehicular, las necesidades de quienes caminan pueden quedar relegadas. Desde esta perspectiva, Legado a pie propone examinar quiénes se benefician de las transformaciones y qué condiciones enfrentan las personas que viven en las zonas intervenidas.

La discusión también contempla la experiencia de quienes no encuentran condiciones adecuadas para desplazarse por la ciudad. La accesibilidad no puede limitarse a una adaptación posterior de la infraestructura, sino que debe formar parte de las decisiones iniciales de diseño. En este sentido, el diseño universal constituye una condición para que las obras relacionadas con un megaevento no excluyan a personas con discapacidad, personas mayores, infancias y otros grupos con necesidades diversas de movilidad.

La guía también dirige la atención hacia lo que sucede cuando concluye un acontecimiento de gran escala. La infraestructura permanece en los territorios, al igual que sus efectos sobre la vida cotidiana. Por ello, el análisis no se limita al aprovechamiento posterior de las instalaciones, sino que considera si las calles y los espacios intervenidos responden a las necesidades de la población que los utiliza después de que termina el evento.

Ante este escenario, Legado a pie plantea la importancia de convertir las intervenciones temporales en oportunidades para establecer mejoras permanentes en la movilidad y el uso del espacio público. Esto requiere una visión que trascienda la duración del megaevento y que considere las condiciones de accesibilidad, los recorridos peatonales y las formas en que la población utiliza su entorno. La transformación urbana, desde esta perspectiva, debe tomar en cuenta tanto la infraestructura como las prácticas cotidianas de quienes habitan el territorio.

La participación ciudadana constituye otro componente de esta propuesta. La guía plantea un proceso que incluye el establecimiento de una visión compartida, el mapeo y análisis del espacio, el diseño y la implementación de acciones, así como la retroalimentación y la evaluación de sus resultados. Estas etapas permiten incorporar las experiencias de los habitantes a las decisiones sobre el entorno y revisar si las soluciones adoptadas responden a las necesidades identificadas.

Desde Brasil, Leticia Leda Sabino presentó la experiencia del Instituto Caminhabilidade, una organización sin fines de lucro liderada por mujeres que trabaja desde 2012 en el desarrollo de ciudades más caminables. Su enfoque coloca el desplazamiento a pie como parte de la vida urbana y propone analizar las condiciones físicas y sociales que permiten a las personas recorrer sus barrios y utilizar los espacios comunes.

Entre las experiencias que compartió se encuentra el proyecto participativo de Jardim Lapenna, un barrio que enfrentaba una falta de espacios públicos adecuados para la convivencia. Ante esta situación, en 2017 se impulsó la construcción de un plan de barrio elaborado con la propia población. El proceso buscó integrar distintos espacios del territorio y reconocer las necesidades de sus habitantes como punto de partida para definir las intervenciones.

La propuesta de Jardim Lapenna contempla la recualificación de espacios, es decir, la recuperación y mejora de lugares existentes para ampliar sus posibilidades de uso. El objetivo consiste en que estos sitios respondan a las prácticas cotidianas de la comunidad y faciliten el encuentro entre las personas. Así, el espacio público deja de entenderse únicamente como una superficie disponible y se aborda a partir de las relaciones sociales que puede favorecer.

Otro componente del proyecto es el wayfinding, concepto que reúne los elementos que ayudan a las personas a orientarse en un entorno. La señalización, la organización de los recorridos y las referencias visuales permiten comprender cómo desplazarse de un punto a otro y reconocer los espacios de uso público. Estos recursos contribuyen a que los trayectos sean más claros y accesibles, especialmente para quienes no conocen el lugar o requieren referencias que faciliten su movilidad.

El proceso participativo también contempla talleres, el desarrollo de una identidad visual, la clasificación de los espacios y el reconocimiento de las personas que habitan el barrio. Estos elementos permiten construir una lectura compartida del territorio e incorporar las características locales a las intervenciones. La propuesta busca que las decisiones no dependan exclusivamente de criterios técnicos externos, sino que integren el conocimiento cotidiano de la población.

La continuidad del proyecto constituye otro aspecto de la experiencia brasileña. De acuerdo con los apuntes de la presentación, uno de los grupos de trabajo del barrio se ha encargado de darle seguimiento a la iniciativa. Esta participación permite que la comunidad mantenga un papel en el desarrollo del proyecto más allá de las primeras etapas de planeación y ejecución, y abre la posibilidad de revisar las acciones conforme cambien las necesidades del entorno.

Por su parte, Cynthia López presentó el trabajo de Tijuanita mi ciudad, una colectiva ciudadana que surgió en 2023 y que impulsa iniciativas para recuperar la calle como un espacio de encuentro. Su propuesta parte de la posibilidad de transformar la relación cotidiana con el entorno urbano mediante actividades comunitarias, con especial atención a las infancias y a las condiciones que permiten a las personas convivir en el espacio público.

Bajo la consigna “Recrear y compartir la calle es posible”, la colectiva plantea la vía recreativa como una oportunidad para ampliar los usos de la calle más allá de la circulación vehicular. Estas actividades permiten que las personas caminen, jueguen y compartan el espacio desde otras dinámicas. La propuesta también funciona como un laboratorio de convivencia, en el que la movilización comunitaria y la construcción de acuerdos forman parte del proceso previo a la ocupación del espacio.

En esta experiencia, la organización comienza antes de realizar una actividad en la calle. Escuchar a las personas, reconocer las necesidades de la comunidad y establecer acuerdos son pasos necesarios para construir una iniciativa que responda a su contexto. La colectiva también plantea la importancia de cuidar las condiciones de participación, pues el acceso a las actividades y la posibilidad de involucrarse dependen de factores que van más allá de la existencia de un espacio físico disponible.

La escala de las intervenciones forma parte de esta lógica. A partir de un tramo de aproximadamente 500 metros, la propuesta busca mostrar cómo una calle puede convertirse en un lugar de convivencia mediante acciones comunitarias. La vía recreativa, descrita por Cyntia como “pequeña e itinerante”, permite explorar distintas posibilidades de uso del espacio y acercar la iniciativa a diferentes lugares. La atención a las infancias constituye otro eje de este trabajo, pues sitúa sus experiencias y necesidades en las decisiones sobre el entorno urbano.

La sostenibilidad de estas iniciativas también depende del cuidado de las personas que las hacen posibles. La organización comunitaria requiere tiempo, acuerdos y trabajo colectivo; por ello, mantener una actividad implica reconocer las condiciones de quienes la sostienen y procurar que su participación pueda continuar. En ese sentido, la propuesta de Tijuanita mi ciudad vincula la recuperación de la calle con la creación de relaciones comunitarias y con otras formas de habitar la ciudad. Igualmente, Cyntia expresó que “la resistencia también implica alegría y ternura”, frase que resume una dimensión de esta experiencia: la transformación del espacio público también puede surgir de actividades recreativas, vínculos cotidianos y procesos colectivos.

Las tres experiencias presentadas en el Panel Resistencia Global muestran distintas rutas para abordar los retos de la movilidad peatonal. Aunque sus contextos y escalas son distintos, los proyectos coinciden en reconocer que las decisiones sobre el espacio público deben considerar a las personas que lo recorren y lo habitan. La movilidad peatonal, desde estas experiencias, no se limita a construir infraestructura: también implica generar condiciones para que las comunidades participen en la definición, el uso y la continuidad de los espacios que forman parte de su vida cotidiana.

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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