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Por Michelle Correa / @michelle.correaa (IG)
Por internet me ha salido mucho la idea de la descentralización de los hombres en la vida de las mujeres, específicamente de las mujeres heterosexuales, que creo que, por su atracción sexual, tienden a convertir a los hombres en el centro de todo.
Yo soy una mujer heterosexual que además mantiene una relación monógama, hasta donde es humanamente posible, y nunca me había preguntado realmente si mi vida y mis decisiones son tomadas en torno a ellos.
Debo decir que ahora que hago un trabajo que sí disfruto y que tengo planes y proyectos propios, más allá de mi pareja, disfruto mucho más estar en una relación, precisamente porque tener una vida propia me ha permitido no estar todo el tiempo pendiente de lo que está haciendo el otro.
Entonces, ¿estoy exenta de volverme obsesiva con mi novio? La realidad es que no, pero sí me acerca mucho porque creo que es muy importante la idea de vivir sin pensar todo el tiempo en los hombres y que mi motor de vida no sea gustarles, en caso de no tener pareja.
Para comenzar, quiero explicarte brevemente de qué se trata este fenómeno. Centralizar a los hombres en nuestra vida es colocarlos como la medida de todo: de lo que valemos, de lo que hacemos y de hacia dónde vamos.
Tiene raíz en el androcentrismo, esa visión del mundo que pone al hombre como referencia y deja a la mujer en función de él, y en lo que Marcela Lagarde llama la dependencia vital de las mujeres, que nos enseña que existimos para ser elegidas, cuidadas o completadas por alguien más.
Tiene que ver con una estructura social que nos educa para buscar nuestro sentido afuera, en la mirada y la aprobación de ellos, en lugar de buscarlo en nosotras.
Esta semana me tocó convivir con alrededor de 15 mujeres por el cumpleaños de una amiga, con quien afortunadamente el tema de las parejas y las exparejas no abarca toda nuestra conversación. De mi muestra, solo 3 o 4 tenían pareja y todas son heterosexuales.
La fiesta se desarrolló en la casa de ella y, al ser cercana únicamente a la cumpleañera, y no solo porque lo disfrutara demasiado, me di a la tarea de hacer etnografía. Me di cuenta de que durante las 4 horas que duró la cena el único tema de conversación fueron los hombres.
Incluso me preguntaron: ¿alguna vez has perdido la cordura por un hombre?
Entre chistes y anécdotas de ellas con los hombres, me di cuenta de que ninguna hablaba de su trabajo, sus logros personales, sus sueños u objetivos a futuro. Todo eran temas de relaciones, besos, idas al antro y con quién habían terminado esa noche.
No puedo pregonar que jamás he perdido la cordura por un hombre, aunque mi primera respuesta fue que no. Les pregunté qué significaba eso para ellas y la más cercana a mí me dijo: “pues sí, o sea, que llores por un hombre, por ejemplo”.
Claro que he llorado por la falta de amor de un hombre o por no ser elegida.
El análisis de 4 años me permite entender que, más allá de darle el poder al hombre, se abre una herida de abandono e incluso de rechazo.
Retomando la idea, quise saber más al respecto y escuché sus historias y eso me hizo entender que, para mi fortuna, nunca he caído en la “locura”. Probablemente se deba a que soy una persona que calla demasiado las cosas y mejor las escribe, pero la realidad es que nunca he golpeado ni he estado en una riña verbal con una mujer, en general, y menos por un hombre.
Si bien algunas historias me impresionaron, lo que más me perturbó fue darme cuenta de que los espacios entre amigas están destinados a hablar de hombres.
Les pregunté a algunos de mis amigos y a mi novio, y en sus reuniones exclusivas de hombres, se habla poco de las mujeres; tienden a hablar de trivialidades, juegos o deportes.
Y no es culpa de mis amigas ni de las mujeres: socialmente se nos ha enseñado que el papel de la mujer siempre viene acompañado de un hombre y que en realidad estamos subordinadas a ellos.
Por eso, más que juzgar, lo que pretendo es cuestionarte, para saber si tú también vives pensando en la atención y la aprobación de los hombres. Para esto hay un montón de TikToks, reels y artículos que pueden darte pistas; por mi parte, te daré algunas preguntas que podrías empezar a hacerte:
- ¿Te vistes pensando en cómo te vas a ver para gustarle a los hombres?
- ¿Tienes sueños y aspiraciones más allá de encontrar pareja y casarte?
- Cuando sales con tus amigas, ¿de qué hablan?
- ¿Hablas a menudo de cómo va tu relación?
- ¿Tus amigos hombres te hablan a menudo para que los “terapees”, y más importante tú también te apoyas de ellos, es decir es recíproco?
- ¿Compartes tus experiencias profesionales en los lugares a los que vas?
- ¿Estas tomando tus decisiones pensando en cómo reaccionará o qué pensará un hombre?
- ¿Tu estado de ánimo hoy depende de si recibí un mensaje, una llamada o la aprobación de un hombre?
- ¿Sientes que tu valor personal o tu atractivo disminuyen si no estás en una relación o si no le gustas a alguien?
- ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo únicamente por tu propio placer, sin buscar que nadie lo viera o lo aplaudiera?
Y a todo esto, ¿de qué nos va a servir descentralizar a los hombres de nuestras vidas? Pues hacerlo significa recuperar tu individualidad y darte cuenta de que tú también eres una persona que tiene sueños, proyectos, un trabajo o estudia una carrera, que has logrado ciertas cosas y que también mereces que se te reconozca, empezando por ti.
Es dejar de girar en torno a otra persona y empezar a ser nosotras mismas el punto de partida.
Marcela Lagarde lo nombra con mucha precisión: “colonización amorosa”. En el amor patriarcal, el otro no solo comparte tu vida, sino que se instala en ella: ocupa el cuerpo, los pensamientos, los afectos y los deseos. Ahí se ejerce poder, y donde hay poder, hay dominación. Cuando alguien más coloniza nuestro tiempo y nuestra libertad, nos ausentamos de nuestra propia vida y terminamos como simples espectadoras de lo que nos pasa.
No es una tarea sencilla pero trata de hacer conciencia de las elecciones que haces y si las estas tomando para gustar a un hombre, comienza a restarle importancia en tus conversaciones y pregúntate a ti que te gusta, reconócete y explórate como individua.
Descentralizar a los hombres es volver a mirar hacia adentro y construir una vida desde la libertad, a partir de ti, como persona individual y no como complemento de alguien más.


