Tandeos al tanteo

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Fotografía de portada Diana Morán / @diana.moraan (IG)

Como muchas personas, soy un animal de costumbres. Las rutinas, esas de las que mucha gente prefiere escapar, representan para mí una red de seguridad que me permite tener espacio disponible en la mente para poder pensar en otras cosas sin importancia. Hace varias semanas, tuve que incorporar una nueva tarea a mi rutina de todos los días: subir a la azotea para revisar el nivel del tinaco, porque vivo en Guadalajara, estoy en una de las zonas del pomposamente llamado Sistema de Rotación de Agua Limpia y aunque según este “esquema” me tocan dos cortes a la semana, en realidad parece que más bien significa que sólo vamos a tener agua dos días. Por eso, desde hace varias semanas, hago peripecias para subir a ver el tinaco dos veces al día: por la noche, para ver el nivel; muy de mañana, para ver si cayó algo.

Recuerdo un post que hice hace tiempo, durante la pandemia por covid-19. Se acababa de anunciar el semáforo epidemiológico en función del cual habría de establecerse la rigidez del confinamiento: el verde, que significaba riesgo bajo, implicaba que se podía relajar el encierro; el rojo, que advertía un riesgo alto, significaba que todos debíamos permanecer en casa. Escribí entonces: «La idea del semáforo fue mala desde el principio porque si algo le gusta al mexicano promedio es, precisamente, saltarse el rojo del semáforo». Bueno, pues esa misma sensación tengo ahora con el llamado “Sistema de Rotación” —la de pendajadas que se les ocurren para no escribir tandeo—. Y es que: ¿de verdad alguien pensó que el SIAPA iba a conseguir diseñar, operar y mantener un sistema para ofrecer un servicio que desde hace mucho tiempo el SIAPA ha sido incapaz de diseñar, operar y mantener?

Hasta la mamá del SIAPA sabía que no iba a funcionar. 

Por los reportes que he visto en redes sociales, los tandeos que supuestamente empezaron el 15 de octubre —digo supuestamente porque en muchas colonias nos quedamos sin agua desde varios días antes de esa fecha— han seguido más bien un orden caprichoso: al parecer, en este momento en Guadalajara es más fácil atinarle a la combinación ganadora del Melate que al día que va a haber agua en la colonia. 

Parece que la estrategia de los tandeos es aplicarlos al tanteo. Y apenas va una semana: nos faltan más de cinco meses.

Mientras el SIAPA está dando palos de ciego con su calendario imaginario y presumiendo en sus redes cosas tan absurdas como la planta potabilizadora móvil, la gente salió a marchar otra vez el domingo pasado.

La movilización del 18 de octubre nos permitió ver muchas cosas: una, el hartazgo de la gente, que a pesar de la violenta represión del día 11, otra vez volvió a salir en masa para exigir agua limpia y, de paso, la revocación de mandato para Pablo Lemus; otra, la capacidad de la organización popular para reaccionar ante los grupos de reventadores que, al principio y al final de la movilización, se encargaron de manchar la conversación; también permitió constatar la mezquina estrategia del gobierno del estado para desacreditar la movilización y, finalmente, también permitió ver cómo los corifeos del oficialismo aprovechan la menor provocación para sacar a relucir su rancio chovinismo clasirracista.

Pronto hubo un consenso generalizado para señalar a los grupos de vándalos que salieron a la calle el domingo pasado como enviados del gobierno. No podía ser de otra manera: la complacencia con la que actuaron, los uniformes que les repartieron, la saña ridícula con la que se quedaron ellos solos haciendo destrozos hasta entrada la noche sin que apareciera alguno de los feroces antimotines que vimos una semana antes, fueron evidencia suficiente de que estaban cobijados por la negligente autoridad. Y me anticipo, antes de que brinque el primer “ningún chile les embona”: nadie espera ni pide que se reprima: se espera y se pide que el Estado, sin importar el color de sus hojas membretadas, garantice el derecho a la protesta, no que busque reventarla echando mano de personas precarizadas. 

En lugar de eso, al día siguiente el gobernador salió con un nuevo video, justo como le gustaba a su predecesor, para usar uno de los argumentos que más le gustaban al hoy entrenador de fútbol: “Nosotros no somos así, goe. Es gente de fuera”. Poco le faltó a Lemus para sacar otra vez aquel mal chiste de “los sótanos del poder”. 

Me parece que en lugar de estar reciclando los discursos de Enrique Alfaro, lo que debería hacer Pablo Lemus es llamarlo a rendir cuentas para que explique por qué no hizo lo que tenía que hacer y en qué se gastó el dinero que tenía para hacerlo. Sí, los problemas del abasto de agua y la calidad de la misma son muy anteriores a la administración anterior, pero Alfaro gastó demasiada saliva —y muchos más recursos en videos y pautas publicitarias— para vociferar que él ya había solucionado el abasto de agua. Mucho le ha de deber Lemus a su padrino político, pues ya salió a decir que no es tiempo de voltear atrás.

Pero como todo le sale mal, tampoco es su tiempo de mirar hacia adelante: cuando ya había pulido su propuesta de privatización escondida, apareció Claudia Sheinbaum para anunciar (*Llora en movimientonaranjanananá*) que el gobierno federal va a financiar la construcción del nuevo acueducto, un proyecto que ya había sido descartado, y del cual se burló con sorna, Enrique Alfaro.

Ahora bien, tampoco es tiempo de echar campanas al vuelo: dicen que a río revuelto ganancia de pescadores: el anuncio de la presidenta trajo muchos aplausos que pueden ser vistos como votos, pero hacer la promesa del acueducto no es lo mismo que construirlo. Porque, para seguir con los refranes hídricos, en la coyuntura electoral todo el mundo está jalando agua para su molino, aunque tenga metales pesados.

En fin, que pienso en todo esto mientras me hago a la idea de que, otra vez, debo subir a la azotea para ver qué sorpresa me espera al quitar la tapa del tinaco.

¿Ustedes tienen agua?

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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