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El Edén Orgánico: guardianas de la tierra, las semillas y la vida

El Edén Orgánico: guardianas de la tierra, las semillas y la vida

Mi bisabuela tenía su casa inundada de plantas, mi abuela y mi mamá también; lo que significa que la casa y la vida siempre han estado llena de plantas…siempre hemos estado entre plantas. Por eso siento que lo traemos en la sangre. La mujer fue la que descubrió la agricultura, y yo siento que desde ahí ya venimos, yo me acuerdo que mi abuela hacía fiestas, tenía una pila grande y todo alrededor eran helechos.

La gente la iba a buscar ahí. Y entre esas buscadas del orégano y la hierbabuena, se llevaban el helecho. Y yo me acuerdo que mi abuela hacía fiestas, con ponche, buscaba un grupo de cinco o seis mujeres que le ayudaran a sacar todos los helechos para hacerlos nuevos…y hacían mole y había ponche. Y era una fiesta cada dos años porque iban a cambiar los helechos.

Por Estefanía Hernández Cerpa / Texto y fotografías.

Quien habla -en la introducción- es Maricela, integrante de El Edén Orgánico, una agrupación conformada por ella, Lulis, Celia, Irma, Feli, Sol, Pati, Elvira y Silvia, quienes han trabajado y promovido los huertos urbanos desde hace 14 años, lo cual las ha convertido en la referencia en la agenda agroecológica del Área Metropolitana de Guadalajara y sus alrededores; esto lo han logrado con la realización de composta y la venta de tierra, con la siembra de hortalizas orgánicas y la venta de alimentos a base de la verdura que producen.

La agrupación cuenta con dos huertos, el de Lomas del Paraíso y el de CECATI 56; éstos han sido los espacios donde se configuran nuevos roles, nuevos liderazgos; ahí doña Irma es reconocida, conocedora y libre de cualquier violencia a las que constante es acechada:

Con la siembra no pienso cosas. Cuando estoy allá como que me concentro y, si tengo que pagar esto, tengo que pagar esto otro…ni me acuerdo. Y las mujeres, el ambiente que ando con ellas, eso me gusta. Por ejemplo, el otro día asaltaron a mi hija, en ese día no pasó nada, pero luego a los pocos días vio al fulano que pasó y como llegó con un machetote, dice que pasó con el machete haciéndole así, y se puso malita de los nervios. No quería ir a la calle, ir a surtir, un día ya se empezó a sentir bien, hace poquito -mija, vamos a comprar paletas para la papelería-, hay una aquí en Rancho Nuevo, y se subió al camión y cuando íbamos, está cerquitas, se empezó a sentir mal, le dio miedo subirse al camión. Y hasta ya ahorita, anda ya más o menos, pero le pasó eso. Y eso que fue en el mediodía. Eso acá en el huerto se me olvida.

Ante estas adversidades, el trabajo en el huerto se ha convertido en su actividad favorita: el estar ahí entre ellas, donde además de compartir un lugar seguro, de des estrés y distracción, es un espacio donde dejan de lado los quehaceres del hogar, comparten recetas, entre ellas festejan sus cumpleaños y otras fechas conmemorativas; en El Edén, su edén, ellas son solidarias, amigas y hermanas.

Su entorno: la barranca y otras violencias

La colonia Lomas del Paraíso está ubicada al norte del municipio de Guadalajara y se dividide en tres secciones; es conocida por su alta densidad poblacional y los altos índices de violencia. Es una colonia de difícil acceso, desprovista de transporte público, así como lo refiere Lulis, quien también integra el el colectivo:

Siempre que quiero salir de la colonia es complicado, si tengo que tomar camión le tengo que avisar a mi esposo o hijos para que mejor me pidan un Uber o agarro un taxi, porque en camión casi no me gusta andar, tengo miedo de que me vaya a caer, a veces da unos frenones, ya me he golpeado muy fuerte… sola no ando en camión, solo con mi compañerita Sol, ella me hace fuerte, ella es muy buena para andar por todos lados. Tener una compañera para tus traslados es la única opción acá en Lomas del Paraíso.

Lomas del Paraíso colinda con la Barranca de Huentitán y con la Colonia Rancho Nuevo; las principales actividades económicas del barrio son los negocios familiares como: carnicerías, abarrotes y cremerías. La mayoría de las habitantes de la zona trabajan en el centro de Guadalajara; algunas de ellas trabajan en maquilas donde se les paga 25 pesos el millar de cajas dobladas; otras muchas son sexo servidoras y algunas más son empleadas domésticas; por lo tanto, El Edén Orgánico les brinda seguridad laboral, negada siempre por el entorno hostil en el que se encuentran. Esto, lo podemos constatar con lo relatado por Paty:

A mí lo que me motiva es tener un trabajo, sacar adelante a mi familia, ahorita puedo buscar trabajo en una fábrica, pero eso te trae estresado, te trae que hacer cuentas, que el camión, que córrele. Si de por sí ya tienes tus problemas por la falta de economía, aquí con el aroma de una hierbabuena, de un romero, te levanta el ánimo, y no tener que esperar el camión y estar largas horas en el tráfico. No sería lo mismo también enseñarles a las personas a que se motiven a tener un espacio verde en su casa. Por ejemplo, aquí vienes y te relajas, pero si tienes en tu casa una planta, una hierbabuena, un romero y te levantas y abres tu ventana y sientes el aroma, te hace sentir bien.

Es importante puntualizar el hecho de que la violencia hacia las mujeres en Jalisco es de las más altas a nivel nacional y sus consecuencias no sólo afectan su bienestar, también afecta a sus familias y al entorno inmediato, Así lo documenta la medición del Índice de Desarrollo Humano, que realiza el Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo.

La participación de las mujeres en El Edén Orgánico ha dado pie a modificar las desigualdades en las que están insertas; a partir de ser parte del colectivo han comprendido que su lugar puede transformarse, tal y como lo menciona Celia:

Si me volviera a casar haría responsable a mis hijos, no lo hice porque no sabía; antes creí que toda la responsabilidad es de una y no es así; ahorita caigo en la cuenta de que es de los dos. En el transcurso de la vida aprendes, uno de mujer los hace reyes y pues sabes qué, no, la responsabilidad es de los dos. Ahora también me lo dice una de mis hijas, la grande: -mamá es que ya no es como antes, ahorita ya el hombre ayuda a la mujer en el hogar-, y pues qué bueno que lo vean para que aprendan y los enseñen porque la casa es de los dos.

 Las desigualdades que poco a poco han vencido

Una de las bases de la desigualdad y disparidad social que se vive entre hombres y mujeres, es la falta de reconocimiento en las labores realizadas por las mismas, tanto en la esfera privada como pública: las mujeres fueron propiedad de sus conyugues. La exclusión de las mujeres al salario fue absoluto, por lo que ellas y sus cuerpos se convirtieron en un bien común, su trabajo quedó fuera de las relaciones de mercado, siendo la procreación su principal aportación en las sociedades. Además, son confinadas a la supervisión del hogar. Las labores del hogar que realizan se convierten en un “no trabajo” quitándole cualquier valor ante el mercado.

Maricela ingresó al El Edén cuando estaba en depresión por haber dejado su trabajo. Tuvo que hacerlo que su hijo se la vivía enfermo y el doctor la condicionó:

Ya llega un momento en que el médico me dice: – O deja de trabajar o me deja al niño en el hospital-, cada mes que yo tenía más trabajo, el chiquillo estaba en el hospital, con asma. Me salí de trabajar y nunca cayó al hospital. Yo me dije: “¿tanto matarme en una carrera para irme a mi casa otra vez?”. Yo era feliz haciendo balances… O sea, no, no tanto, así como verme cuidando dos chiquillos, casa, como que no me cabía a mí en la cabeza que yo estuviera hecha para eso.

Maricela era una profesionista que nunca se le reconoció el hecho de ser madre, como a muchas mujeres les ocurre; al respecto, la teórica feminista Nancy Fraser previsa: “la falta de reconocimiento daña la autoestima de las mujeres y distorsiona la imagen que éstas tienen de sí mismas”.

Para Maricela, ser parte de El Edén no ha sido fácil pues combinar la labor dentro del colectivo con sus labores del hogar, le ha generado pleitos y conflictos con su esposo porque en muchas ocasiones: “él llegaba y yo seguía fuera”; sin embargo, ella reconoce que ser parte del colectivo le ha dado esa fortaleza y reconocimiento propio para poco a poco romper con los roles de género que les dicta la sociedad.

Sus logros e inquietudes

El Edén Orgánico es una agrupación, un colectivo, que ha detonado muchos cambios en la vida de las mujeres; ellas al ser parte de “una hermandad” han explorado un mundo que no estaba a su alcance. El huerto, el lugar donde siembran, es el espacio donde se han detonado sus descubrimientos, es a partir de ahí que pueden crear y reconocerse como mujeres autónomas, como lo refiere Feli, una de las mujeres que más tiempo tiene dentro de la agrupación:

No tengo estudio, nada más llegué a tercer año de primaria… antes las mamás así eran, no dejaban estudiar a uno: “que al cabo no es obligación, para que te cases: para qué quieres estudiar, y así”, nos decían. Gracias a El Edén Orgánico supe mantenerme en vida, sin extrañar a mi esposo, sin depender de nadie, sin estar amargada.

Las mujeres de El Edén Orgánico reconocen que el hecho de ser inquietas, -como algunas se autonombran- es lo que las ha llevado a generar una independencia y acción constante y significativa en su vida diaria, así lo expresa Feli:

Fíjate que la salud que tengo es precisamente por eso, eso se lo debo a El Edén Orgánico, lo activa que estoy y lo que consumo, yo todavía me agacho para sembrar, 76 años no es fácil. A pesar de mis años, sigo trabajando, la gente me dices: “a poco trabajas”, sí, si trabajo y muy a gusto que trabajo porque la verdad es que hacer esto es un hobby para mí… tengo mis años y no estoy enferma de nada, no me duele nada. A mí siempre me ha gustado andar de vaga.

Así como la conexión que tienen con la madre tierra: definen el cuidado de las plantas como una conexión a su maternidad y su hecho de ser mujer: siembran semillas y dan vida a nuevas plantas, así lo afirma Celia:

“Las plantas son niños porque ellos necesitan cariño, necesita que le platiquen, haz de cuenta que la planta como que siente que tú estás ahí y que le estás arrimando tierrita”, precisa.

Ellas, han logrado posicionarse como las madres y las abuelas de la agricultura urbana en la Zona Metropolitana de Guadalajara, en su labor diaria transmiten amor y sabiduría por la tierra y el cultivo; un amor que se pasa de generación en generación, tal y como ocurre en la lucha feminista.

Visitarlas en sus casas es como ir a una clase de huertos, explican el sentido de cada planta; para qué sirve la sábila, el apio y cómo preparan la berenjena. Al contar esos relatos y el cómo en su huerto casero mantienen sus hortalizas, ellas vuelven a ser las mujeres que comparten saberes y valores en torno a la tierra. La huerta, es una actividad elegida; por lo que llevan a su hogar ese recordatorio de demanda de sus necesidades: es un cuidado con exigencia femenina.

Para conocer más del trabajo de las mujeres de El Edén Orgánico da click aquí.

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