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Twitter y Facebook, los nuevos coliseos romanos

Twitter y Facebook, los nuevos coliseos romanos

Por Gustavo Lozano /Abogado, maestrante en administración de lo público /@GustavoLozanoMX

Amedi Jalisco/@AmediJalisco

Actualmente, las redes sociales digitales dejaron de ser un lugar pacífico y de intercambio de ideas e información para convertirse en lo que pudiera resultar de la convivencia de perros y gatos dentro de un costal.

Pareciera que al ingresar a estas redes sociales nos adentramos en un coliseo romano, donde cada semana tenemos un tema diferente sobre la arena, el cual dará inicio a una batalla campal de defensa de opiniones, columnas, vídeos, memes, burlas, lágrimas, bilis, enojo y otras emociones no precisamente positivas.

Los gladiadores toman postura y en una mano llevan desenvainado el argumento de ataque y en la otra el de defensa. Entran a Twitter o Facebook y comienzan a lanzar sus opiniones directo a la yugular. Algunos únicamente miran desde la tribuna y regalan bondadosamente sus favs o likes en señal de su apoyo. Todos dicen tener la razón, sin importar si sustentan o no su dicho y aunque en el camino expresen palabras o ideas que pudieran resultar inapropiadas para aderezar sus líneas, se defienden bajo un supuesto ejercicio de Libertad de Expresión.

Cuando alguien señala que tal o cual opinión se excedió en tal derecho, llegan las voces de autoridad (políticos, académicos, opinólogos, estrellas de redes sociales y demás),que al unísono gritan y recriminan (en ocasiones sin sustento)la llegada de la: “censura”, no sin antes escribir algunas líneas sobre nuestra transformación en Venezuela.

Es por ello que vale la pena preguntarnos:

¿cuál es el límite que tenemos al expresar nuestras opiniones e ideas, ya sea en nuestra vida cotidiana o a través de las redes sociales? 

Es cierto que conocer este dato no hará que las luchas en redes sociales cesen y posiblemente, tampoco sirva para que se adecuen los discursos a los estándares legales permitidos, pero al menos conoceremos cuál es la conducta humana en su deber ser o los límites ideales que las leyes han establecido.

Todo inició con el reconocimiento por parte del Estado Mexicano, del derecho que tienen las personas que se encuentren en el territorio, de manifestar libremente sus ideas. Es el artículo 6 de nuestra Constitución Política, el que reconoce lo anterior. 

Sin embargo, expresa la misma Carta Magna, que este derecho a emitir ideas, cuenta con límites, tales como:

no atacar a la moral, a la vida privada (lo que hacemos fuera de la vida pública), a los derechos de terceros, ni expresar ideas que pudieran provocar algún delito, o perturbar el orden público.

Un ejemplo reciente de expresiones que no se encuentran protegidas por la Constitución, y que, por lo tanto, no formarían parte de un ejercicio apegado a lo legal, serían las recientes manifestaciones de una mujer que laboraba como piloto de una aerolínea y que expresó su deseo de que alguien lanzara una bomba al Zócalo de la Ciudad de México y, en consecuencia, se asesinará a miles de mexicanos y mexicanas.

La mujer no dio mayores datos en la imagen que circuló por internet, de sus razones y objetivos; sin embargo, se puede deducir que las mismas estaban relacionadas con política. Aunque algunas personas quisieron defender las expresiones, lo cierto es que la Constitución es clara y en un mundo donde las personas siguiéramos su texto, respetando así el estado de derecho, no deberíamos expresar ese tipo de ideas que traen aparejada por deducción, la provocación de delitos y la perturbación del orden público.

Lo que automáticamente recibió la piloto por sus desafortunados comentarios o broma de mal gusto, fue una reacción en cadena en redes sociales. La arena se abrió con algunas reacciones ácidas e, incluso, similares a los comentarios que ella misma emitió, pero ahora en su contra, creándose una pelea campal entre los gladiadores, unos la atacaban, otros la defendían. Las redes se llenaron de opiniones de todo tipo, originando un clima prácticamente de linchamiento.

Usted pensará que el artículo de la Constitución que limita la libertad de expresión es anacrónico, obsoleto, que es un diamante en bruto que le falta ser pulido o que soy un censor de la inquisición, pero no es así, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ya ha analizado diversos casos relacionados con la Libertad de Expresión y sus límites y ha reafirmado lo que dicta nuestra Carta Magna.

Por un lado, en su interpretación Jurisprudencial número 2003302, la Corte estableció que nuestra Constitución Política:

no reconoce un derecho al insulto o a la injuria gratuita, los cuales se pueden materializar en frases y expresiones ofensivas u oprobiosas, e impertinentes para expresar opiniones o informaciones, según tengan o no relación con lo manifestado.

Con esto queda claro y se reafirma que lo que usualmente se le conoce como insulto, que daña la moral de una persona, no es legal.

Por el otro, la Primera Sala de la Corte, ahora en una Tesis Aislada con número 2003623, determinó que los discursos del odio son aquellos que incitan a la violencia -física, verbal, psicológica, entre otras- contra los ciudadanos en general, o contra determinados grupos caracterizados por rasgos dominantes históricos, sociológicos, étnicos o religiosos. La expresión de estos discursos genera sentimientos sociales de hostilidad contra personas o grupos.

En consecuencia, los discursos del odio se alejan de la libertad de expresar ideas u opiniones y, por el contrario, resultan una acción expresiva finalista que genera un clima de discriminación y violencia hacia las víctimas entre el público receptor, creando espacios de impunidad para las conductas violentas que pudieran ocasionar.

Ya lo hemos visto en Twitter, esos momentos en que al unísono se cubre la red social de expresiones que generan odio o están recubiertas de insultos expresos o tácitos (memes). El verdadero ejercicio de la Libertad de Expresión es aquel en el que nos expresemos sobre el tema que sea, sin necesitar de insultos o promociones innecesarias de odio o violencia, lo cual visto el momento histórico-político que vivimos, el anonimato en redes, los intereses políticos, los dogmas, las emociones y demás cuestiones, parece imposible.

En algún momento nos hemos expresado con odio o injurias, impulsadas por emociones de todo tipo. El reto en nuestra polarizada sociedad es mesurarnos y aprender a debatir con más argumentos y menos vísceras. No debemos engancharnos y dejar que fluyan nuestras emociones desbordadas (aunque nos cueste trabajo), ni tomarnos lo que sucede en redes sociales como algo personal. Siempre pensemos dos veces nuestras opiniones e intentemos sustentarlas debidamente.

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar.” Diógenes el Cínico

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