¿Juventudes vandálicas o vandalizando las juventudes?

Columna MAROMA

Por Lourdes Limón, integrante de Maroma: Observatorio de Niñez y Juventud

Foto: Mario Marlo/ @MarioMarlo

¿Por qué es importante la participación de las y los jóvenes en los movimientos sociales? Cuando se habla de la juventud, específicamente de lo que se lo conoce como adolescencia, se piensa que éstas deben ocuparse de perder el tiempo, divertirse y, por supuesto, estudiar.

Aún a la fecha en nuestra sociedad tapatía pensar las adolescencias en la participación de contextos políticos (que no sean los ejercicios democráticos que llevan los institutos electorales a las escuelas) es motivo de debate, pues se suele decir, por ejemplo, que al dejar decidir a los adolescentes se teme porque estos se tiren a los excesos y pierdan el camino que los adultos hemos trazado como válido, seguro y digno, no sólo para ellos sino, incluso, para el país.

Las niñas, niños y adolescentes como sujetos políticos son incómodos, tal vez, una de las primeras razones es porque de inmediato nos cuestiona respecto a los cuidados que les ofrecemos; esa frase tan conocida e incomoda: ¿… y los papás dónde están?

La semana pasada en Guadalajara ocurrieron dos muestras de cómo las y los jóvenes ponen el cuerpo haciendo frente a dos de las peticiones sociales más importantes de los últimos tiempos; el primero el caso de cuatro chicas arrestadas la madrugada del 1 de junio en el centro de la ciudad por estar poniendo en los muros manifiestos a favor del aborto, el más provocativo la pinta en la catedral que dice: ABORTO.

Días después, las calles de la ciudad fueron tomadas de nuevo con la exigencia del esclarecimiento y justicia por la muerte de Giovani, joven asesinado en Ixtlahuacán, porque a los policías se les pasó la mano.

La respuesta de la sociedad tapatía se dividió, algunos apoyamos y logramos ver que las pintas, toma de calles e, incluso, algunos destrozos van más allá de los juegos políticos de los representantes del gobierno. Porque representan y evidencian luchas, resistencias, rabia, cansancio y la petición de lo que como jóvenes consideran son necesidades para lo más básico, que es vivir.

Otra parte de la sociedad toma estos actos como vandalismo y pide se castigue como tal; llegando a extremos de comentarios que van más allá, pidiendo que a los jóvenes no se sean devueltos con sus familias (que los desaparezcan); apoyando así la violencia que de alguna u otra manera nos atraviesa y nos somete.

Mientras muchos emiten juicios sobre las y los jóvenes, son ellas y ellos los que están saliendo a poner el cuerpo, a sabiendas de que pueden perder la vida en eso; justo porque la vida como la conocemos ya no alcanza para llamarse digna, y los demás miembros de la sociedad hemos olvidado que, como adultos, nos toca acompañar sus luchas, que son las de todos.

PORQUE LA NIÑEZ Y LAS JUVENTUDES SON POLíTICAS

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