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Trabajadores sexuales: visibles para todos, pero sin derechos 

Trabajadores sexuales: visibles para todos, pero sin derechos 

Los trabajadores sexuales en nuestro país están en las calles, en las páginas web y en las aplicaciones, pero no están en la ley, ni en la regulación.   

Esta marginación las y los hace vulnerables a la explotación y las agresiones. 

Por Frida Cruz Valdivia / @fridavaldivia_

Están sentados, tienen las piernas abiertas y dirigen su mirada fijamente a los y las posibles clientas que buscan de sus servicios. Esperan el momento adecuado para hacer contacto con ellos y así tocarse su órgano sexual que indica cuál es su profesión. Podrían pasar desapercibidos, puesto que visten casualmente, pantalones de mezclilla, tenis, playeras o camisetas.

En el centro de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, los trabajadores sexuales pueden encontrarse en el Parque Revolución, en las calles Morelos o Belén, y en la Plaza las Ramblas, a un costado del Museo de las Artes Universidad de Guadalajara MUSA. 

“Existen los servicios por agencia y los que uno suele hacer por fuera. Por agencia el más económico está en 2 mil y el más caro puede llegar hasta los 10 mil pesos por servicio;  afuera el precio que se maneja es de 750 pesos o lo que uno logre convencer al cliente de pagar”, cuenta Alex, un trabajador sexual que tiene dedicándose a este oficio desde hace 10 años.

Ya sea que hagan sus citas “por fuera” o por alguna aplicación como Grindr -en la que se pactan citas entre hombres gays y bisexuales- o página en Internet, los también conocidos como gigolos ya son parte del que se conoce como el oficio más antiguo del mundo, pero aun así, el menos regulado en nuestro país.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud:

“se denomina trabajo sexual a toda actividad sexual llevada a cabo por mujeres, hombres y personas transexuales, adultos y jóvenes, cuyo objetivo sea el de obtener dinero o bienes a cambio del servicio prestado, sea de forma regular u ocasional”.

El concepto de trabajo sexual se creó para reconocer la venta de servicios sexuales como un trabajo remunerado, y sustituir el de prostitución, ya que éste se considera peyorativo y moralista, además de que éstos, tienen el derecho a la organización libre y voluntaria del trabajo sexual; que es diferente de la trata de personas, así se muestra en el documento Las y los trabajadores sexuales y sus Derechos Humanos ante el VIH” de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su edición 2019.

“La verdad, la prostitución no es algo que vaya en aumento, si no que más bien la sociedad tapatía está juzgando cada vez menos está profesión, y pues nos estamos dando a notar aún mucho más, lo digo en la parte masculina”, comenta Alex.

Sin embargo, reconocer el trabajo sexual como un trabajo y reglamentarlo en beneficio de las y los trabajadores sexuales y sus clientes, depende de la modificación de los reglamentos municipales y la elaboración de las políticas públicas para la protección de derechos humanos, cosa que hasta la fecha, sólo ha sucedido en la Ciudad de México. 

El Poder Judicial de la Federación emitió la sentencia 112/ 2013 que reconoce y acredita como trabajadores no asalariados a las y los trabajadores sexuales que laboran en el aquel entonces Distrito Federal, cuando no exista una relación obrero patronal reglamentada en la Ley Federal del Trabajo, incluyendo el derecho a formar sindicatos.

Aun con esta sentencia, la organización Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, Elisa Martínez, A.C, -quien fue parte de la iniciativa de dicho pronunciamiento- calcula que en la Ciudad de México el 70% de los trabajadores sexuales son mujeres, 25% son travestis, transexuales y transgénero, y el 5% restante son hombres que visten como varones sin importar su orientación. Pero de los 70 mil trabajadores sexuales, la asociación estima que, al menos, 18 mil son menores de edad.  

“Pues me imagino que es lo mismo en todos los estados, creo que prostituirse no es legal pero uno pues tiene que comer”, dice Julio, otro trabajador sexual que labora en una agencia, y de la que prefirió no decir su verdadero nombre, desde hace tres años, y en la que los precios por servicio de hombres y mujeres trans van de los 3 mil a los 5 mil pesos.

Trabajo sexual en Guadalajara: ni legal,

ni regulado sólo “tolerado”

“Las zonas de tolerancia son áreas delimitadas, por así decirlo, donde está permitido que las personas se dediquen al trabajo sexual. Si se salen de esa área, por ejemplo en el Parque Morelos, San Juan de Dios, u otras, ya no está tolerado”, afirma un policía municipal de Guadalajara, quien prefirió guardar su nombre en el anonimato.

En las calles Agua Fría y Huerto, así como en las avenidas Las Rosas, 12 de Diciembre y López Mateos de Guadalajara, son algunas de las áreas de tolerancia que se han llamado así no tanto por su legalidad, sino por su historia con el oficio. 

“Pues mira así como que estén específicamente preestablecidas o establecidas por parte del gobierno, no hay ninguna, no está eso de que aquí sí puedes prostituirte [sic] y aquí no”, asegura el policía anónimo.

De acuerdo al Reglamento de Policía y Buen Gobierno de Guadalajara en su Artículo 14, fracción IV, que hace referencia a las faltas a la moral pública y a la convivencia social, se tiene como sanción:

“Demandar en forma ostensible o fehaciente, servicios de carácter sexual en la vía pública. En ningún caso se podrá calificarse esta falta basándose la autoridad en la apariencia, vestimenta o modales de las personas.” (Reforma aprobada en 2018).

El entrevistado platica que no es posible detener a los trabajadores sexuales por el hecho de estar en la calle, ya que deben ser testigo ocular o presencial a la hora de que se hace el trato con el cliente para poder detenerlos hasta por 36 horas.

“Incluso debemos detener a las personas trans, pero ya derechos humanos los protege. Infringen las leyes y reglamentos que tienen los policías, entonces nos tienen como quien dice atados de las manos”, explica el policía, “mientras las autoridades no se amarren los pantalones no se podrá hacer nada, se requiere mano dura para regular o quitar definitivamente la prostitución [sic]”. 

Dedicarse al trabajo sexual no menoscaba en ninguna manera sus derechos; sin embargo, es frecuente que en la práctica autoridades gubernamentales pasen por alto sus derechos “y se les haga víctimas de persecución o de hostigamiento bajo el pretexto de ‘alterar el orden público’, ‘las buenas costumbres’ o ‘la salud pública’”, así se lee en el documento Las y los trabajadores sexuales y sus Derechos Humanos ante el VIH. 

En el Código Penal del estado de Jalisco en su Artículo 135 Capítulo l: Ultrajes a la Moral o a las Buenas Costumbres e Incitación a la Prostitución, que hace referencia a los Delitos Contra la Moral Pública, indica que se impondrán de tres meses a dos años de prisión: III. Al que invite, induzca, promueva, favorezca o facilite a otro a la explotación carnal de su cuerpo; o IV. Al que utilice una persona en espectáculos exhibicionistas y pornográficos. 

“Por ejemplo en el teibol una mujer te cobra 100 pesos, 50 para ella y 50 para la casa, eso se llama explotación”, dice el policía anónimo. Es decir, el trabajo sexual independiente no es ilegal en Jalisco, pero sí se considera una infracción. Cuando se trata de los padrotes, las agencias, casas de citas, entre otras, éstas sí son consideradas ilegales, ya que se dedican a la facilitación de los tratos con los los trabajadores sexuales y sus clientes. 

Asimismo en el Artículo 139 del Capítulo ll: Lenocinio del Código Penal, se considera delito quien I. Explote el cuerpo ajeno por medio del comercio carnal, se mantenga de este comercio u obtenga de él un lucro cualquiera; II. Induzca, promueva, facilite, medie, consiga, entregue o solicite a una persona para que con otra comercie sexualmente con su cuerpo o le facilite los medios para que se entregue a la prostitución; y III. Regentee, administre o sostenga prostíbulos, casas de citas o lugares de concurrencia en donde se explote la prostitución u obtenga cualquier beneficio con sus productos. Y se sancionará de cinco a nueve años de prisión y multa por el importe de quinientos a dos mil días de salario. 

Son trabajadoras sexuales, no prostitutas

ni sexoservidoras 

Faldas, escotes, tacones, ropa ajustada, maquillaje, algunas con el cabello pintado, suelto o agarrado. Sin importar lo que traigan puesto, no deberían de estar expuestas a que les silben, les griten, las observen, las violenten. En las llamadas zonas de tolerancia o fuera de ellas, las trabajadoras sexuales mujeres y mujeres trans deben llamar la atención para atraer a sus clientes.

“¿Qué es ser prostituta? ‘Es la acción de vender los principios y la ética de un valor monetario’ respondimos. Por eso no somos prostitutas. ¿Sexoservidoras? ‘Es estar dispuestas a que el amo nos tome en el momento en que se le antoje. A que nos use y nos tire’. Tampoco somos sexoservidoras. Somos trabajadoras sexuales porque ofrecemos un servicio sexual y recibimos una retribución económica por él. Ejercemos este trabajo desde la libertad.”, escribió Paulina Conde, integrante de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, Elisa Martínez, A.C, citando a las 21 mujeres que narran su historia en el libro Putas, activistas y periodistas.

“No creo que laboremos en las mismas condiciones, lo digo refiriéndome a los que les trabajamos en la calle o por aplicaciones, porque los que trabajamos por agencia casi todas se manejan muy similar y es muy cómodo en todas. Pero los que no, la verdad las trans y las mujeres son las que se exponen más y corren más riesgos que uno como hombre”, indica Alex, y menciona que uno de los riesgos con los que se ha cruzado es tener clientes que se encuentran bajo el efecto de las drogas. 

“¡Claro que no estamos en las mismas condiciones! Las mujeres son mucho más violentadas por los mismos clientes, padrotes o autoridades” comenta Paulina, quien compartió algunas de las páginas del libro donde se encuentran las experiencias de las trabajadoras que buscan exigir respeto, exponer la falta de derechos y la desinformación. 

Los estudios de género han tratado de mostrar cómo es que la experiencia de las mujeres y los hombres es distinta en los distintos espacios de acuerdo al sexo biológico que se les asignó, con ello, se crean estereotipos, atenciones, o actividades esperadas por cada uno y cuando no se cumplen, generan sanciones como la burla, la discriminación y la violencia, así lo ha comprobado Karla Contreras, investigadora en temas de género y cuerpo, de la Universidad de Guadalajara.

“Esto es una estructuración esperada de género como lo es el trabajo sexual. Lo que te estás encontrando es que aun cuando la tarea es estigmatizada o tabú o informal, aun en ese tipo de tareas existen diferencias por género y vemos que los hombres siguen siendo los que ostentan y reciben mayor privilegio y poder en este oficio”, declara.

Aunque ambos estén en las calles, son percibidos de distinta manera. Ellos pueden vestir casuales, ellas deben mostrar su cuerpo. “Seguramente no van a tener a una mujer que los esté vigilando, como se les dice muchas veces un padrote, no van a tener mujeres que les estén cobrando o presionando como es en el caso de las mujeres”, argumenta la investigadora. 

En el documento Un acercamiento a las condiciones laborales de mujeres en México de la organización Hispanics in Philanthropy (HIP) de 2015, se presenta que en una encuesta realizada a un grupo de trabajadoras sexuales en nuestro país, el 70% tienen como máximo grado de estudios la primaria, ya sea terminada o no.

“El nivel de escolaridad les puede o no permitir estar más conscientes de su actividad, poner límites al interactuar con los clientes, obviamente una mujer que no tiene ni la primaria va a tener menos herramientas para defender sus derechos”, expresa Karla Contreras.

Las razones que los orillan a dedicarse al trabajo sexual también pueden ser diferentes, según HIP 2015, 8 de cada 10 trabajadoras son madres y cabezas de familia, por lo que son obligadas a tener un trabajo donde no tienen derechos pero sí la necesidad de alimentar sus hijos. 

Y el sueldo es otra diferencia en las experiencias de ambos, mientras que en las ya mencionadas agencias hay un trato más igualitario, de nuevo en la calle son ellas las que más sienten esta desigualdad, “pues creo que nosotros somos los que ganamos más que las trans o/y mujeres, ellas están en un mínimo por la calle en $250 o $300, eso es depende de lo que llegan a cobrar, y las trans creo que lo mínimo son $500,  en cambio los hombres son $700, $600”, expone Alex.

Ilustración de Isabel Gómez Guizar

El tabú alrededor de las trabajadoras sexuales trans                           

“Pues mira en primera, peligros hay varios, contagiarse con alguna enfermedad, que me golpeen, que me quiten el dinero o podría ser que me quieran matar, no hay que descartarlo porque pues puede pasar”, explica Mónica, una mujer transexual que apenas comienza a ejercer este oficio y cobra mil 200 pesos por sus servicios.

Parte del entorno habitual del trabajo de Mónica –a diferencia de lo que comúnmente ocurre en el caso de las mujeres no trans y de los hombres– son las burlas y las agresiones verbales, el lanzamiento de objetos o las corretizas para molestar o asustar, hasta las palizas colectivas y el asesinato. Los crímenes de odio por homofobia y transfobia son cómplices de la falta de regulación de esta actividad, asegura la revista de derechos humanos Dfensor de 2011.

Estas conductas son manifestaciones del odio de género y social que los agresores  sienten contra las trabajadoras sexuales trans. “Pueden constituir, también, manifestaciones de procesos disfuncionales de identificación erótica y sexual de los agresores, pues no es extraño que los hombres que desprecian y atacan a las personas trans mientras están acompañados, secretamente solicitan sus servicios cuando se hallan solos”, muestra la revista.

“Este espacio se convierte en uno donde la gente puede [los clientes], por así decirlo de manera segura, no reconocerse como homosexuales sin la visibilización o sanción pública”, expresa Karla Contreras, quien además asegura que las clases sociales juegan un papel importante en la seguridad de las trabajadoras: “No es lo mismo hablar de una mujer trans de clase alta que trabaja en una agencia, a otra que trabaja debajo de un puente, los riesgos son muy distintos”.

Mónica se anuncia en páginas de internet y su servicio dura tres horas, el cual incluye un “masaje relajante”.

“Las chicas trans somos como un tabú, hay una gran diferencia con las mujeres, por ejemplo, las chicas trans nos maquillamos, nos vestimos o nos  arreglamos muy exóticas, y las mujeres no cualquiera es así (…) y los hombres es lo que ven y lo que voltean a ver en una chica trans, muy escotada, entaconada. Por eso hoy en día tenemos mucho trabajo y por eso ha ido en aumento”, platica.

En el caso específico de las personas transgénero o transexual, por lo general no deriva –como en el caso de las mujeres no trans– del mantenimiento de una familia, aunque puede que contribuyan al sostenimiento de familiares en sus lugares de origen. “En cambio, el móvil económico es la necesidad y urgencia por sufragar los gastos asociados a su proceso de reasignación sexo-genérica para lograr la concordancia, lo que incluye la adquisición de hormonas e implantes de senos, glúteos y caderas, sin que para ello cuenten con atención médica pública”, dice Dfensor.

“No creo sinceramente que ganen ellos más que las mujeres, porque ellos no invierten como nosotras, o sea pueden ir que al gym o lo que tú quieras, y por ejemplo si se agarran una sugar mommy o un sugar daddy, les pagan todo, les dan todo (…) en cambio nosotras invertimos más en nosotras mismas, como las cirugías, el cambio, ropa, maquillaje… es gastar y mucho”, cuenta.

Estos gastos se reparten en el proceso de reasignación de su cuerpo que resulta indispensable para su bienestar, como a las modificaciones corporales y de apariencia que las vuelvan rápidamente competitivas en la búsqueda de clientes.

La falta de reconocimiento de su trabajo como actividad laboral, hace que las trabajadoras trans no puedan beneficiarse de ningún tipo de previsión o prestación, lo que representa también que si les ocurre algún accidente o agresión en el desempeño de su trabajo, no será reconocido como accidente laboral.

México, sólo después de Brasil, es el segundo país en América Latina más letal contra estas poblaciones según Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C, una organización civil dedicada a la difusión de información y a la defensa de los derechos humanos enfocados en los temas de la diversidad sexual.

El estudio de Letra S está enfocado en transfeminicidio y abarca los seis años del gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018), donde se registraron 473 crímenes de odio, de los cuales sólo 261 eran contra mujeres trans, la mayoría de estas víctimas, trabajadoras sexuales.

“De que ellos [los hombres] tienen más seguridad que nosotras pues obviamente porque pues son hombres ¿no?, son hombres y obviamente se van a defender con quien estén, ya sea hombre o mujer, y si es mujer no creo que tengan tanto obstáculo”, dice Mónica.

Apostar por prácticas sexuales más seguras

En el Boletín de la Detección del VIH en México, el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el sida (CENSIDA), informa que “durante el período de 2013 a octubre de 2018, los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) tuvieron la cifra más elevada de positividad con un 12.5%. La población TTTI (travestí, transgénero, transexual e intersexual) ocuparon el segundo sitio, con 5.3%. Las personas que se inyectan drogas tuvieron positividad del 4.2%, y los hombres y mujeres que realizan trabajo sexual 3.3% y 0.82%, respectivamente”.

“Yo siempre he tenido higiene, uso el condón siempre. Muchos quieren sexo oral sin condón pero cuando yo estoy en algún servicio siempre saco mi condón para sexo oral y penetración, son dos”, platica Mónica.

Al preguntarles a Julio y Alex sobre si sus clientes procuraban usar protección, las respuestas fueron: “No pero lo adecuado sería que sí, siempre se tiene que usar protección”, y “no, la mayoría no quieren usarlo”.

La estigmatización que existe sobre las y los trabajadores sexuales y su estado de salud es parte de la discriminación y falta de derechos que éstos carecen, ya que no tienen un respaldo por parte de las autoridades. En la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, Elisa Martínez, A.C. se creó un documento titulado “Mejores prácticas de salud con trabajadoras sexuales en México”, en el que aseguran que:

“cobrarles a las trabajadoras sexuales trámites de salud, tarjeta de control sanitario o servicios como el Papanicolaou, las pruebas de detección de VIH e ITS, entre otras cosas, representa una privatización encubierta en el sentido que les cobran lo que debe ser un servicio público estatal gratuito”.

Para esta organización, es más eficaz invitar a participar a las y los trabajadores sexuales en la concepción y aplicación de medidas educativas para la prevención del VIH y tener la disponibilidad de condones y la abolición de las leyes contra el trabajo sexual, ya que éstas impiden que quienes se dedican a esa labor apliquen prácticas sexuales más seguras con sus clientes.

En el texto de Vigilancia Epidemiológica de casos de VIH/SIDA en México, se registró un total de 15,653 casos nuevos diagnosticados de VIH y Sida en 2019:

En Jalisco los Casos Notificados de Sida según el Estado de Residencia y Sexo entre los años 1983-2019 fue de 13,895:

Lo que a nivel nacional representa una proporción de casos con respecto al total de 6.6%.

“Ni la legislación penal ni la sanitaria deben considerar como delito la transmisión intencional del VIH, pues eso aleja a las personas de las pruebas de detección, lo que resulta en una detección tardía del VIH, lo cual provoca mayor dificultad en curar las enfermedades oportunistas que atacan a las personas con VIH y mayor mortalidad entre ellas”, afirma el documento de la CNDH expedido en 2019.

Además, las y los trabajadores tienen el derecho a la confidencialidad respecto de su estado de salud (NORMA Oficial Mexicana NOM-010-SSA2-2010, Para la prevención y el control de la infección por Virus de la Inmunodeficiencia Humana numeral 6.4.2.). No se deben aplicar compulsivamente las pruebas de detección de anticuerpos al VIH, y cualquier examen médico al que se sometan deberá hacerse previo consentimiento informado y solo deben entregarse los resultados a la persona que se realice el examen.

Por control sanitario a favor de las y los trabajadores sexuales

La Ley General de Salud (LGS) en su artículo 377, señala que la autoridad sanitaria competente podrá requerir tarjeta de control sanitario a las personas que realicen actividades mediante las cuales se pueda propagar alguna enfermedad transmisible, en los casos y bajo las condiciones que establezcan las disposiciones aplicables, no obstante, no existen normas aplicables que establezcan el control sanitario al trabajo sexual, sino reglamentos municipales como los de salud y de policía y buen gobierno, los cuales suelen criminalizar el trabajo sexual, particularmente si se ofrece en vía pública.

“Para ejercer bajo la agencia en la que estoy sí es necesario un certificado médico y unas pruebas que ellos te hacen o te acompañan a hacerte para ingresar, pero si eres independiente no se necesita nada de eso, solo saber cobrar, tener huevos y anunciarte”, declara Alex.

Paulina Conde, integrante de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, Elisa Martínez, AC, comenta que existen distintos tipos de trabajo sexual, desde los que trabajan en las calles, en plataformas o páginas de internet, hasta las agencias: “Hay zonas de tolerancia en las que se paga cierta cantidad para que se pueda estar trabajando, ya sea a los dueños del lugar o a sus padrotes. En el caso de las agencias no sé cómo se manejen laboralmente”.

El control sanitario se valora en beneficio de los clientes y no de las y los trabajadores sexuales, los cuales, por reglamentos ven negado su derecho constitucional (Artículo 4, párrafo IV, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos) a la protección de la salud, señala el documento Las y los trabajadores sexuales y sus Derechos Humanos ante el VIH.

“Además, el control sanitario ofrece falsas seguridades a los clientes, quienes potencialmente pueden adquirir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) por los períodos de ventana entre el momento de la infección y la detección y pensar que dicho control los protege de las ITS”.

Por otra parte, el documento sostiene que el control sanitario:

  • Suele dejar de lado la educación para la prevención del VIH y otras ITS, la cual es obligación del Estado.
  • Fomenta la irresponsabilidad de los usuarios respecto su salud, al poner la prevención en el trabajador sexual e ignora los riesgos del trabajador(a) sexual de adquirir la infección de los clientes, pues a ellos no se les aplica el control sanitario.
  • No atiende a la clandestinidad a la que tienen que incurrir las y los trabajadores sexuales que no cumplen con los requisitos de las zonas de tolerancia y de control sanitario.
  • Ignora los medios electrónicos de oferta de trabajo sexual, como el internet, donde no hay ningún control.

Los trabajadores sexuales en nuestro país están en las calles, en las páginas web y en las aplicaciones, pero no están en la ley, ni en la regulación. Son visibles para todos pero son ignorados a la hora de ejercer sus derechos. Y dentro del trabajo sexual hay desigualdades, irregularidades e interrogantes.

Cualquiera que sea el motivo por el que decidieron ejercer este oficio, ser respetados y  tener derechos como cualquier otro trabajo son cosas con las que deben lidiar todos los días. 

“Primero porque empecé a relacionarme con chavos que estaban en este mundo del placer a cambio de retribuciones y a los meses yo ya estaba ejerciendo,  después porque pues uno lo hace un estilo o ritmo de vida porque quieras o no es dinero muy fácil, y pues aquí seguimos a la orden y desorden”, concluye Alex.

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