“La lucha antirracista y libertaria en contextos de violencia es una apuesta cotidiana por la paz” 

3 diciembre, 2020

FIL 2020

El Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS), a través de su laboratorio Visiones de Paz, organizó un diálogo para reflexionar sobre las violencias que enfrentan las vidas “no blancas” dentro de las sociedades latinoamericanas, así como sus formas de resistencia, movilización y organización.

En el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, Leyner Palacios, integrante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición de Colombia, junto con Natalia Quiceno, profesora e investigadora del grupo Cultura, violencia y territorio del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, dialogaron en la conferencia “Racismo y resistencia en América Latina.

En el espacio participaron Dolores del Carmen Chinas investigadora de la Universidad de Guadalajara especialista en construcción de paz y Joachim Michael, investigador de la Universidad de Bielefeld de Alemania, ambos miembros del laboratorio Visiones de Paz del CALAS en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal

“Este año el racismo cobró nueva actividad con la violencia policial en Estados Unidos, los diversos casos de brutalidad y violación de derechos llevaron también a movilizaciones en muchas partes del mundo en favor de las vidas negras y en contra de las muchas formas de violencia que sufren desde hace siglos” afirmó Joachim Michael, investigador del Centro de Estudios Avanzados CALAS.

Y es que, reconociendo que hablar de racismo es igual a referirse a “las múltiples aversiones” que sufren las personas afrodescendientes y también quienes forman parte de los pueblos originarios, Joachim Michael, invitó a reflexionar sobre cómo las sociedades en América Latina continúan reproduciendo este “legado nefasto que contribuye al odio”. Desde la invisibilización de poblaciones enteras hasta la violencia ejercida con un objetivo de exterminio.

Leyner Palacios Asprilla, integrante de la Comisión para la Verdad Convivencia y No repetición de Colombia, expresó que, algunas comunidades de su país, Colombia, particularmente donde se encuentran asentadas las poblaciones negras e indígenas, han experimentado procesos de represión, invasión, violencia y, evidentemente, abandono y desprotección del Estado.

“El Estado invade los territorios cuando se trata de comunidades negras e indígenas” afirmó; como si la vida de estas poblaciones importara menos respecto a otras:

“Eso es racismo, porque si usted mira los territorios donde estamos ubicados son los territorio más reprimidos y faltantes de derechos. el Estado no se ha preocupado por invertir. No hay hospitales o insumos básicos por garantizar las necesidades básicas”.

Esto no es nuevo y, aunque sorprende, reconoció que al menos se mantienen mil 500 acuerdos con el gobierno colombiano que buscan materializar derechos humanos para estas comunidades, sin embargo, aún no han sido atendidos.

“Eso es racismo también… ¿por qué en otros asentamientos los niveles de desarrollo y satisfacción de los derechos es mayor?” apuntó.

Para Lyner la violencia es otra forma de representación del racismo. Según relata, desde la experiencia colombiana, el Estado ha permitido durante más de 30 años que los grupos armados se asienten y recluten a las y los habitantes de estas comunidades indígenas y afrodescendientes, al tiempo que, la respuesta a la demanda de ayuda siempre ha sido “más violencia” y “más represión”:   

“La reacción frente a la invasión que se vive en estas poblaciones no es la misma, la respuesta del Estado es con más violencia y es más represión. No hay igualdad de respeto y derechos. No hay una importancia por las vidas negras e indígenas”

Al respecto, advirtió que se calcula que de las 9 millones de víctimas del conflicto armado, el 30% pertenecen o pertenecían a las comunidades negras: “el conflicto armado nos sigue atropellando como personas indígenas y pueblos indígenas” manifestó.

Por ello, como integrante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición de Colombia, anunció que se ha considerado trascendental que, durante la conformación del proceso de paz, se piense sobre los laceros específicos que han experimentado estas poblaciones producto del racismo. De tal manera, que han acordado integrar un capítulo étnico que dé cuenta de las graves afectaciones que viven y vivieron las comunidades negras, e indígenas.

“Para demostrarle al país ese pasado doloroso para hacer que la sociedad reconozca ese dolor y se comprometa como Estado en la garantía de no repetición para nuestras comunidades”.

Natalia Quiceno, profesora e investigadora del grupo Cultura, violencia y territorio del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, contribuyó a la reflexión con los aportes de Lelia González, pionera de los estudios de racismo, temas de clase y género. Según expresó la investigadora, la autora reconoce en sus textos que “una de las particulares del racismo en América Latina es su negación” ya que, bajo la noción de que “somos pueblos mestizos” se “ha creado una ideología de que todos somos iguales”, sin embargo, no es así.

A esta investigadora de la Universidad de Antioquia, le pareció además fundamental rescatar que los impactos del racismo son diferenciados, es decir, “no se vive de la misma manera en todos los cuerpos”, por ejemplo, no lo experimentan igual hombres, mujeres, niñas y niños, incluso, no es igual entre naciones de la región.

“El racismo no se vive de la misma manera en todos los cuerpos, tenemos un gran reto en América Latina para comprender esto”, no sólo socialmente, sino dentro de la academia, señaló; incluso ahí, las y los investigadores podrían caer en “prácticas racistas, de ocultamiento y de la deshumanización del dolor del otro”.

A ello, agregó, se suma el “genocidio estadístico”, donde, como “evidencia de ese racismo”, el Estado a través de sus cifras oficiales “niega la existencia del otro”, pero, además, toda aquella posibilidad de garantizarle la protección de sus derechos. En ese sentido, Lyner señaló que “no ha habido un censo (en Colombia) que nos contabilice correctamente”. En este caso, advirtió que el Estado ha preferido nombrarles como campesinos que como afrodescendientes:

“Hay discriminación en la forma que nos cuentan, en las preguntas que se nos plantean para hacer visible nuestra realidad”, manifestó.

Sin embargo, para finalizar, Natalia consideró que como parte importante de las luchas antirracistas se encuentra la reciente posibilidad de que Colombia pueda tener una mujer afrodescendiente en la presidencia. Se trata de Francia Márquez defensora de los derechos ambientales y lideresa de la Provincia del Norte del Cabo:

“Pensar eso como un posible, como un sueño, como una oportunidad, sería una paso muy importante para entender estas luchas antirracistas en América Latina”.

Y es que, Francia ha puesto sobre la mesa cómo es que esta lucha antirracista, esta lucha libertaria es posible en contextos donde, si bien, la violencia amenaza constantemente, se apuesta cotidianamente por la paz.

Así es “como la muñeca negra anda caminando por el mundo” para decirles que los hombres y las mujeres negras existimos “para auto reconocernos para que los demás nos reconozcan” concluyó Lyner.

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Escucha la conferencia completa:

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Dalia Souza

Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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