La resistencia cultural

Ballenato Comunidad

Por Athaly Talavera / @Ballenato_C

Indudablemente la pandemia nos ha dejado una grieta muy grande como individuos y a nuestros proyectos, a nuestras formas de relacionarnos modificando la forma en la que vemos el mundo externo. No es novedad el decir que nuestro hogar se convirtió en nuestra oficina, gimnasio, salón de clases, de convivencia virtual y descanso y que, por ello, hemos tenido que encontrar nuevas maneras de salir adelante de forma creativa, algunas de ellas divertidas, otras agobiantes y casi a la fuerza.

Con el paso de las semanas hemos aflojado y casi tirado la toalla. Nosotres les jóvenes somos las y los que no hemos podido, hemos salido a la calle, nos hemos descuidado poniendo en riesgo la vida del otre. Sin embargo, rescato y admiro mucho también la forma en la que nos hemos reinventado generando una red de apoyo e intercambio de experiencias mediante nuestros proyectos haciendo más amena la estancia en estos días de cuarentena.

He visto a artistas independientes y diversos agentes del sector cultural tratando de cambiar de fórmulas, de conectar con su público y de fomentar nuevas dinámicas para salir adelante tratando de mantener a flote sus ingresos. Eso es admirable, el convertir la pasión en trabajo aún con el miedo y la incertidumbre del porvenir, haciendo pie para compartir lo que ven y sienten.

Hace poco leí un libro donde García Canclini citaba a un autor que decía que estos artistas independientes son agentes de “resistencia cultural” porque rompen con las estéticas oficiales y porque a pesar de las restricciones presupuestales y las inercias que “hacen agonizar” los modos de hacer cultura y negocios, se han convertido en jóvenes emprendedores que han sabido abrir su camino a los distintos procesos y han podido compartirlo.

Muchas veces se les ha criticado porque la forma en la que generan proyectos es de corta duración y además efímero, brincando de una colaboración a otra pero bueno, si algo hemos aprendido en estos meses de pandemia es que no podemos planear a largo plazo. Por lo tanto, qué mejor que construir cada vez más vínculos para generar más autoempleos en redes preexistentes.

Streamings, reuniones por zoom, twitch, Instragram live, entre otros, han sido herramientas indispensables para poder lograrlo. Y aunque se extrañe el calor humano, hemos podido mirar al otre mediante las pantallas y apreciarlo. ¿Estábamos preparades para ello?

Creo que no en su totalidad, pero reconocer lo que tenemos ya en nuestras manos para poder transformar todo aquello que orbite por nuestros pensamientos y compartirlo con el mundo externo, así como lo que podemos tener al alcance para hacer de nuestras emociones algo más tangible lo hace más llevadero; si como individuos, pero también como una invitación a no olvidar la importancia del trabajo colectivo, de formar comunidad para compartir los procesos y conocimientos adquiridos. Y esa es la magia del arte, el lograr tocar a quien queremos tocar pero a la distancia, ser cada vez más.

La colaboración entre distintos colectivos y artistas ha sido el reflejo de una de las enseñanzas de esta pandemia: no somos sin el otre. Un ejemplo fue en agosto del año pasado donde el colectivo feminista La Ola Púrpura tuvo su segunda edición de “Musas creadoras” en donde tuve la oportunidad de estar detrás de la gestión, la cual es una serie de actividades que vienen desde talleres, conversatorios, exposición de arte y un concierto, todo desde las plataformas digitales, donde participaron desde artistas emergentes de Guadalajara hasta artistas más consolidados en Ciudad de México e, incluso de España.

Ahí pude observar con claridad que todos podemos estar al alcance de todos creando sinergias y que perderle el miedo a conectar fuera de nuestras fronteras es un trabajo que nos puede llegar a vincularnos de una forma más resiliente mediante la cultura.

Por lo tanto, si creo que los artistas resistimos. Pero los artistas resistimos porque lo hacemos juntos y porque como diría Enrique Pichón: “en tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos donde planificar la esperanza junto a otros”.

Y si, a veces queremos desistir porque esto todavía no acaba y porque hemos visto cómo lugares de encuentros amados por nosotres como Rendez Vous, Casa Territorio, Casa Musa, entre otros, han tenido que cerrar sus puertas. Pero ahí es cuando pienso en la frase que dice mi padre en mis días más agobiantes: sólo por hoy. Para que entre las sumas de esos: “hoy”, tengamos la seguridad o, al menos, la esperanza de que esta amargura y lo que estamos construyendo ahora, nos pueda hacer más dulce el porvenir.

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Referencia: García Canclini, N. Cruces ,F. Urteaga Castro Pozo, M. (2012). Jóvenes, culturas urbanas y redes digitales. México: Fundación Telefónica.

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