“Visiones de paz” para entender las desigualdades sociales, las crisis ambientales y las identidades regionales en América Latina

¿Qué relación/relaciones guardan las visiones de violencia y paz con las desigualdades sociales, las crisis ambientales y las identidades regionales en América Latina?

En el cierre de las mesas de diálogo del “Congreso Internacional: Procesos de transición entre violencia y paz en América Latina”, integrantes de los distintos laboratorios de conocimiento del Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS), presentaron algunas de sus propuestas alrededor de las cuatro líneas de investigación que este centro de estudios se ha propuesto analizar en la región.

Después de hacer una revisión sobre las transiciones entre violencia y paz en América Latina en los dos últimos años, aún queda pendiente, reflexionar sobre lo que las y los investigadores han considerado son los viejos y nuevos desafíos de la humanidad: desigualdades y las perspectivas sobre la riqueza y el poder; la legitimación de ciertas identidades regionales; y las crisis ambientales en el Antropoceno.

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal

Como una apuesta para continuar reflexionando sobre las realidades que atraviesa América Latina, desde el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS), han surgido nuevas miradas académicas para comprender los desafíos que enfrentan las sociedades en esta región a través del tiempo.

Con estas y otras preocupaciones, las y los investigadores del CALAS, en distintas latitudes del continente americano y europeo, han considerado necesario abordar temáticas como: las desigualdades en América Latina y las perspectivas sobre la riqueza y poder; las identidades regionales en múltiples escenarios de crisis; y las crisis ambientales en la era del Antropoceno.

Pero ¿cómo estos ejes temáticos están atravesados por los conceptos de violencia y paz? E incluso, ¿qué relación o relaciones guardan las visiones de violencia y paz con las desigualdades sociales, las crisis ambientales y las identidades regionales en América Latina?

“Confrontando las desigualdades en América Latina: perspectivas sobre riqueza y poder”.

Valeria Coronel Directora del Laboratorio “Confrontando las desigualdades en América Latina: perspectivas sobre riqueza y poder” del CALAS, reconoce que para comprender de manera más amplia estas relaciones, resulta necesario abordar el problema de las desigualdades sociales desde la relación existente entre los actos de posesión, extracción y/o subalternización que se producen en torno a la formación de la riqueza y los grupos élite, y sus implicaciones en la formación de los “sujetos desposeídos” como “mecanismos de desposesión que permiten una acumulación”.

Más allá de enfocarse en el estudio del “sujeto de la pobrecía” o el sujeto de la pobreza, explicó Coronel, en este laboratorio, han decidido pensar el tema de la desigualdad como “una dialéctica entre la producción de una acumulación desde la élite, incluso, corporaciones transnacionales y todos los demás estratos de la desigualdad en el ámbito de la desposesión”.

En el caso de la región, advierte que América Latina resulta ser un ejemplo para poner en marcha este análisis, pues es “uno de los continentes más desiguales del planeta”, particularmente, en el contexto de la crisis sanitaria por la pandemia de la COVID-19, que ha “marcado una tendencia” hacia una mayor desigualdad.

Resulta contrastante, señala la investigadora, pues, si bien, es uno de los más desiguales, también es uno de los continentes donde en medio de políticas transnacionales justificadas bajo el neoliberalismo, el control de la propiedad y economías políticas oligárquicas, “hay una disputa desde la sociedad y desde ciertos proyectos estatales para mitigar estos proyectos neoliberales”.

Y es que, aquí es donde se establece una relación más clara entre los contextos de desigualdad, violencia y paz, propone Coronel.

Como lo han reconocido las y los investigadores del Laboratorio Visiones de Paz, “no toda conflictividad es equiparable a una violencia desconstituyente”; es decir, explica Coronel, una “violencia instituyente” sería aquella donde existe una “demostración de la fuerza del poder popular” como ejercicio de “la retórica de la soberanía”. Esta se ha hecho presente en las calles durante el pasado a través de la llamada “revolución” y hoy vuelve a aparecer en la acción colectiva de las movilizaciones sindicales, nacional populares, indígenas, feministas.

Si bien, no puede dejar de nombrase violencia, estas formas “producen el llamado de atención a recordar y a reconocer que el sujeto de la soberanía es esto, lo común, lo popular, los actores que no están incluidos dentro del consenso de la dominación”.

Señala que esta retorica se reactiva en América Latina y aunque expresa su poder de forma violenta, “no es un poder que desconstituye lo democrático, sino que instituye ciclos democráticos, ciclos de inclusión”. A este “nivel de conflictividad y violencia” señala Coronel, se le reconoce como virtuosa, pues “intenta y produce institucionalizaciones, sobre todo justicia”

De esta manera, frente a los regímenes de acumulación, el despliegue de esta “conflictividad virtuosa” es “instituyente de lo democrático y forjadora de menos desigualdad”.

Sin embargo, aclaró Corone, no puede considerarse paz, “hasta que no instituye paz”.

Al respecto, Christine Hatzky de la Coordinación Científica del Laboratorio Visiones de Paz, aseguró que entre los viejos desafíos de la humanidad se encuentra el “cómo crear igualdad o un equilibrio social”, pero, además, “cómo encausar la violencia que amenaza la vida y sobre todo a los grupos más débiles de una sociedad”.

Por ello, reflexionando sobre las ideas de la conflictividad virtuosa en los contextos de acumulación, consideró que, para transitar hacia una paz posible, es necesario “crear conceptos de una vida en comunidad”. Y es que, frente a la imposibilidad de cambiar el sistema de distribución hasta ahora construido, resulta vital “buscar una nueva sociabilidad” que contenga “solidaridad” para superar la desigualdad.

Asimismo, consideró necesario “crear una nueva ética para que los que tienen demasiado se descalifiquen ante los ojos del público”.

“Identidades regionales en múltiples crisis”

José Garriga Zucal, miembro del Laboratorio “Identidades regionales en múltiples crisis”, compartió con los presentes a la mesa las posibles vías de reflexión en torno a las nociones de paz y violencia y las cuestiones identitarias.

Para el investigador, es importante identificar quién define las violencias y, a partir de ello, entender qué es la violencia.

Y es que, advirtió que la violencia no tiene una definición taxativa, por lo tanto, es un campo de disputa. Además, es socialmente construida y cambia a través del espacio y el tiempo: “lo que hoy se define como violencia en las sociedades es muy diferente a lo que se definió como violencia en otras sociedades”.

Por otro lado, para atender a estas interrogantes, afirmó que es necesario preguntarse sobre “el poder que tienen ciertos actores sociales para imponer determinadas definiciones”. En ese sentido, tiene que considerarse que “el poder de definir está desigualmente distribuido”. En este caso, son ciertos actores, comúnmente ligados a las élites o a los medios de comunicación, quienes deciden qué es violencia y qué no es violencia en un momento determinado dentro de una sociedad.

Finalmente, para comprender quién define las violencias, es importante cuestionarse sobre la noción de legitimidad, puesto que, la violencia es como un campo de batalla, donde ésta “se organiza en función de lo que se define como legítimo” en una sociedad; aunque eso no tenga que ver con la legalidad, ciertamente tiene determinadas implicaciones:

“En nuestras sociedades existen diferentes legitimidades sociales y muchas de esas están en conexión con lo legal”.

Con esta idea, puede advertirse que, “dado que la violencia es negativizada, nada ni nadie desea ser definido como violento”. Aquí el elemento nodal para entender las relaciones entre identidad y violencias: “la lucha en la batalla por la legitimidad es una lucha por la construcción de representaciones legitimas y de deslegitimar otras representaciones” señala Garriga Zucal.

En ese sentido y desde la experiencia en el trabajo con barras bravas y las corporaciones policiacas, el investigador explica que, aunque estos no se reconocen como violentos, -porque para ellos sus prácticas son positivas- “la positividad de esas prácticas era construida en el mundo de las relaciones sociales que legitimaban sus acciones”, aunque en el resto de la sociedad eran consideradas como deslegitimas.

“Cuando nos preguntamos por la relación entre violencia e identidad, pensar la legitimidad es un punto central, porque la pregunta por el quien nos lleva a pensar qué no se define como violencia”.

Esto lleva a pensar al investigador: “¿por qué la desigualdad no se define como violencia, por qué la pobreza no se define como violencia, por qué estos grandes temas sociales no se definen como tal en la sociedad?”.

“Dar cuenta que en nuestra sociedad cada vez es más legitima en los últimos años. Se ha construido en nuestra sociedad una atmósfera política que ya no pone en el foco la igualdad, sino que por el contrario fomenta las diferencias radicales. Se fomenta y legitima la concepción de los otros, de la otredad como algo radicalmente diferente, se opacan todas las similitudes y se presenta al otro como alguien tan diferente que se puede borrar incluso, todo rasgo de humanidad”.

En ese sentido, no dudó en advertir que en medio de la construcción de las otredades deslegitimas y legitimas, siempre se apunta con más fuerza a las poblaciones vulnerables “haciéndolas responsables de su vulnerabilidad, y construyéndolas como peligrosas para el resto de la sociedad”. De esta forma “el otro vulnerable resulta otro peligroso que por la desidia se merece las condiciones en las que vive”.

“Se legitiman una serie de violencias que no son definidas como violencias y que caen sobre estas poblaciones vulnerables: las violencias ambientales, alimentarias, las violencias inmobiliarias, antes eran más ilegitimas y combatidas. Ahora, lentamente se han vuelto más legitimas y más aceptadas, el concepto social de combatir la desigualdad, consenso siempre frágil, el concepto para pensar argentina y Latinoamérica en este momento parece más roto.

Frente a estas realidades, Werner Mackenbach de la Coordinación Científica del Laboratorio Visiones de Paz, consideró como un reto urgente, “darle un giro necesario” a la búsqueda eterna del concepto de la identidad o las identidades, con el objetivo de “superar un concepto encerrado y excluyente de identidad”.

Y es que, en su opinión “lo que resulta necesario es incentivar más trabajos que buscan formas de convivencia más incluyentes y menos violentas”, que reconozcan las nuevas formas posibles de cohesión social y cultural en medio sociedades cada vez más diversas.

“Afrontar las crisis ambientales en el Antropoceno”.

Nadine Pollvogt, integrante del Laboratorio “Afrontar las crisis ambientales”, compartió que en la tarea de analizar cómo afrontar las crisis socioambientales en América Latina, así como, las formas en las que se manifiestan a lo largo del continente, es necesario observar sus dimensiones geográficas e históricas, sus impactos desiguales en términos económicos, de desarrollo, de derechos mínimos básicos e, incluso, simbólicos. En este caso “sobre el acceso o el no acceso a esa riqueza en bienes naturales, el acceso a la tierra, el despojo de los mismos, por la contaminación, por la degradación ecosistémica” causadas por los procesos extractivistas o de disposición final.

El abordaje sobre la noción del Antropoceno, un concepto que surgió hace poco más de 20 años

desde las geociencias y ciencias naturales, explicó Pollvogt, ha sido utilizado para “denominar una nueva era ecológica y geológica para poder nombra al impacto que tienen las acciones humanas sobre la biosfera y geosfera de nuestro planeta”.

Sin embargo, ha sido muy criticado por las ciencias sociales y humanidades por obviar las otras dimensiones sociales, económicas, coloniales y políticas que conlleva este “anthropos alrededor del cual gira este análisis”, afirmó Pollvogt.

Por lo tanto, este laboratorio que arrancará durante el 2022, “abraza” otra serie de conceptos afines al concepto: “el capitaloceno, el tecnoceno, urbanoceno, que enfocan las diversidades y las desigualdades en las sociedades humanas o los regímenes de acumulación” afirmó la investigadora.

Por lo tanto, guiándose “por los límites planetarios elaborados por las ciencias del sistema tierra que tratan de medir y cuantificar los impactos de la actividad humana y la gravedad de las crisis ambientales que constituyen este Antropoceno”, el laboratorio retomará debates importantes para América Latina sobre las temáticas de: minería, energía, biodiversidad, uso de suelo, el agua, el cambio climático, la demografía y urbanización.

Para esta investigadora, los vínculos de estas temáticas con los conceptos de desigualdad, identidades, violencia y paz son claros; “todo lo que hemos compartido tiene una dimensión ambiental” afirmó. Hay epistemicidios, -la destrucción de saberes propios de los pueblos-; ecocidios y terricidio -que nombran la violencia hacia los ecosistemas o el territorio-; incluso, el racismo ambiental.

Y es que, afirma, “los sistemas y actores que ejercen la violencia son los mismos”.

Muestra de ello es “la degradación y la violencia hacia los ecosistemas y sus partes vitales”, señaló e hizo referencia al contexto de inseguridad que enfrentan defensoras y defensores en América Latina, donde, aseguró “se ha vuelto una de las actividades que más ponen en riesgo a la vida humana”. De acuerdo con la investigadora, hasta 2019 se contaba con un registro de al menos 150 personas defensoras asesinadas, aunque no dudó en advertir que podrían ser más.

Para el caso de la región, manifestó que “Brasil, Colombia y México comparten la triste fama de ser de los países más peligrosos para el activismo ambiental y la defensa de los derechos humanos”. Sin embargo, sentenció que los asesinatos “sólo son la punta más visible del iceberg de una violencia multidimensional y multiescalar en disputa”.

No obstante, en el reconocimiento de la simultaneidad de las transiciones de violencia y paz, aun guarda una opinión optimista sobre los escenarios “tan desalentadores que vivimos”, pues afirma que, “América Latina sigue siendo un lugar de mucha esperanza” por cada una de las iniciativas sociales que siguen promoviendo e incentivando cambios estructurales para el bien común:

“Para mí América Latina sigue siendo un lugar de mucha esperanza porque encontramos tantas iniciativas a nivel institucional, pero sobre todo a nivel de la sociedad civil que promueven esas visiones de paz, que tejen o protegen otras formas de relacionarnos con nosotros mismos, con el mundo y que nos dan un ejemplo vivo de cómo entablar relaciones menos violentas, más respetuosas, más empáticas, más incluyentes”.

En el siguiente enlace podrá acceder a las grabaciones de cada una de las mesas de diálogo que se desarrollaron en el marco del “Congreso Internacional: Procesos de transición entre violencia y paz en América Latina”. También lo podrá hacer a ellas a través de la página de Facebook del CALAS en la sección de videos y transmisiones en vivo.

Si se quiere profundizar en los hallazgos de cada investigador e investigadora podrá acceder a la videoteca de la página web del CALAS donde periodistas del medio ZonaDocs, conversaron con cada una y uno sobre sus proyectos.

 

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Dalia Souza
Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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