Atrapados en el multiverso

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @TurcoViejo

El joven Peter Parker se encuentra en una situación desesperada: antes de morir, el impredecible y traicionero Mysterio reveló a los medios de comunicación el secreto mejor guardado de Nueva York: Parker es Spider-Man. Como era de esperarse, J. Jonah Jameson ha aprovechado la oportunidad para hacer leña del árbol caído y posicionar al arácnido como enemigo público número uno porque, además, se le acusa del asesinato de Mysterio.

Decía, pues, que Peter está desesperado y, como corresponde a una situación como ésta, toma una medida desesperada: acude con el Dr. Strange para pedirle que, haciendo uso de su poder para manipular el tiempo, haga que todo el mundo se olvide de su doble identidad. Pero, ya se sabe, Peter es un parlanchín sin remedio y no para de hablar mientras Strange hace su coreografía al ritmo de “Abracadabra, patas de cabra”, lo que provoca una explosión que abre la puerta del multiverso.

¿Qué pasa cuando se abre el multiverso? Cosas muy extrañas:

En primer lugar, el gobernador de Jalisco moviliza las fuerzas de seguridad para defender los intereses de una constructora inmobiliaria que se dice víctima de un despojo. ¿Quiénes son los malvados despojadores? Un grupo de estudiantes y vecinos que se han expropiado un parque que le ha sido arrebatado al municipio. Mientras en las calles campea la delincuencia y los asaltos se multiplican, las autoridades deciden montar un operativo con antimotines y camionetas blindadas para resguardar un terreno que los ciudadanos reclaman como suyo. Y aunque lo niegue, tiene toda la pinta de venganza contra la UdeG, cuyos estudiantes encabezan la protesta.

Pero eso no es todo, pues la realidad está verdaderamente afectada. Un día una mujer disfrazada de enfermera entra a las instalaciones del hospital de Zoquipan y, como Pedra por su casa, se lleva a una recién nacida. La imagen captada por el circuito cerrado del hospital se vuelve viral. En cambio, las imágenes de las cámaras del mentado Escudo Urbano, el adorno más caro del área metropolitana de Guadalajara, brillan por su ausencia. Vamos, que resultó más útil la camarita de una taquería. El Doctor Alfaroctopus se lamenta de la maldad humana mientras el C5 demuestra otra vez su inutilidad, como el día de la balacera en Los Otates y como tantas otras veces. Un día después la niña aparece luego de ser abandonada y el Doctor Alfaroctopus se congratula del actuar de las corporaciones policiacas, cuyo mayor mérito en esta ocasión fue, al parecer, no estorbar.

Las alteraciones provocadas por Spidey al conjuro de Strange alcanzan niveles inimaginables. Mientras en la Nueva Jaliscia se celebra la aparición de una bebé —una gran noticia por donde se vea— y se lamenta la desaparición e inacción de las autoridades ante miles de otras desapariciones, en Ciudad Capital se anuncia que Olga Sánchez Cordero deja la Secretaría de Gobernación para irse al Senado de la República.

Con el cambio se termina de concretar algo que ya se sabía: el nombramiento de la exministra fue un mero adorno, ardid publicitario de campaña, pues en realidad nunca se le dejó figurar y quedó relegada a un tercer o cuarto o quinto o N plano. Eso que se vendió como un gran avance democrático y un paso gigante en el tema de la equidad, quedó reducido a mero espejismo. Aquellos que aun incrédulos votaron por López Obrador sólo porque prometía un gabinete espectacular, ven cómo éste se ha venido derrumbando mientras los huecos se llenan por aplaudidores y alcahuetes del prócer de Macuspana.

Con el mundo puesto de cabeza, un día los medios se llenan de imágenes de Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores, saca descargas eléctricas recibiendo mujeres afganas que huyen del régimen talibán. Al día siguiente, los medios se llenan de imágenes del magnánimo canciller recibiendo a periodistas exiliados que también huyen del terror afgano.

Mientras Electromarcelo se llena de aplausos, miles de mujeres centroamericanas sufren en la frontera sur retenidas por las autoridades migratorias o toman la píldora anticonceptiva porque van a pasar por México y saben que eso sólo significa violación. Al tiempo que el país se consagra como refugio de periodistas, los reporteros nacionales siguen siendo asesinados y los medios exhibidos, atacados y vilipendiados en esa ceremonia del ego llamada “la Mañanera” presidida por el mismísimo Duende Peje.

¿Podrá Spider-Man detener los ataques represivos del malvado Doctor Alfaroctopus? ¿El Dr. Strange encontrará un conjuro para explicar por qué la mujer que ya había intentado robarse a un recién nacido días antes salió impune del primer intento, fallido, y del segundo que casi consuma? ¿Serán capaces el Trepa Muros y el Hechicero Supremo de quitarle la máscara de la hipocresía a Electromarcelo? ¿Lograrán callar las socarronas carcajadas del Duende Peje? ¡No se pierdan Spider-Man: No Güey Jom!

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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