Mayo: “Ni en casa estamos seguros: La desaparición y muerte de los hermanos González Moreno”

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Mayo

Por Mariana Mora / Territorio

Ese viernes, José y Ana hablaron por mensajes por última vez. Ambos estaban haciendo tarea; él para su clase de inglés que tendría al día siguiente, ella para la universidad. José la llamó, pero Ana estaba en otra llamada y no pudo responder. Cuando le quiso llamar de regreso, el teléfono de José ya estaba apagado. No se preocupó porque sabía que el celular de su novio estaba fallando. En ese momento, un grupo de ocho hombres armados irrumpió en la casa de la familia González Moreno en la colonia San Andrés en Guadalajara, y se llevó a José Alberto y sus hermanos Ana Karen y Luis Ángel. Era 7 de mayo de 2021.

Ana Torres conoció a José en 2016 en la orquesta de cámara de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde él tocaba el violonchelo desde 2014 y, posteriormente, ella el piano. Primero fueron amigos y en enero de 2019 se hicieron pareja. Compartían el amor por la música y una relación muy cercana. “Éramos uña y mugre”, describe Ana. Por eso, cuando desapareció junto con sus hermanos, Ana accionó de inmediato en su búsqueda.

Esa noche, un primo de los hermanos y testigo de su desaparición, fue a poner la denuncia a la Fiscalía del estado. Al día siguiente, Ana y la madre de los jóvenes acudieron a la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas del Estado de Jalisco para reportarla en esa institución. A partir de ahí, un colectivo de familiares de personas desaparecidas las contactó para invitarlas a la manifestación que se llevaría a cabo el domingo 9 de mayo, en el marco del día de las madres y aconsejarles que difundieran el cartel de sus seres queridos. Las autoridades les habían dicho que hacer público el caso “entorpecería la investigación”, pero los colectivos de buscadoras saben que las primeras horas son cruciales.

El conocimiento de estos colectivos en Jalisco nace de la tortuosa experiencia de buscar personas desaparecidas en el estado con más casos del país. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, hasta el 29 de octubre de 2021, en la entidad faltaban 14 mil 566 personas. La mayoría de ellas son jóvenes, como Karen, José y Luis, quienes tenían 24, 29 y 32 años, respectivamente, la noche que se los llevaron. Del total de personas desaparecidas en Jalisco, el 69.24% son menores de 35 años.

Cuando el cartel de búsqueda de los hermanos González Moreno comenzó a circular, no tardó en llegar a Eva Ríos que había sido amiga, maestra y compañera de José en la orquesta. Sintió frío, incredulidad, ganas de llorar. Pensó en la posibilidad de que no los encontraran y le aterró. Contactó a Ana y supo que las amistades de Karen, José y Luis acudirían a la manifestación del día siguiente. Se encontraron temprano el domingo, hicieron carteles y marcharon. “Dijimos consignas mientras marchábamos con un nudo atorado en la garganta y sus fotos colgadas en el pecho”, recuerda Eva.

El domingo Ana todavía se sentía optimista. A pesar de que, estando rodeada de personas que llevaban años buscando familiares pensó en la posibilidad de que ella y su suegra pasaran por lo mismo, confiaba en que los encontrarían pronto y con vida. Mientras tanto, Ana María Moreno, la madre de los jóvenes, estaba en la Fiscalía siguiendo el proceso de denuncia. Al finalizar el día, Ana, Eva y otras amistades de los hermanos habían acordado un plan de movilización durante la semana para seguir exigiendo su aparición con vida.

La madrugada del lunes, Ana María llamó a Ana para decirle que habían encontrado a sus hijos sin vida.

Ante el caso, que había cobrado mucha visibilidad por los esfuerzos para encontrarles, el gobernador del estado, Enrique Alfaro, lanzó un mensaje a través de sus redes para, después de lamentar el asesinato, instrumentalizarlo como una “amenaza directa al gobierno”. Los cuerpos de los jóvenes fueron encontrados en el kilómetro 27 de la carretera a Colotlán junto a una manta que decía que esto les pasaría “a todos los del gobierno que estén mandado vestidos de civiles”. Sin alguna explicación ante la interpelación directa del mensaje, Alfaro se limitó a tuitear “ojalá que todos entendamos que el enemigo es el crimen organizado”.

Este discurso se repitió el pasado 25 de octubre en su presentación del Tercer Informe de Seguridad. Respecto al incremento de homicidios en Jalisco, el gobernador sostuvo que “está vinculado, fundamentalmente, con la delincuencia organizada” y aseguró que la mayoría de los casos “tienen alguna relación con la venta, consumo o tráfico de drogas”. Lo cierto es que, según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, del 2015 al 2020, los homicidios en Jalisco han aumentado en un 51.32%.

Para Alfaro, el grado de violencia con que se llevan a cabo estos asesinatos vincula a las víctimas con el crimen organizado. “Si esto no es delincuencia organizada, si alguien que le de un balazo a alguien sin robarle nada, no es un asunto que tenga que ver con algo extraño, me parece que entonces tendríamos un problema de conceptos”, argumentó el mandatario.

En respuesta a este informe, la organización defensora de derechos humanos, CEPAD, junto con los colectivos de familiares de personas desaparecidas de Jalisco, emitieron un pronunciamiento en el que manifiestan que las declaraciones del gobernador carecen de evidencias y “tiende a deslindar al Ejecutivo Estatal de su responsabilidad frente a la actual situación de violencia y nuevamente criminaliza a las víctimas”.

Esa narrativa, que viene del Estado, pero muchas veces se replica en la población y cuestiona a las víctimas, preocupaba mucho a Ana. Por eso, cuando ella y las demás personas cercanas a los hermanos se enteraron de su muerte, las manifestaciones que ya tenían planeadas para la semana cobraron otro sentido. Ahora era necesario hacer honor a la memoria de Karen, José y Luis, defender su dignidad y exigir justicia.

El miércoles 12 de mayo se llevó a cabo una manifestación que terminó con un concierto afuera del Palacio de Gobierno. “Fue nuestra manera de gritarle al mundo que la voz de nuestros instrumentos llora por nuestros amigos y por los tiempos en que vivimos”, narra Eva, y explica la necesidad de recordarlos a través de la música porque era algo que José amó en vida.

José llegó a apasionarse por la música gracias a Luis, su hermano mayor. Él tocaba el violín, pero tuvo que abandonar su carrera musical por dificultades económicas y antes de fallecer se dedicaba a la serigrafía. José también abandonó sus estudios musicales cuando entró a la Universidad de Guadalajara a estudiar geografía porque no le rendía el tiempo para ambas disciplinas, además de trabajar. Por su parte, Karen, la menor de los tres, trabajaba en una empresa de la industria automotriz y tenía planes de estudiar biología y medicina veterinaria. “Sus preocupaciones eran salir adelante, sobrevivir, tener una buena vida, tratar de ser mejores”, comenta Ana sobre los tres.

La madre de los jóvenes coincide con Ana en el temor de que se criminalice a sus hijos. Afirma que no va a permitir que se digan mentiras sobre ellos. Aunque, hasta ahora, no le han dejado ver el expediente ni le comunican cómo va la investigación. El fiscal general del estado, Octavio Solís, comunicó en julio a través de una rueda de prensa que se han girado tres órdenes de aprehensión por la desaparición y asesinato de los hermanos. La línea de investigación que sostiene la Fiscalía General del Estado plantea que los jóvenes fueron víctimas de una confusión por parte de los perpetradores que, de acuerdo con la información de la institución, eran miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Los primeros meses Ana sentía una fuerte necesidad de darle una explicación a la muerte de su pareja y sus cuñados. Quería respuestas. Con el tiempo ese anhelo se fue diluyendo. “Es parte de sobrevivir frente a la situación tan violenta que vivimos: dejé de buscarle sentido a la barbarie”, reflexiona casi seis meses después.

Para Ana, algo que se volvió muy evidente con la muerte de Karen, José y Luis fue que “ni siquiera en nuestras casas estamos seguros”, aunque menciona que siempre se ha sabido. La violencia en Jalisco es una constante desde hace años, pero algunos episodios -como desapariciones muy mediatizadas o hallazgos masivos de cuerpos en fosas clandestinas- arrojan luz sobre la situación tan crítica del estado.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, en septiembre de 2021, el 83.2% de las personas encuestadas en Guadalajara consideró inseguro vivir en su ciudad. Este porcentaje está muy por encima del 64.5% a nivel nacional. Es que no solo Jalisco lidera en número de personas desaparecidas, también se ha caracterizado por ser uno de los estados con más hallazgos de fosas clandestinas en los últimos años. De enero del 2018 a septiembre de 2021 se han registrado 103 en la Plataforma de Seguridad del estado de Jalisco.

En este escenario, Ana ha tratado de visibilizar el caso de los hermanos González Moreno. Algunos familiares han temido recibir represalias por las movilizaciones, pero eso no ha detenido la lucha. “No pienso vivir con miedo”, afirma la joven de 21 años, “aun partiendo del reconocimiento de la violencia en mi estado, mi casa, el lugar donde vivo”.

Actualmente, la madre de los hermanos sigue buscando justicia para sus hijos. La acompañan Ana, su propia madre, dos primas de los chicos y la novia de Luis. Además de lograr un cierre satisfactorio a su caso, quieren hacer honor a la memoria de Karen, José y Luis con monumentos para ellos y todos los desaparecidos de Jalisco. “El olvido es una segunda muerte”, opina Ana, y ésta sí se puede evitar.

 

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