Las jóvenes acompañantas de aborto en Coahuila

#CambiaLaHistoria

En Coahuila, al norte de México, existen mujeres que acompañan a otras cuando éstas necesitan abortar. Las acompañantas de aborto (agrupadas en colectivas y no) han creado y gestionan distintas redes de apoyo que tienen presencia en diferentes puntos de este estado. ¿Cómo se organizan? ¿Qué retos enfrentan? ¿Cómo entender su papel? De eso va esta historia.

Por Lizbeth Hernández / Kaja Negra / DW Akademic

I

Mar, una joven de poco más de 20 años, decidió abortar. No sabía muy bien a quién acudir hasta que sus amigas descubrieron a través de redes sociales a un grupo de mujeres que acompañan abortos. El primer contacto fue por Facebook y luego por WhatsApp. Llevaba más de 12 semanas de gestación.

“Por mi seguridad, para sentirme más cómoda, decidí que sí quería ser acompañada. Fueron como cuatro chavas las que estuvieron presentes conmigo. Eran muchísimas cosas las que sentía, más que nada, el miedo”, cuenta Mar, quien pide ser identificada así en esta historia y quien no da más elementos de su vida para asegurar su anonimato. No quiere que su familia sepa que abortó.

Y sigue:

“Estaba en un punto en mi vida en que no podía tenerlo. No fue planeado. Yo estaba cuidándome y falló el método anticonceptivo, fue accidente por así decirlo”.

Mar es una mujer de Saltillo, Coahuila. Quienes la acompañaron fueron integrantes de la Red Aborto Seguro Saltillo, una de las agrupaciones que hacen esta labor en el estado.

“En ese momento tú sientes que todo el mundo te va a dar la espalda. Quieras o no, estás devastada por lo que estás haciendo porque está en contra de tus creencias, de la moral. Ellas son muy neutrales, te escuchan”, abunda Mar.

Desde 2018, mujeres jóvenes, principalmente, se han ido organizando para conformar grupos de acompañamiento de aborto en diferentes lugares de Coahuila. La organización implica formación sobre el procedimiento para interrumpir un embarazo con medicamentos, conocer qué implican los derechos sexuales y reproductivos, hacer vinculación entre colectivas en diferentes zonas de Coahuila (a veces también fuera) y también pensar en esta labor, muchas veces por fuera del Estado, para garantizar que otras mujeres y personas gestantes ejerzan su derecho a decidir.

“Las acompañantes vienen a suplir una labor del Estado desde un lugar amoroso, donde se entiende por qué estás tomando esta decisión, es una manera de combatir una violencia institucional”, considera Ninde MolRe, abogada especialista en derechos sexuales y reproductivos.

No hay forma de dar con una cifra exacta, pero se estima que entre 2002 y 2016 se reportaron 624 casos de muerte específica por abortar en México.

II

Las jóvenes que acompañan abortos en Coahuila tienen en promedio entre 25 y 30 años. Mix, 25 años, supo que se podía acompañar a otras mujeres que deciden abortar cuando conoció a una activista feminista de Monterrey en 2018. Llegó a ella y al feminismo gracias a su terapeuta, quien le habló de este tema y le presentó a la activista regia. Después de ese encuentro empezó a buscar más información. Se involucró. Y al poco tiempo realizó sus primeros acompañamientos.

Las hermanas Karina, Ariadna y Dev, originarias de Ramos Arizpe, un municipio industrial y manufacturero que se ubica a 40 minutos de Saltillo, también se acercaron primero al feminismo: acudieron a algunas marchas por el #28S, Día de Acción Global por el Aborto, luego leyeron más sobre el tema en internet, y de ahí saltaron al acompañamiento. Ninguna de las hermanas rebasa los 25 años. Combinan su activismo con sus estudios universitarios y sus trabajos. Su labor como acompañantas no es algo público en su comunidad y, al igual que otras integrantes de las redes de acompañamiento en este estado, mantienen un perfil más discreto sin hablar demasiado sobre detalles de su vida privada.

“Empecé a involucrarme, a tomar talleres de acompañamiento . Me quedé con esa idea: no puedo permitir que las personas sigan un embarazo no deseado solo porque no hay información”, relata Ariadna.

Para Blanca, 32 años, fue distinto. En 2016 ella necesitaba abortar y no encontraba datos u opciones para hacerlo de manera segura. Ella radica en Monclova, municipio de la zona central de Coahuila, uno de los más poblados y desarrollados del estado. Finalmente logró interrumpir su embarazo en una clínica privada en su municipio.

Después de esa experiencia se involucró con redes de mujeres de Saltillo y empezó a formarse como acompañanta. Tomó talleres con activistas de otros estados, incluso de países como Colombia. Los talleres, varios de ellos, eran abiertos y en formato virtual.

La labor de Blanca, quien reparte su tiempo entre sus trabajos relacionados a la cultura, la pedagogía, la escritura y el cuidado de su pequeño hijo, se conjuga bien con los acompañamientos gracias a que su hermana Reyna la apoya. Este apoyo le permite tener el espacio para llevarlos a cabo. Cuando tienen que acompañar presencialmente a alguna mujer, su hermana cuida a su hijo.

León estaba por cumplir 17 años cuando ayudó a una amiga suya que necesitaba abortar. En ese momento, hace cinco años, buscó información en internet, pero no había el acceso a la información que hay hoy día. Poco tiempo después, León empezó a estudiar medicina y eso le permitió tener un mejor conocimiento para poder ayudar a otras. Fue en 2020 que descubrió que lo que ella hacía era acompañar abortos.

“No sabía que tenía ese nombre sino hasta que vi en redes sociales toda la información sobre aborto legal, seguro y gratuito, la campaña para el 28 de septiembre. Empiezo a descubrir que recibe un nombre, que grupos feministas forman a otras”, relata la joven que vive en Piedras Negras, cerca de la frontera entre México y Estados Unidos. León hace acompañamientos por su cuenta, de manera voluntaria.

Ellas y las demás acompañantas de las que se habla en esta historia se aglutinan principalmente en los colectivos Saltillo Decide y Red Aborto Seguro. Están activas en Monclova, Piedras Negras y Saltillo.

Si bien los caminos que las llevaron a ser acompañantas son diferentes, algo saben Mix, las hermanas de Ramos Arizpe, Blanca y León: su labor conlleva cierta clandestinidad y corren el riesgo de ser criminalizadas; al mismo tiempo, desarrollan un papel que cobra más relevancia si se piensa en el pleno acceso a un aborto seguro y también en las discusiones por venir en términos de implementación y políticas públicas en los lugares en los que el aborto ya es legal en México.

Por lo general, el proceso de acompañamiento que hacen las activistas en Coahuila (descrito por ellas mismas) es el siguiente:

  • La mujer o persona gestante que necesita o quiere abortar contacta a alguna de las colectivas que existen en Saltillo, Ramos Arizpe, Piedras Negras o Monclova a través de Facebook. El rango de edad de quien necesita acceder al aborto es amplio: desde menores de edad (16 o 17 años) hasta adultas de 50 años.
  • Se le asigna el caso a alguna acompañanta e inicia la comunicación vía WhatsApp. Seguirán llamadas telefónicas informativas. Ahí, las acompañantas confirman que la decisión de interrumpir el embarazo es de la mujer o persona gestante; en caso de notar presión, por parte de un tercero (puede ser la pareja o algún familia), no se continúa el proceso. Esto lo aprecian más cuando son acompañamientos presenciales y esa tercera persona busca imponer su postura a la de la chica o persona gestante.
  • Las acompañantas usan de base formativa el Manual de práctica clínica para un aborto seguro de la Organización Mundial de la Salud.
  • Dependiendo de cada mujer se sigue el proceso a distancia (sobre todo fue virtual debido a la pandemia) y cuando es necesario se hace el seguimiento presencial (ya sea porque la misma mujer lo solicita así). En buena parte de los casos presenciales se consigue un espacio seguro para quien desea interrumpir su embarazo (la casa de alguna amiga, la habitación de un hotel, y a veces, en la misma casa de la acompañanta).
  • El misoprostol que se usa en el procedimiento lo adquieren, cuando está en sus posibilidades, las mujeres que desean abortar. Cuando su condición socioeconómica no se los permite, las acompañantas lo consiguen. A veces a través de donativos, otras lo costean entre ellas.
  • Varias colectivas tienen entre sus integrantes a ginecólogas, doctoras e incluso abogadas. Cuando no es así, buscan asesoría externa. Sobre todo en casos que puedan complicarse por el número de semanas de gestación y cuando el misoprostol ya no es opción. Estos casos son más bien excepcionales. Y, al menos entre las acompañadas entrevistadas para esta historia, no ha habido ningún deceso.
  • Las acompañantas no reciben remuneración alguna por su labor, es una acción voluntaria.

La Red Aborto Seguro realizó 385 acompañamientos en Coahuila durante 2021. Las mujeres de entre 18 y 20 años representaron el primer lugar de los casos atendidos; el 66.7% de los acompañamientos combinaron el formato presencial y virtual, según informó la propia Red a través de una publicación en Facebook.

III

Es relevante situar el trabajo de acompañamiento que estas chicas y otras mujeres en Coahuila, un estado que atrajo la atención pública el 7 de septiembre de 2021 cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, resolvió que criminalizar el aborto es inconstitucional.

Esa decisión sentó un precedente histórico para México. Se dio en respuesta a una acción promovida en 2017 por la entonces PGR y abarcó modificaciones al Código Penal de Coahuila, uno de los que tenía las sanciones más severas respecto al aborto en el país.

“Se impondrá de uno a tres años de prisión, a la mujer que voluntariamente practique su aborto o a la persona que la hiciere abortar con el consentimiento de aquella”, establecía el artículo 196 de dicho código penal ahora inválido.

Las acompañantas de aborto son conscientes de que, pese al fallo de la SCJN respecto a la no criminalización de las mujeres y personas gestantes que deciden interrumpir su embarazo, aún falta camino por recorrer para el pleno acceso a un aborto libre, seguro y gratuito.

Actualmente el aborto voluntario hasta las 12 semanas de gestación es legal en 6 de los 32 estados del país: Ciudad de México (2007), Oaxaca (2019), Hidalgo, Veracruz y Baja California y Colima (2021).

En el estado de Coahuila se han presentado cuatro iniciativas legislativas para que se despenalice el aborto. La primera, de 2013, nunca llegó a ser votada; la de 2017 fue desechada ante la presión de grupos conservadores y religiosos; la de 2018 permanece congelada. La más reciente fue propuesta en mayo de 2020 y no ha llegado a ser dictaminada.

“La legislación en materia de aborto en México, en general, refleja la creencia de que las mujeres deben privilegiar el valor de la maternidad y en caso de no hacerlo —por ejemplo, al interrumpir un embarazo— pueden ser sometidas a diversas sanciones”, expone GIRE, organización enfocada en el tema de aborto en México desde 1992, en el apartado sobre el tema en su informe El camino hacia la justicia reproductiva emitido este 2021.

Ya en 2018 GIRE había revelado que entre enero de 2007 y diciembre de 2016 se registraron 4, 246 denuncias por el delito de aborto en el país. En este mismo periodo de tiempo se realizaron 531 juicios penales y se emitieron 228 sentencias (3 de ellas en Coahuila). Esto de acuerdo a la información consignada en Maternidad o castigo: La criminalización del aborto en México.

Antes de la determinación de la SCJN, en Coahuila se sancionaba hasta con 3 años de prisión a quien interrumpiera su embarazo.

Esta criminalización, sumada a los prejuicios sociales fincados en creencias religiosas y a una concepción muy conservadora sobre la sexualidad de las mujeres, ha sido cuestionada en Coahuila. Pese a este entorno, a partir de 2018 varias jóvenes empezaron a organizarse para hacer acompañamientos de aborto: todo fue de manera voluntaria, trabajando, en principio, entre conocidas y amigas que compraron algunas pastillas de misoprostol y abrieron una línea telefónica para apoyar a otras. Así vieron su surgimiento Saltillo Decide y la Red Aborto Seguro Saltillo.

“El tema de aborto antes no se escuchaba en las calles, solamente era en la intimidad, estaba muy estigmatizado. Recuerdo que yo inicié así: diciendo aborto quedito, no digas esas palabras. Todo cambió cuando las morras empezamos a dialogar entre nosotras. En manifestaciones y en tendederos poníamos ‘Aborto legal’. Veíamos que otras feministas lo hacían. Para mí las referentes son Las libres , Necesito abortar ”, cuenta Mix.

“El papel de las acompañantas hace que las mujeres y las personas con capacidad de gestar puedan vivir procesos de aborto seguro frente a un estado omiso, que no está garantizando nuestros derechos a la salud, a la libertad, a la autonomía reproductiva”, señala Sofía Garduño, coordinadora de Fondo MARIA.

Fondo de Aborto para la Justicia Social MARIA surgió en 2009 en la Ciudad de México, es una organización que incluye entre sus ejes el acompañamiento. La capacitación que brindan, la cual empezaron a brindar en forma desde 2010, también ha sido recibida por varias activistas en Coahuila, y está sistematizada en la guía Acompañar para empoderar.

Garduño también considera que quienes acompañan abortos “tenemos mucha información de primera mano sobre las necesidades, los obstáculos, las barreras que enfrentan las personas que necesitan abortar para poder ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. Todo esto puede ser un insumo valioso para generar políticas públicas que respondan a la realidad y no que se hagan desde los escritorios alejados y fríos de la realidad”.

La abogada Ninde MolRe, que también ha hecho acompañamientos y da seguimiento puntual a los procesos legislativos respecto al aborto, pone la labor de las acompañantas en perspectiva al mencionar que cuando una mujer o persona gestante acude a una clínica en los estados en los que está permitido el aborto voluntario no recibe una atención adecuada.

Los motivos que apunta son varios: desde salas no óptimas para atender a las mujeres que decidieron interrumpir su embarazo pues están ubicadas junta otras en las que se atienden a mujeres que van a parir, por ejemplo, hasta la presencia de personal médico objetor y no objetor de conciencia (es decir que puede estar contra el derecho a decidir), o que algunas clínicas a las que acuden las mujeres para abortar terminan siendo lugares que tienen a cargo a personas “antiderechos” que buscan evitar que se haga el procedimiento.

MolRe también señala que es posible ver al aborto desde tres formas: “como un delito, como un derecho, pero lo que no vemos es que es un hecho en la vida reproductiva en las personas con capacidad de gestar, va a pasar”.

Dependiendo de cómo se sitúe al aborto es que también se puede pensar en lo que representa la lucha por el derecho a decidir desde las calles, en el campo legislativo y en el sistema de salud.

“No es que las acompañantes se tengan que adaptar, es que todo un sistema se tiene que adaptar a su existencia”, expresa MolRe.

Relacionado a esto, Mix ofrece otro matiz. Dice que para ella lo clave no es la “pelea” por la legalización del aborto. Considera que “la legalización no garantiza que las morras vayan a abortar de forma amorosa”, es decir, sin ser juzgadas.

“Las mujeres no se están deteniendo para abortar, las mujeres están abortando día con día, y las mujeres necesitan estos cuidados, necesitan abortos dignos”, insiste Mix.

IV

Las acompañantas en Coahuila hacen su labor lidiando con distintos obstáculos. Uno de ellos es el acceso al misoprostol, incluso aunque no es necesario contar con una receta médica para comprarlo: “Es más fácil para los hombres adquirir el medicamento, a ellos no les dicen que no. A nosotras nos ponen muchas trabas para adquirir el medicamento”, cuenta León.

Ella comparte que en varias ocasiones le ha pedido a su novio que compre el fármaco. A él no se lo niegan ni le hacen pregunta alguna. Blanca, por su parte, se apoya en su esposo para adquirir y entregar el misoprostol:

“Me siento contenta de que él también anda en este rol. Él va y compra las pastillas, las entrega. Había una farmacia en la que solo le vendían a hombres y justo para lo que se ofrezca, él está”.

Otra manera en la que algunas acompañantas acceden al medicamento —cuyo costo oscila entre los 500 y los 3 mil pesos— es haciendo acuerdos con trabajadores de algunas farmacias. Dichos acuerdos son, por lo general, con farmacias pequeñas, es decir, que no pertenecen a una cadena. Así lo hace León. Un trato similar han hecho las hermanas de Ramos Arizpe. Saben en qué farmacias tienen “aliados” o “aliadas”. Cuando eso se complica, recurren a colectivas de Saltillo o Monterrey.

De hecho, cuando Saltillo Decide y la Red de Aborto Seguro iniciaron sus acompañamientos, era común que las organizaciones de Monterrey les apoyaran y enviaran el misoprostol.

Otro reto con el que lidian acompañadas y acompañantas es obtener los recursos para costear una ecografía o ultrasonido: “No es sencillo conseguir 800 pesos para un ultrasonido. Una necesidad es tener ingresos para apoyar a las mujeres”, expone León.

A lo anterior se suma el ambiente de criminalización del aborto. GIRE reporta en el informe El camino hacia la justicia reproductiva que hay “3 mil 656 registros por el delito de aborto en la última década a nivel nacional”, esta información fue obtenida por la organización a través de solicitudes de acceso a la información.

En el mismo informe, GIRE habla de la criminalización que también afecta a las redes de acompañamiento de aborto que hay en el país.

“Las redes de acompañamiento son fuente de seguridad y salvan vidas, y también son una vía asequible para el conocimiento y la defensa de los derechos humanos, por lo tanto, criminalizarlas implicaría un retroceso preocupante en la materia”, apunta la organización.

Por su parte, Ipas, una organización internacional que trabaja a favor del aborto seguro, reveló que acompañantes/provedoras de aborto suelen esconder su labor y que las restricciones legales respecto al aborto generan situaciones de estrés entre ellas. La información está contenida en la Encuesta internacional de personas proveedoras y acompañantes de aborto (Abril 2021) que fue respondida por 339 personas que hacen acompañamiento en América Latina y El Caribe, Europa, África, América del Norte, Asia y Oceanía.

Si bien, la labor de las acompañantas es cada vez más conocida, su existencia no es de conocimiento masivo, esto pese a que en México tenemos experiencias de pioneras como Las Libres en Guanajuato, que realizan labores a favor del acceso al derecho a decidir desde el año 2000 o a la labor de la Red Necesito Abortar en Nuevo León (2017) o Morras Help Morras de Aguascalientes (2016).

En Saltillo, son numerosas las mujeres que acuden a yerberas o curanderas para interrumpir su embarazo.

Lety, así pide ser citada, vende tés abortivos y miso. El té lo cotiza en 350 pesos y cada pastilla de misoprostol cuesta 700 pesos. Fue su abuela quien le enseñó a preparar los tés abortivos. Era curandera.

El puesto de Lety se ubica en la zona del mercado de Saltillo. A raíz de la pandemia, más mujeres acudieron a ella. “Sí, vinieron más, jovencitas de 13, de 14, de 17 años. Por lo regular vienen con amigas, con sus tías, no con sus mamás”.

Cuenta también que quienes van con ella le han comentado que prefieren la opción que ella les ofrece a acudir a un médico (en una clínica clandestina) porque “cobran caro, les piden responsivas, tienen temores sobre cómo va a salir el legrado, hay muchas clínicas que no sirven”.

Le pregunto a Lety si sabe de la existencia de las acompañantas de aborto. “Más que nada ellas son las que fomentan, las que les consiguen a las personas para que les den las pastillas, las hierbas”.

Revisa la serie fotográfica. Da clic en la imagen.

V

Coahuila es una entidad conservadora en la que el movimiento de personas autodenominadas “provida” se perfila fuerte. La influencia de estos grupos no es secreta. Organizaciones como el Frente Nacional por la Familia (FNF), Cristo Vive, representantes de la iglesia católica en la entidad y grupos políticos por el Partido de Acción Nacional, (PAN) constantemente salen en medios para reaccionar ante hechos como el fallo de la SCJN.

En ese momento, el presidente del FNF expresó que “México se vistió de luto”. Y el PAN aseguró que buscará a través de legisladores y presidentes municipales de Coahuila que buscará que la Corte vuelva a analizar el aborto, esta vez a partir de la Ley de salud.

También representantes del Colegio de Ginecología y Obstetricia de Monclova han expresado que “el médico debe ejercer su derecho ético y profesionalismo en pro de la vida”.

Estos grupos también realizan diversas acciones como la campaña 40 Días por la vida, una iniciativa que tiene su origen en Texas en 2004 y se replica en diferentes países del mundo. En Saltillo se hace desde 2018.

Ella accedió a una breve entrevista y pidió no incluir su nombre. Para esta mujer la labor de las acompañantas no es tal, dice:

“Eso no es acompañamiento, después de que la mujer se practica el aborto se queda sola. Esa mujer que le dijo que eso era bueno, pregúntale a cualquiera de las que abortan si después se vuelve a reportar, si después de que tiene ese trauma la apoya con tratamiento psicológico, pregúntale si la acompañó después de todo eso y la realidad es que no, porque el acompañamiento implica buscar el bien de la otra persona y el aborto nunca va a ser el bien de una mujer, va en contra de su naturaleza”.

VI

La lucha por un acceso al aborto seguro, gratuito, persiste en las calles. Y conforme avanza la ruta legislativa, se abren otras perspectivas a tomar en cuenta como el pensar el sistema de salud, es decir, tras la legalización gradual que vemos, es relevante considerar cómo se implementará. Entre todo eso, está la labor de las acompañantas.

Para la abogada Ninde MolRe antes de pensar en institucionalizar su papel, está pensar en cómo el Estado puede colaborar con las redes de acompañamiento de aborto facilitando medicamentos como la mifepristona y el misoprostol.

Desde la perspectiva clínica, el médico general Dylan Nutria considera que sería importante que la atención a toda mujer y/o persona gestante que decide abortar fuera dentro del sistema de salud: “lo ideal sería que fuera dentro de un perfil médico, llámese enfermería”. Agrega: “Creo que el acompañamiento está bien, sí se tiene que hacer, pero tiene que hacerse con seriedad”.

El médico, que también ha colaborado con algunas acompañantas en Veracruz, comenta que las instituciones de salud podrían coordinarse más con las redes de acompañamiento.

Reconoce que falta mucho trabajo para garantizar el pleno acceso al derecho a decidir:

“Alcanzar la legalidad en todo el país es importante, pero es un primer paso. Después falta establecer una red de logística para la atención, hay estados donde ya se legalizó y no es que vayas a tu centro de salud y que tengas la libertad de poder hacerlo, de solicitar el servicio con todo lo que implica”.

Cabe mencionar que fue en 2020 cuando el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva publicó el Programa de Acción Específico para la Salud Sexual y Reproductiva 2020-2024, en el que se incluyó el aborto y en consecuencia se publicó ese mismo año el Lineamiento técnico para la atención del aborto seguro en México, el cual contiene distintos ejes para la atención de mujeres y personas gestantes “sin estigmatización”.

“Si bien el reconocimiento por parte de las autoridades sanitarias del aborto como un servicio esencial de salud en el contexto de una pandemia representa un avance y es una medida necesaria para garantizar el acceso al aborto seguro, la sola inclusión en papel resulta insuficiente, debido a los retos que en la práctica se han acumulado durante décadas”, matiza GIRE en el informe citado previamente en esta historia.

Otro reto, a decir de MolRe, es el que enfrentan las acompañantas:

“para hacerle entender al Estado y al sistema de salud que son importantes y necesarias dentro de este proceso. Sin las acompañantes en estos procesos en lugar de quitar el estigma van a seguir viviéndose desde la violencia institucional ante el poder que tiene el sistema de salud en nuestros cuerpos y el aborto no se va a ver como lo que es, un proceso liberador y autónomo”.

Mix, las hermanas de Ramos Arizpe, Blanca y León saben que acompañar tiene implicaciones emocionales para ellas mismas. Que además de la capacitación, necesitan espacios de contención y cuidados para ellas mismas. Que también deben pensar en qué las sostiene.

Por ejemplo a Mix, la sostienen otras acompañantas; a las hermanas de Ramos Arizpe, les da seguridad contar con el apoyo de sus padres, quienes saben que hacen esta labor; Blanca cuenta con su hermana y pareja; León tiene a su pareja y a sus amigas feministas.

Todas consideran que su labor seguirá pase lo que pase en términos legislativos. De momento, no contemplan interlocuciones con autoridades locales.

“Aún falta mucho, lo de la Corte no es como que al día siguiente ya puedo ir a un hospital a preguntar si me pueden ayudar, todavía falta muchísimo por hacer. Tenemos que seguir en las marchas, poniéndonos frente al palacio de gobierno. Falta mucho para que se haga lo que se necesita. Yo le digo a mis hermanas: aunque lo hayan despenalizado, hay que seguir , compartir más la información”, dice Ariadna.

Aluden a un esquema más sutil: a ser una red que apoya a otras. Su labor es más cercana a la de otras mujeres: cuidadoras del hogar (madres, hermanas, tías…) que sostienen a sus familias aunque su trabajo no sea remunerado o reconocido formalmente.

¿Crees que sería importante que haya una discusión sobre cuidados y acompañamiento? Pregunto a Mix:

“Pienso que sí tenemos que meter a discusión los cuidados, no es tanto de aquí está la información y yo me quedo esperando a que lo hagas”, responde Mix, quien también señala que una clave para ella, es que no se privatice la información.

León piensa en que la vida sería otra cosa para las mujeres de su familia si el derecho a decidir fuera ya un derecho garantizado: “Pensaba por ejemplo, si mi abuelita hubiera tenido esta opción no sería la mujer que es hoy. A lo mejor no habría sufrido lo que sufrió”.

Blanca es consciente de que el aborto “todavía está muy satanizado, falta información, hablar, los abortos existen, a veces son de manera natural”. Y no solo eso, expone que también hay ocasiones en que las mismas acompañadas pueden representar una complicación por cómo demandan su atención: “algunas son muy exigentes, incluso llegan a ser violentas, hay un poquito de agresión”.

Pese a eso, Blanca no tiene dudas sobre su labor. Quiere seguir. Cree que puede construir otra realidad para ella, otras mujeres y su familia.

El camino de las acompañantas en Coahuila seguirá y cobrará nuevos rumbos.

***

Te invitamos a conocer las historias de estas y muchas otras mujeres de Latinoamérica, en Cambialahistoria.info, un proyecto de la DW Akademie promovido por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores.

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