«Debemos recuperar la historia de insurgencia que Echeverría se empeñó en borrar»

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Sentimientos encontrados, impotencia, alegría, temor a no hallar la verdad. Todo eso dejó la muerte de Echeverría entre sobrevivientes, familiares, activistas, luchadores sociales. Aún así, se abren nuevos caminos.

Texto: Lydiette Carrión y Alejandro Ruiz / Pie de Página

En 1975 una mujer se escabulliría entre el Estado mayor presidencial para entregarle una carta al presidente. En el papel, se describía la desaparición forzada de su hijo, cometida por militares y miembros de la Dirección Federal de Seguridad.  

Aquella mujer era Rosario Ibarra de Piedra, quien después fundaría el Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, mejor conocido como el comité Eureka.

El hombre al que le entregó la carta, en aquel entonces presidente y jefe máximo de las fuerzas armadas, era Luis Echeverría Álvarez. Ha sido señalado por operar la represión contra estudiantes en 1968 y 1971, así como implementar la Guerra Sucia en México.

Este viernes, con cien años de edad, Echeverría dejó de existir. Rosario Ibarra había muerto tres meses antes, a los 95 años. Este mismo año arrancó una nueva iniciativa por alcanzar la verdad durante el periodo de la Guerra Sucia.

Micaela Cabañas: La lucha por la verdad tiene que seguir

Si una región padeció de forma especial la represión ejercida por Echeverría fue Guerrero.

En las zonas rurales de México, muchos pueblos que vivían en pobreza, simpatizaban con idearios de igualdad, pero también de rebelión. Surgieron grupos como el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas; la Asociación Cívica Guerrerense de Genaro Vázquez.

Ante este fenómeno, Echeverría  formó la Brigada Blanca y ordenó, particularmente en Guerrero, la operación del Plan Telaraña, una orden ejecutiva para “exterminar” a los grupos guerrilleros de la región. El nombre Echeverría, en Guerrero, fue sinónimo de tortura, desapariciones, represión y violencia.

Este periodo se extendió más allá de la administración de Echeverría, y es conocido como la “Guerra Sucia”, donde, al menos, se contabilizan más de 900 personas desaparecidas de 1965 a 1990.

Hacemos una breve llamada telefónica con Micaela Cabañas, hija del profesor Lucio Cabañas, y quien ha dedicado toda su vida a buscar verdad y justicia para su padre y su familia. Apenas dos semanas atrás Micaela dio un conmovedor discurso durante la apertura de los Expedientes militares convocados por la recién inaugurada Comisión de la Verdad.

–¿Cómo te sentiste al saber de la muerte de Echeverría?

–Primero, pues entre coraje y llanto. Te pones a pensar: ‘¿a quién le vamos a reclamar?’. Mientras estaba esa persona que puede responder a muchas preguntas,  ahora que ya no está…  Nuestra exigencia de justicia tiene que seguir… con esa persona no se acaba todo. fue una de las personas que participaron en esta inhumanidad, pero quedan muchas personas con vida que pueden responder. Estoy pensando muchas cosas, muchos sentimientos de impotencia… hemos luchado tanto. Estamos desgastados también, anímicamente… y pues toda la gente estamos desconsolados, porque nos preguntamos: ¿quién nos va a responder? El presidente está haciendo lo propio. Pero el tiempo se pasa… ¿Cuánto tiempo vamos a seguir esperando? han sido muchos años..

–En el caso del estado de Guerrero, Echeverría jugó un papel fundamental…

–Así es… Él podía decir muchas cosas, decir por qué hicieron esto a la gente. Por qué nos hicieron esto, pero definitivamente… haz de cuenta que tenemos una casa y se falsea: se cae el pilar de nuestra petición de justicia al gobierno, de que se esclarezcan hechos, y que se esclarezca dónde están las personas que desaparecieron.

Es bien doloroso, no te creas. Son muchos sentimientos encontrados… analizar, reprogramar y seguir adelante. Esto no se acaba, al contrario, tiene que seguir. 

Micaela Cabañas, hija de Lucio Cabañas, asesinado por el Estado.

El 68

Abogado por la Escuela Nacional de Jurisprudencia; a sus 24 años Luis Echeverría ingresó a las filas del Partido Revolucionario Institucional (1946), bajo el padrinazgo de Rodolfo Sánchez Taboada, en ese entonces presidente del partido. Años más tarde, cuando Taboada fue titular de la Marina, Echeverría siguió sus pasos. Ahí ocupó el cargo de Director General de Cuenta y Administración. Posteriormente, ocuparía cargos en la Secretaría de Educación Pública y al interior del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

En 1958, durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, Echeverría fue nombrado subsecretario de gobernación. Ascendió a secretario para 1964. Cuatro años después Echeverría coordinó –bajo la complacencia del entonces presidente Díaz Ordaz– la represión al movimiento estudiantil y magisterial que se expresaba en la capital del país. El 2 de octubre de 1968 el ejército, policías y grupos encubiertos dispararon a discreción en contra de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Un año después, en noviembre de 1969, Echeverría fue postulado por el PRI como candidato a la presidencia de la República. El 1 de diciembre de 1970 asumió el cargo.

Las brigadas  blancas 

Alicia de los Ríos Merino, activista, estudiante, fue víctima de desaparición forzada desde 1978. Su hija lleva el mismo nombre –Alicia de los Ríos Merino–, y ésta última ha dedicado su vida a buscar a su madre.

“Me sorprendió mucho cómo se empezó a reflejar la noticia. A  mi celular empezaron a llegar mensajes como desde las 7:30 u 8 de la mañana, por diferentes personas. No pensé que tuviera tanto eco un expresidente tan longevo, que parecía  tan desligado de la política actual. Pero en realidad logras ver un trasfondo que lo liga justo al presente. Una historia que ha permanecido a partir del miércoles 22 que entramos al campo Militar Número uno. Pareciera que el  tipo estaba fuera de foco, pero con su muerte te das cuenta que no”. 

Del Ríos Merino recalca: “Echeverría no fue exonerado. A mí me tocó revisar las sentencias del Halconazo del 71. El agente de la Femospp consigna y se da una batalla bien interesante en términos legales. Y cuando digo que es interesante es porque emergen diferentes resistencias de aplicar la visión de los instrumentos internacionales”

Para Luis Echeverría, considera De los Ríos,  “no fue tan cómoda la impunidad”. Si bien murió en su cama, a los cien años,  no lo alcanzó a cobijar esta impunidad completamente, explica, tuvo que comparecer, fue sujeto a procesos. “Tuvo que tener abogados… lo que transitó evidentemente no fue lo que nosotros hubiéramos querido”, pero no fue tan cómodo para él.  En cambio, quienes sí gozaron de una impunidad total fueron otros, como Díaz Ordaz.

En lo que Echeverría la ha librado es contrainsurgencia. En su administración  se crea justo la brigada especial, que es la que va a operar la contrainsurgencia. Las llamadas brigadas blancas. No hemos puesto el foco suficientemente ahí”

Alicia de los Ríos, hija de víctima de desaparición forzada.

La guerra sucia, la guerra fría: Laura Castellanos

La escuela de las Américas fue creada en 1946, en Panamá, bajo el mando del ejército norteamericano. Su principal función era entrenar a militares y policías estadounidenses en tácticas de contrainsurgencia en el contexto de la operación Cóndor. Este era un plan diseñado por el gobierno de Richard Nixon para desmantelar a los gobiernos y movimientos de izquierda que surgían en el continente.

Años más tarde, esta academia comenzaría a formar a militares y policías de diversos países de Latinoamérica, entre ellos México.

De acuerdo con el informe histórico de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado(Femospp) durante 40 años (1953 – 1996) México mandó a cerca de mil efectivos militares a formarse en esta academia.

Durante el primer año de gobierno de Luis Echeverría, cerca de 20 militares fueron enviados ahí. Y para 1971, dirigirían el grupo de Los Halcones.

Laura Castellanos es periodista y escritora, y es autora de uno de los libros más ambiciosos para entender la guerra sucia en México: México Armado (Editorial Era). Este es producto de 10 años de de entrevistas directas a las y los sobrevivientes de la represión. Castellanos se entera por un mensaje de texto de la muerte de Echeverría. Entre otras cosas insiste: Echeverría de alguna manera lidera la implementación de los dictados que vienen desde Estados Unidos:

“Tuve oportunidad de reconstruir el saldo que México vivió en el contexto de la Guerra Fría: el alto costo por la vecindad con Estados Unidos. Porque el gobierno mexicano fue asesorado por el gobierno de Estados Unidos, desde los años 40 para combatir con estrategias de contrainsurgencia».

Pero esto se recrudeció:

«Para los setenta, lo que vamos a ver es cómo este país, por una decisión de Estado, por la decisión de Echeverría, se convirtió en el laboratorio de la contrainsurgencia estadounidense. Es importante no olvidar que México fue el país pionero de los vuelos de la muerte, antes de que se realizaran por las dictaduras sudamericanas” “y “se experimentó con torturas aberrantes en los cuerpos de las mexicanas.

Laura Castellanos, periodista.

Castellanos enfatiza la forma en la que Echeverría simbolizó el intervencionismo de Estados Unidos, “que sofocó toda expresión social de lucha en el campo o la lucha agrícola, magisterial estudiantil; cualquier expresión sindical, cualquier expresión de oposición a un gobierno que también impidió los cambios por la vía electoral y el arribo de la izquierda” y resume:  “Echeverría lo que hizo fue destrozar a una generación”. 

La represión que fundó los cimientos para la impunidad y el narcotráfico: Adela Cedillo

Algo que quizá no se vea claramente a estas alturas es que la violencia que vivimos en la actualidad, las bases para esta impunidad fueron establecidas por el grupo de Echeverría.

Adela Cedillo es historiadora, y ha enfocado su trabajo precisamente en la Guerra Sucia. Para ella,  Echeverría “es uno de los grandes arquitectos de este aparato represivo” que tiene consecuencias y actúa hasta la actualidad. Cuando tomó el poder como presidente,  empezó esta articulación del gobierno con el crimen organizado. “A partir de las operaciones antinarcóticos, se empezó a usar esto para chantajear a los narcos… Y además, usaban esas campañas antinarcóticos  también para  atacar a los grupos sociales”.

Esta impunidad forjada durante la guerra sucia; así como estos mecanismos de simbiosis entre crimen organizado y poder han colocado en el país donde está ahora. La historiadora aclara que esto fue un proceso histórico largo. No se trata sólo de un personaje, o de un sexenio, sino de un proceso. “Pero sin duda Echeverría es un experto de terror y de encubrimiento. 

Se le pregunta a Cedillo por qué consideró que sería imposible traer la justicia en los primeros años de la alternancia. Ella advierte que desde el inicio era virtualmente imposible.  Durante el sexenio de Fox, la entonces PGR estaba a cargo de Rafael Macedo de la Concha, que formaba parte del mismo grupo que impulsó la guerra sucia; luego estaba el subsecretario de la Sedena, Delfino Mario Palmerín Cordero, otro entrenado en contrainsurgencia. Finalmente Gertz Manero, en seguridad pública, quien formaba parte del mismo grupo.

“Tenías a tres secretarías fundamentales para la justicia controladas por ese viejo aparato represor”, advierte. Además, esto se tradujo en una integración deficiente las averiguaciones: “yo era coadyuvante en casos de desaparición forzada. Fui testigo directo. A Echeverría se le imputaba un delito que no era capaz de demostrarse . Claro que cometió genocidio, pero no en Tlatelolco”, sino durante la guerra sucia.

–¿Que nos toca ahorita?

–Se han muerto la mayoría de los represores; lo mínimo es identificar el problema: la impunidad.

En el gobierno delinquen con total impunidad… Entonces, tenemos que ser más conscientes: la lucha contra la impunidad no es algo menor; es prioritario. Así es, si queremos dejar de ser un país que cuente muertos y desaparecidos todos los días.

Adela Cedillo, historiadora.

 

Prioritario, recordar las luchas y los proyectos, no solo la represión: Camilo Vicente Ovalle

Camilo Vicente Ovalle es historiador, ha sido activista y simpatizante de luchas sociales toda su vida. Actualmente colabora en la subsecretaría de Derechos Humanos de Gobernación,  precisamente en los trabajos e investigación que se hace sobre la guerra sucia.

Al preguntársele sobre la muerte del centenario represor advierte:

–Me voy a permitir un atrevimiento para pensar un poco en el significado de Luis Echeverría… y sobre todo en donde estamos en términos como sociedad, en términos de los crímenes del pasado reciente; y tengo la impresión (quizá muy temprana) de que va a generar más ruido la muerte de Echeverría que la de doña Rosario Ibarra de Piedra. Y eso me dice que   estamos  más enojados y tenemos más fresca la memoria de los crímenes que la propia lucha por la defensa de los derechos humanos.

“Tenemos más presente el rostro de los perpetradores que el de las víctimas; y el de aquellos que se lanzaron a una lucha insurgente por cambiar el país. No que esté mal recordar los crímenes… pero no recordamos las luchas insurgentes que fueron aplastadas por una política de Estado.

Camilo Vicente Ovalle, historiador

–¿Qué debemos recordar?

–Creo que no debemos olvidar es que estos actos no fueron cometidos por individualidades cargadas de maldad. Estos actos, esta política, esta violencia de Estado fue justo para desplazar a proyectos alternativos democráticos o de transformación social que no llegaron a ser.

“Tenemos que voltear a ver por qué se desplegó esa violencia; qué es lo que tenía enfrente. Y lo que tenía enfrente era un conjunto de insurgencias sociales, pacíficas o armadas, que buscaban la transformación democrática; y en algunos casos la transformación socialista del país, como era el lenguaje de la época. Y ahí hay un montón de experiencias que se han olvidado: los ayuntamientos populares en Oaxaca; las luchas por la tierra en Sinaloa, en  Chihuahua, Morelos; todas ellas generaron experiencias importantísimas de lucha. Esto también lo tenemos que recordar”, concluye Vicente Ovalle. 

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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