Igualdad de género en la UdeG: autoridades presumen avances, colectivas cuestionan su alcance

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Dentro del “Diálogo sobre proyectos y retos de la inclusión de la perspectiva de género y diversidad sexual en instituciones de educación superior” realizado durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, autoridades universitarias y expertas en estudios de género y feminismo discutieron los principales logros y retos para la igualdad en las instituciones de educación superior.

El panel sirvió de diálogo entre algunas autoridades universitarias como Érika Loyo Beristáin, titular de la Unidad para la Igualdad en la Universidad de Guadalajara, o la reconocida académica Celia Magaña. También participaron autoridades del Centro Universitario de Tonalá y el Centro Universitario de los Valles, junto con invitadas de la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Autónoma de Barcelona.

Por Andrés de la Peña

“En la UdeG la cuestión de género no era prioritaria ni atendida hasta hace muy pocos años (…) yo creo que eso es un logro y hay que subrayarlo”, expresó Considerando los avances, la académica Celia Magaña, quien también valoró positivamente la creación de un marco normativo que no existía antes, acompañado del sistema de primeros contactos: “ya cada Centro Universitario tenemos nuestro primer contacto gracias al trabajo de las compañeras”. 

Sin embargo, aún persisten las denuncias y exigencias de justicia de los colectivos feministas dentro de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quienes consideran que sus denuncias no son del todo atendidas.

De igual manera, Érika Loyo -encargada de la Unidad de Igualdad de la UdeG- identificó muchos avances dentro de la Universidad, pues el Protocolo para la Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia de Género anteriormente solo atendía acoso y hostigamiento, pero promueve una reforma de la normativa universitaria:

“Duramos trabajando poquito más de UN año un gran logro fue el cambio de la normatividad. No fue solamente el protocolo sino también un código de ética, un código de conducta, un reglamento de responsabilidades y el nuevo reglamento de la defensoría”.

Para implementar los cambios en los hechos, explicó la funcionaria, ha sido necesario un trabajo complejo de capacitación: “tenemos ya 110 personas formadas en un estándar nacional de protección a víctimas”. Se trata de los “primeros contactos”, personas con la responsabilidad de dar la primera atención a quien denuncia un abuso o violencia en razón de género.

También iniciaron las capacitaciones anuales de capacitaron a las comisiones de responsabilidades y sanciones, unidades que existen en cada centro de estudios, incluyendo las preparatorias: “el otro problema es que las comisiones cambian cada año”. A esto se sumó la capacitación de un comité con 40 hombres designados para llevar a procesos de reeducación con otros hombres de la red en procesos de sanción. 

Finalmente, el sistema de preparatorias de la UdeG ya tiene una materia de perspectiva de género que es obligatoria para todos los estudiantes y que es semestral. 

Acción de protesta por la violencia de género en la UdeG.

Retos en el proceso

Aunque hay avances; sin embargo, también se identificaron múltiples obstáculos y tareas pendientes para hacer de las universidades lugares seguros; por ejemplo, María Guadalupe Huacuz de la Universidad Autónoma Metropolitana hizo referencia a que los avances normativos y de protocolos en las universidades mexicanas no se han traducido en resultados en las prácticas y vivencias de sus integrantes.

Como ejemplo, puso la necesidad de publicar el manifiesto feminista “Más Allá de la Simulación en las Instituciones de Educación Superior”, en el que, entre varias cosas, se precisa que las universidades deben reforzar en su interior “una cultura a la no violencia hacia las mujeres y por motivos de género”.

“Tenemos muchos retos en el tema de la implementación de los protocolos. Debemos ser bien críticas porque tener un protocolo no es el fin de la violencia de género en las universidades. No bastan las normas y protocolos, y sí hay que involucrarnos, porque pareciera que las unidades o los centros de atención son los responsables de atender la violencia. Pero no: ahí somos todas, somos el estudiantado, el profesorado, etcétera”.

A ello, Celia Magaña comentó:

“Si bien yo considero que es un logro bien importante el avance en el marco normativo, el protocolo y el primer contacto tengo que decir que es muy necesario pero no es suficiente. No es suficiente por la sencilla razón de que el principio de equidad de género que rige en la UdeG tiene que ser traducido a las prácticas cotidianas y ahí es donde algo se pierde en el camino”.

Para explicarse de mejor manera dio un sencillo ejemplo: “Aún ahora recibo algunas constancias que dicen profesor y no profesora”, y aunque esto lo mencionó en un tono ligero, profundizó:

“Luego tenemos que estar reivindicando hasta la constancia y esa energía que estamos invirtiendo la deberíamos estar invirtiendo en otra esfera de la lucha, pero ¿están de acuerdo que también vamos a pelear por la constancia? Es por la lucha simbólica del feminismo”.

Otro reto, reconoció:

“es la, además, fundamentada desconfianza institucional, que no es solamente al interior de la Universidad sino también fuera. Las mujeres y hombres que sufren violencia no necesariamente están obligadas a denunciar y están en todo su derecho porque las instituciones no necesariamente encuentran un camino fácil”. 

Érika Loyo, además de considerar que la UdeG no ha logrado trabajar con las disidencias sexuales y las diversidades sexo-genéricas, coincidió en cuanto a la pérdida de confianza:

“sí tenemos que fortalecer una cultura de la denuncia pero al mismo tiempo tampoco etiquetar a quienes no quieren seguir un proceso de denuncia y entender qué es lo que esperan”, concediendo: “a veces tardamos demasiado en investigar”.

Una perspectiva desde colectivas

En el evento también se encontraban Alba Villanueva y Jessica Cisneros integrantes de la colectiva Laboratorio de Formación de Activistas LGBT+ y Ellas x Igualdad A.C., que ofrecieron un testimonio sobre estos avances y retos.

Alba comentó:

“Hay muchísimo trabajo Hay colectivas al interior de la Universidad que trabajan con temas de diversidad pero no son visibles. Las maestras lesbianas son invisibilizadas. Los maestros homosexuales siguen siendo terriblemente estigmatizados el sindicato no trabaja con temas de diversidad sexual”.

En cambio, Jessica criticó:

“A mí se me hace, lo que dijeron, una simulación. Les falta muchísimo realmente creo que nos falta muchísimo, pero hay que empezar desde el ego que se tiene, y sí me atrevo a decirlo: desde el ego que tienen las funcionarias que se creen tener perspectiva de género y creo que se quedan muy cortas”.

También, se planteó a ambas la pregunta de si se vive la apertura al diálogo que Érika Loyo mencionó en el panel, Alba contestó primero:

“Yo en lo particular trabajo de cerca con la doctora . Sé que está abierta, pero también sé que el reto es gigante. En la Unidad de Igualdad son muy poquitas mujeres; la Universidad es gigante. Entonces creo que el asunto no sólo es para la doctora Érika, también es para nuestra universidad. Si nuestra universidad no trabaja, no aporta también en lo económico para reforzar la igualdad, la doctora Érika no va a poder porque no es ella ni las chicas”.

En su opinión, se trata de un ejemplo de cuando, estructuralmente, se le pide a las mujeres en cargos de toma de decisiones hacer “más con menos”. En cambio, Jessica contestó:

“Creo que sí les falta mucho. Yo se que no está solo en ellas, que también la simulación está en la simulación que tenemos desde la paridad Para mí todas las colectivas trabajamos desde nuestra trinchera y empujamos desde nuestra trinchera, pero sí les falta”.

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Andrés De la Peña
Andrés De la Peña
Periodismo y Relaciones Internacionales. Sostenibilidad e interseccionalidad.

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