Sacerdotes de la Diócesis de Culiacán abusaron de adolescentes durante años

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Todo comenzó en redes sociales, y pronto llegaron más denuncias de abuso sexual por parte de sacerdotes de Culiacán. Los principales señalados: Cristian Emmanuel Romero, Óscar Daniel Ramírez, Antonio Flores, José Luis Naranjo y Petronilo Tolentino Núñez.

Texto: Marcos Vizcarra / Revista Espejo

Foto: Especial

CULIACÁN, SINALOA. – Todo comenzó con una denuncia en redes sociales, sin nombrar a una persona específica, pero quien lo escribió hizo un llamado con un eco histórico para desatar denuncias de abuso sexual cometido por sacerdotes de la Diócesis de Culiacán contra adolescentes.

Se preguntó en el foro si nadie iba a denunciar al “padre buena onda” y así se rompió el silencio de mujeres y hombres que fueron abusadas sexualmente, que sufrieron tocamientos, acosos y más posibles crímenes.

En algunos casos se denunció penetraciones, en otros se describió cómo sacerdotes llevaron a jóvenes a moteles y los violaron, mientras les decían que “Dios siempre busca el mal menor”. Les hicieron creer que esos abusos era por decisión de Dios.

“Hubo personas que se vieron identificadas, no solo con ese padre que denunciamos. Nos empezaron a contar de muchos sacerdotes más”, dijo una mujer que se sumó a esas denuncias, pero de quien Revista ESPEJO resguardará su anonimato por su seguridad y la de sus compañeras.

El primer sacerdote nombrado fue Cristian Emmanuel, un cura que incursionó en grupos juveniles y de profesionistas, miembro de movimientos religiosos a la orden de la Iglesia Católica, entre ellos uno llamado Arcoiris.

Ese movimiento es exclusivo para adolescentes entre los 14 y los 17 años. Para pertenecer debe pasarse por un proceso que comienza con un retiro coordinado por un grupo núcleo de jóvenes y al menos un sacerdote asesor.

En la Diócesis de Culiacán (el distrito o territorio cristiano en el que tiene y ejerce jurisdicción la Iglesia Católica en Culiacán) ese movimiento debe servir para la sanación de adolescentes con problemas de violencia familiar. Quien dirige el movimiento son sacerdotes asesores y seminaristas asignados. Ahí, entre esos últimos, estuvo el sacerdote Cristian Emmanuel.

“Cuando lo denunciamos, nos habían dicho que debía ser de hechos recientes, porque antes ya había sido denunciado y lo que hicieron fue darle terapia. Por eso nos dijeron que debían ser denuncias después de las terapias que recibió”, narró otra mujer en entrevista.

Ese caso junto con otros más se expusieron en julio de 2022 ante un sacerdote de nombre Jaime Homero, encargado de un tribunal eclesial. Luego de escucharlas, las volvió a citar para pedirles pruebas documentales como fotografías, conversaciones telefónicas en mensajes o cualquier otra que sirviera como evidencia de lo que decían era verdad.

“Cada vez nos pedían más cosas y al final nos dijo que esto era muy largo, que podía tardar tanto como para llegar al Vaticano. Todas nos sentimos desalentadas”, mencionó una de las mujeres que decidieron contar su testimonio.

Esa denuncia grupal con el acuerpamiento de un grupo numeroso de mujeres que supieron que no habían sido las únicas y que podían apoyarse entre ellas, pues hubo miembros de la Diócesis que les pidió silencio para “evitar hacer daño a la Iglesia“.

Les hicieron sentir que hablar y denunciar abusos de sacerdotes y ministros de la Diócesis de Culiacán haría daño a la Iglesia.

“Nosotras no queremos hacer un mal a la Iglesia, sino que queremos que esos sacerdotes no estén a cargo de jóvenes y que sigan abusando de ellas con el poder de la sotana”, señaló una de las jóvenes.

Las jóvenes firmaron su denuncia ante el cura Jaime Homero, pero no les dio una copia ni constancia de la misma. Un año después, ya no supieron qué pasó con sus casos, solo que el sacerdote permaneció al frente de grupos juveniles en el templo Virgen del Carmen.

Estas jóvenes decidieron romper el silencio, usaron sus cuentas de redes sociales y luego llegaron más historias en las que se acusó a más sacerdotes.

Las denuncias describen abusos sexuales, tocamientos, acosos con comentarios en connotación sexual.

En todas estas denuncias hay un patrón: son hombres que desde sus posiciones como líderes de la Iglesia cometieron abusos. Cada uno de los sacerdotes habrían cometido esos abusos en momentos clave, cuando eran asesores de movimientos de la Iglesia Católica.

Cuatro de ellos: Cristian Emmanuel Romero, Óscar Daniel Ramírez, Antonio Flores y Petronilo Tolentino Núñez fueron líderes del movimiento Arcoiris, tuvieron jerarquías y tratamiento con mujeres y hombres adolescentes.

Además, el cura Antonio Flores enfrenta ahora también una denuncia penal por violación de un muchacho mientras este cursaba su formación sacerdotal en el Seminario Menor de Culiacán. Se trata de una escuela de adolescentes donde se preparan para ingresar al Seminario Mayor. Ahí estudian Filosofía y Teología en nivel licenciatura para después ordenarse como sacerdotes.

El adolescente creció y rompió su silencio. Ahora Antonio Flores es investigado por la Fiscalía General de Sinaloa bajo el delito de abuso sexual.

Hay otro sacerdote, de nombre José Luis Naranjo. Dirigió un movimiento de nombre Kairós en el municipio Salvador Alvarado. En este también se trata con adolescentes y jóvenes, pues el interés de este es la formación de líderes para la Iglesia.

Las denuncias contra él también surgieron desde jóvenes que señalaron insinuaciones, situaciones de acoso y la violación de un joven.

Los sacerdotes Javier Navarro (izquierda) y Esteban Robles (derecha). Foto: Especial

“Esto es inédito»: Diócesis de Culiacán

Las denuncias se comenzaron a hacer a partir el 8 marzo, Día Internacional de la Mujer. Una fecha en que se conmemora la lucha de mujeres y que se convirtió en uno de lucha y protesta por los derechos de las mujeres en el Mundo.

Esa lucha ya provocó cambios sustanciales, entre ellos el derecho al aborto y el de paridad de género en espacios públicos. Ha roto con el llamado “techo de cristal” impuesto por el machismo, que no es otra cosa que el bloqueo a oportunidades sociales, laborales, culturales y más hacia mujeres, así como el que ellas puedan lograr el mismo reconocimiento todas las instancias y niveles.

Esa lucha también provocó que instituciones como la Iglesia Católica abriera espacios de escucha a mujeres y hombres víctimas de abusos, según explicó Javier Navarro, cura responsable de la comisión de abusos a menores y grupos vulnerables de la Diócesis de Culiacán.

Esta comisión se abrió en Culiacán como en otros lugares en el mundo por denuncias de abusos en todo el mundo por parte de sacerdotes, obispos y ministros de la Iglesia que sostuvieron posiciones de poder.

El más conocido mundialmente es el de Marcial Maciel Degollado, quien fundó el movimiento católico Legionarios de Cristo.

En ese movimiento se cometieron centenas de abusos sexuales que han sido conocidos por movimientos de denuncia similares al de las jóvenes que ahora denunciaron en la Diócesis de Culiacán.

“Pedir perdón es necesario, pero no es suficiente”, expresó Esteban Robles, sacerdote vocero de la Diócesis de Culiacán, citando lo que el Papa Francisco recitó la misma semana en que surgieron las denuncias contra curas en Sinaloa.

Ambos sacerdotes reconocieron las denuncias y anunciaron la suspensión temporal de los cinco curas denunciados como parte de un proceso de investigación interna.

–¿Por qué no se les apartó antes?

–Cuando nosotros nos damos cuenta, eso se toma en cuenta–, respondió Robles

–Pero existieron denuncias desde hace un año

–Cuando llega una denuncia, obviamente que se toma en cuenta. A la calidad y cantidad de información, se actúa.

–¿Por qué siguió este sacerdote?

–Se tiene que ver la denuncia.

–Esto surge por un movimiento de denuncias, ¿pero antes había pasado?

–Esto es inédito. Cuando yo empiezo mi trabajo como vocero, en 2002, apareció un caso en Los Mochis que se desestimó porque se comprobó que había testigos comprados…

Para la Diócesis, los abusos denunciados son casos inéditos, y ahora enfrentan un proceso nada menor, en el que se detalla que por años han ocurrido actos que dentro de la Iglesia no solamente son delitos, sino también son pecados que se debieron confesar entre curas para seguir ejerciendo como sacerdotes.

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Esta nota fue publicada por REVISTA ESPEJO, parte de la alianza de medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leerla. 

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1 COMENTARIO

  1. Las iglesias como ésta o de otra orden religiosa son una peste que contamina la conciencia. Su existencia es un oprobio a la civilidad que en su actualidad reclama un espíritu de libre voluntad que sepa vivir la vida con las directrices dictadas por los propios instintos que alejados de una moralidad religiosa o mística busque vivenciar lo mejor para sí.

    Estos criminales sexuales que ha reprimido sus instintos por años, se enferman y cometen estos actos con personas vulnerables que han depositado su confianza en ellos. Por eso han de ser enjuiciados y condenados por la ley como delincuentes que recibirán como terapia la cárcel.

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