La tribu rota

Oxímoron 

Por Andy Hernández Camacho: La Mamá Cósmica / @andybrauni/ @lamamacosmica

Hace dos meses la tribu que me sostiene se rompió…literalmente. Mi mamá que siempre ha sido mi mayor apoyo sufrió una caída que la mandó al quirófano y después a la cama…esto ya en sí hubiera movido la red que en mi familia me sostiene y más a partir de la maternidad, pero además el papá de mi hijo, con quien desde hace dos años ejercemos la co-crianza en separación, estaría varias semanas trabajando fuera de la ciudad… el caos parecía inminente. 

En medio del huracán que representaba resolver la logística para que día a día mi hijo fuera cuidado y llegará de lunes a viernes a la escuela, su espacio primario de socialización con otres niñes, comencé a reflexionar (y no he parado de hacerlo en las última semanas) sobre la crianza en tribu, en comunidad, pero además se volvió aún más evidente como los cuidados y, por ende, las personas que realizamos este trabajo genuinamente sostenemos a la sociedad. 

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en México 70 por ciento de las labores de cuidado son realizadas por mujeres, y aunque lentamente los hombres también los están asumiendo y hace dos años durante la pandemia, el índice de personas de sexo masculino que se hicieron cargo de estas labores alcanzo el 27 por ciento. Pero la cifra que en verdad impacta es la del valor económico que este trabajo de cuidados representa para el Producto Interno Bruto (PIB) en nuestro país: 26.3% y lo que debería indignarnos es que el trabajo doméstico que supera a industrias como el comercio, transporte y de manufactura, ni siquiera aparece en las estadísticas económicas porque no se percibe un ingreso económico. México mágico verdaderamente…

Dice la escritora británica Jane Howard: “Llámalo clan, llámalo red, llámalo tribu, llámalo familia: como quieras que lo llames, quien quiera que seas, necesitas una” y en los últimos meses es la frase que mejor describe mi sentir y sobre todo a mi red de apoyo que desde la ahijada que levantaba a Nicolás todos los días, lo cambiaba y le preparaba desayuno, pasando por la tía que llevaba todos los días a mi hijo a la escuela, hasta la tía madrina que lo recogía al terminar la jornada escolar o el abuelo que se quedaba cada que le era posible a cuidarlo junto a la abuela que desde su cama seguía jugando con él para acompañarlo hasta que su mamá regresaba de trabajar… todes fueron las manos y los abrazos que quizás sin saberlo me ayudaron a sentirme segura, cuidada y contenida.

Definitivamente para mí es en la maternidad cuando más necesitamos una comunidad, una familia o tribu, porque es en este grupo de personas (cuya existencia agradecemos todos los días) donde encontramos un refugio incondicional que nos permite sentirnos acompañadas, y es que habitamos un mundo que tan individualista, en donde cuesta demasiado encontrar y hacer COMUNIDAD. Muchas veces, incluso, buscamos hacer comunidad a través de las redes sociales. Yo he tenido la fortuna de encontrarme con maravillosas tribus virtuales, que a la distancia se han convertido también en apapachos y compañía. Y con seguridad puedo decir que es también de esta necesidad de sentirme acompañada, que surgió el proyecto de La Mamá Cósmica, compartir mi maternidad aunque sea virtualmente, me genera la certeza (en medio de tanta incertidumbre) de que no estoy sola en este complejo proceso y eso se agradece infinitamente. 

La red de apoyo para las madres y todas las personas que cuidamos hoy en día parece estar sujeta al apoyo familiar o de personas cercanas, y se ha olvidado lo fundamental que es y lo perjudicial de no tenerla. Si analizamos las consecuencias de un sistema de cuidados nacional inexistente, tendríamos que nombrar la violencia económica, que sufren especialmente las mujeres al no tener las condiciones para integrarse al mundo del trabajo remunerado y es que cuando lo hacemos nuestras opciones son asumir las dobles jornadas aunque solo recibimos pago por una de ellas, delegar el trabajo de cuidados y del hogar a otras mujeres o sino se puede costear esto último y si no se cuenta con apoyo por parte de familiares u amigos, simplemente no participar en el mercado laboral. Y desgraciadamente el no tener ingresos propios es, en muchos casos, una razón más para que se perpetúen otras modalidades de violencia…física, psicológica…y quedarnos en espacios que no son seguros para nosotras y nuestrxs hijes. 

Y entre todas estas reflexiones para cerrar este 2023 lo único que me queda más claro que nunca es que sin esa red de apoyo que me salvó y al niño astronauta durante un mes que pareció eterno pero que también me recordó porque la crianza debería ser en tribu, y que soy afortunada de tener una familia con abuelxs, madrina, padrino y tías incluidas que están ahí (afortunadamente) y que me llevaron a reflexionar, una vez más, sobre la URGENCIA de construir un sistema de cuidados y políticas públicas de calidad e incluyente que sostengan a quienes lo realizamos, me parece que entonces las redes de apoyo dejarán de ser un privilegio y serán nuestro derecho. 

Dicen que se necesita una tribu para criar niñas y niños, a mí me parece que lo que se requiere es una tribu para apoyar a mamá, pero sobre todo que deberíamos ser TRIBU para cuidarnos todes. 

P.D. Esta columna es un agradecimiento con el corazón a todas las personas que durante los últimos meses fueron parte del rompecabezas logístico para lograr que el niño astronauta llegará todos los días a la escuela, que su mamá pudiera respirar aliviada y sentirnos apapachadxs. Lxs queremos mucho…

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Oxímoron
Oxímoron
Andy Hernández Camacho es maternofeminista, profesora de literatura, comunicóloca pública, sentipensante, gestora de procesos comunitarios en distintos espacios, siempre en deconstrucción. Actualmente, reflexionando en tribu sobre maternidades desobedientes y las distintas narrativas para nombrar el trabajo de cuidados a través del proyecto La Mamá Cósmica. También es maestrante en gestión y desarrollo social.

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