El primero

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

El primer paso siempre es el más difícil.

A veces hay que hacer un esfuerzo sobre humano para dar el paso que se necesita para dejar la cama la mañana después de un día horrible o la mañana después de un día cualquiera o la mañana previa de un día horrible como cualquiera; para salir de la casa y, a veces, para regresar a casa; para entrar en ese trabajo nuevo, para entrar en ese trabajo que nos tiene al borde del colapso, para dejar ese trabajo que no queríamos dejar; para cambiar de vida, para dejar las certezas, para enfrentar la incertidumbre; para entrar en un lugar donde no sabemos qué hay, para entrar en un lugar donde ya sabemos qué hay y que sabemos que no nos gusta; para tener esa conversación que preferimos evitar porque una vez que la tengamos seguramente habremos de dar otro primer paso.

El primer paso siempre es el más difícil, pero siempre hay que darlo. Aunque no sepamos cómo, aunque no queramos, aunque sepamos que no queremos, aunque no podamos.

Una vez, hace muchos años, estaba yo parado al pie de una grúa mientras una canastilla descendía. En ella bajaba una chica, pálida y aterrada, mientras un chico le quitaba los arneses. Ella había subido no recuerdo cuántos metros —pero eran muchos metros— y allá, arriba de nuestras cabezas, en el último momento no se animó a dar el primer paso y entonces tuvo que bajar de nuevo, pálida y aterrada, mientras una muchedumbre gritaba y se reía mientras un chico le quitaba los arneses que luego habría de ponerme a mí, que subí a la canastilla y empecé a subir muchos metros mientras iba palideciendo. “Voy a abrir la puerta, te vas a parar en ese borde y cuando cuente tres vas a saltar”, dijo el chico cuando terminó de ponerme los arneses y de sujetar los ganchos mientras yo veía la altura y las cabezas muchos metros debajo de la canastilla y escuché el sonido del pasador cuando abrió la pequeña puerta y vi el borde y saqué la punta de los pies y escuché “Uno” y tragué saliva y me aferré a los costados de la canastilla y escuché “Dos” y me acordé de la chica que bajó pálida y aterrada y escuché “Tres” y titubeé pero luego di el paso y brinqué y caí al vacío y sentí el viento en la cara y la velocidad en el cuerpo y las cabezas acercándose a mí mientras yo me precipitaba sobre las cabezas hasta que la liga de seguridad que me sujetaba con los ganchos y con los arneses se estiró a su nivel máximo y entonces sentí el jalón en la espalda que me llevó de nuevo hacia arriba para luego dejarme caer y así varias veces hasta que perdí el impulso y quedé colgando mientras la canastilla bajaba de nuevo mientras mi respiración y mis palpitaciones y mi cuerpo entero bullían de adrenalina.

Desafortunadamente, en la vida pocas veces caemos con liga de seguridad. Y de todos modos hay que dar el paso, hay que salir de la cama, hay que entrar a donde no queremos entrar y salir de donde no queremos salir. Y avanzar con el vértigo perforándonos el pecho y abriéndonos un hueco en la boca del estómago.

A veces, muchas veces, enero tiene ese aire de primer pasoque no queremos dar. De tarea que no queremos enfrentar. De trabajo que no queremos hacer. De brinco que no queremos dar. Pero la vida avanza y no se detiene y nos jala y nos empuja y nos arrastra y aunque no queramos, aunque no sepamos cómo, aunque sepamos que no queremos, aunque no podamos, hay que avanzar y dar el paso y saltar y caer y hacer una liga de seguridad con todas las personas que tenemos a nuestro lado y que también saltan y caen sintiendo el aire en la cara y la velocidad en el cuerpo y el vértigo como un hueco en la boca del estómago sabiendo que al lado estamos otras personas que somos, a su vez, su propia liga de seguridad que se va a estirar hasta donde sea posible, hasta donde más se pueda.

Que sea un buen año para todes, aunque el cabrón nos arrastre.

Comenzamos.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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