#ZonaDeOpinión
Por Anashely Elizondo / @Anashely_Elizondo
Ilustración: @corresdecorrer
Quisiera sorprenderme, pero ya no lo hago. Ya no es asombro lo que se anida dentro de mis entrañas si no miedo, enojo, rabia, hartazgo.
Yo creo que ya nadie se impresiona al ver los arreglos premundialistas en el Paseo Chapultepec, aquellos que empezaron desde el norte, allá por avenida México, cerrando, una vez más y sin previo consenso, aquel sitio recreativo, artístico y cultural. No olvidemos que en aquel rumbo, artistas utilizaban el andador para vender cuadros, fotos, ilustraciones, postales, pulseras y más. Ahora ya no. Está cubierto, todo, evitando que podamos ver lo que sucede adentro, lo que construyen y a su vez, destruyen.
Esa construcción poco anunciada pero claramente esperada, avanza, poco a poco, llevándose consigo cada vez más y más del andador. Ha llegado ya a Morelos y pronto a la avenida Vallarta. Se aproxima, puedo sentirlo; aquel lúgubre alambre sin color, aquella malla fascista, impuesta, prohibicionista, aquella que dice “no puedes ver, no puedes pasar, no puedes, no”, aquella que hace lo que quiere, sin que nadie lo impida, aquella que quiere pulirlo todo, sin dejar rastro de quienes estuvimos ahí: protestando, bailando, gritando, amando.
Sabemos que se aproxima, cada vez más, a aquel antimonumento que te derrumba y que como local te deja helado, esa glorieta imponente que muestra la cara y el nombre de muchas de las miles de personas desaparecidas en el estado de Jalisco los últimos años, misma que ha dejado el rostro de los Niños Héroes muy atrás, oxidados y olvidados por aquellos ojos que los perciben.
No podemos permitir que se acerquen, no podemos permitir que en nombre de la “reconstrucción” “la paz” “el orden” y la preocupación de la mirada ajena sean los motivo de la destrucción de aquel sitio que ha sido apropiado por las familias, los colectivos y la sociedad. Ya lo han hecho antes, lo sabemos; en el centro histórico donde las fichas de búsqueda no duran más de 24 horas o, incluso, en la misma Fiscalía del Estado, donde los rostros son arrancados sin temor a ninguna represalía.
¿Es que acaso no les interesa? ¿No pueden siquiera respetar el dolor ajeno, la protesta, la intervención? ¿A quiénes están protegiendo? ¿Cuáles son sus verdaderas motivaciones? Lemus lo pronuncia siempre que puede, busca que Guadalajara sea aquella ciudad utópica del “primer mundo” y al “estilo Jalisco” derrumbar todo lo que para él sea un símbolo de la ineptitud de su mediocre trabajo como presidente municipal y ahora como gobernador.
Que nada sucumba esos rostros. Que nada nos distraiga de aquellas losetas, carteles, lonas y pancartas. Que nunca olvidemos lo que es importante. Que no quitemos nuestros ojos de aquella glorieta ni de ningún antimonumento que pueda mostrar como son las cosas “al estilo Jalisco”.


