La CAMEX-1 representa la primera participación oficial de México en una campaña científica en la Antártida y se inscribe en su integración al Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR). Coordinada por la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos, con apoyo de instituciones internacionales, la expedición reúne a científicas y científicos mexicanos en proyectos enfocados en el estudio del cambio climático.
Por Vanessa Briseño / @nevervb
La Campaña Antártica Mexicana CAMEX-1 representa el primer esfuerzo institucional de México por establecer una presencia científica organizada en la Antártida. Esta expedición se enmarca en la incorporación del país al Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR), organismo del International Science Council, y se desarrolla bajo la coordinación de la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos, en colaboración con el National Antarctic Scientific Center de Ucrania y con el respaldo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.
Rosa Camacho, doctora en Ciencias en Procesos Biotecnológicos e integrante de CIATEJ, explicó en entrevista con ZonaDocs que CAMEX-1 significa Campaña Antártica Mexicana Uno y corresponde a la primera vez que México participa de manera oficial en una campaña científica en la Antártida. Señaló que, aunque anteriormente algunos investigadores mexicanos habían viajado al continente, lo hicieron por invitación de instituciones extranjeras y no como parte de un esfuerzo institucional del país. En este caso, se trata de una expedición integrada por un grupo de científicos mexicanos que acuden de forma organizada y representando oficialmente a México.
Detalló que una campaña de investigación implica el traslado de personal científico a la Antártida para desarrollar proyectos específicos relacionados con la ciencia. En esta primera edición, los proyectos están vinculados principalmente al estudio del cambio climático. La doctora remarcó que este fenómeno tiene un impacto global que también afecta a México y que “la Antártica permite observar de forma clara sus efectos, como el derretimiento de los glaciares”, lo que contribuye a una mejor comprensión de estos procesos a escala mundial.
Igualmente, explicó que la integración de México al Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR) es resultado de un proceso organizativo reciente. Señaló que México fue aceptado formalmente en el año 2021, luego de que la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA) articulara a investigadoras e investigadores nacionales interesados en la ciencia antártica.
Detalló que este esfuerzo fue impulsado por científicos mexicanos, entre ellos el doctor Pablo Lepe y la doctora Patricia Valdespino, quienes promovieron reuniones académicas para consolidar una comunidad científica con capacidad de solicitar el ingreso al SCAR. Una de estas reuniones se realizó en el CIATEJ, unidad Zapopan, con la participación de la Red Mexicana de Extremófilos y la propia AMEA, donde se discutió la importancia de integrarse a este comité internacional.
Indicó que el SCAR funciona como una comunidad científica internacional dedicada a la investigación en la Antártida, bajo el principio de que este territorio se preserve como un espacio para la ciencia y la paz. La aceptación de México en este organismo abrió la posibilidad de participar de manera más directa en proyectos antárticos y de establecer vínculos formales de cooperación científica con otros países.
En ese marco, explicó que la participación de la CAMEX-1 fue posible gracias a la colaboración con Ucrania. La embajada de ese país en México ofreció apoyo a la AMEA, lo que permitió el traslado de científicas y científicos mexicanos a través de un buque rompehielos ucraniano desde Punta Arenas, Chile, hasta la base científica de Ucrania en la Antártida.
La doctora subrayó que esta cooperación internacional es clave debido a que México no cuenta con base científica ni con buques rompehielos propios para operar en la región antártica. En ese sentido, la integración al SCAR y el apoyo de otros países “permiten que México participe en investigaciones de alcance global y fortalezca su presencia científica” en un territorio estratégico para el estudio del planeta.
Agregó que desde el CIATEJ, se está trabajando sobre un proyecto enfocado en el estudio de microorganismos antárticos para comprender el cambio climático. Explicó que esta investigación se inscribe en una línea de trabajo del CIATEJ dedicada a los microorganismos extremófilos, desarrollada desde hace más de 17 años, centrada en organismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas como las bajas temperaturas de la Antártica.
Detalló que el objetivo principal es entender cómo estos microorganismos, acostumbrados históricamente a temperaturas muy bajas, responden al aumento reciente de la temperatura global. En particular, se busca identificar los mecanismos que han desarrollado para adaptarse a estos cambios, lo que permite analizar los efectos del cambio climático a nivel microscópico y con implicaciones más amplias para la comprensión de estos procesos.
La doctora mencionó que este conocimiento también tiene aplicaciones prácticas. Indicó que las capacidades de adaptación de estos microorganismos pueden aprovecharse en biotecnología para el desarrollo de nuevas moléculas con uso potencial en las industrias alimentaria, cosmética y farmacéutica. Precisó que, por ejemplo, la doctora Georgina Sandoval se enfocará en el estudio de levaduras y microalgas, mientras que ella trabajará con bacterias y arqueas, con el fin de analizar tanto su respuesta al cambio climático como el posible aprovechamiento de las moléculas que producen.
Por otro lado, aclaró que las y los científicos que participan en la CAMEX-1 han recibido, desde el año pasado, una serie de capacitaciones diseñadas con apoyo de la embajada de Ucrania y de colegas con experiencia previa en la Antártida. En estas sesiones se abordan temas de seguridad y, de manera central, la responsabilidad ambiental que implica trabajar en ese territorio. Señaló que existen reglas estrictas sobre el manejo de residuos y que está prohibido dejar cualquier objeto o basura.
Remarcó que las capacitaciones establecen con claridad qué prácticas están permitidas y cuáles no, con el objetivo de reducir al mínimo la intervención humana en ecosistemas con poca presencia previa. Esto incluye no introducir contaminantes externos, no alterar la fauna silvestre y limitar al máximo la perturbación durante la toma de muestras. Subrayó que “estos protocolos forman parte de una preocupación compartida por todas las bases científicas que operan en la Antártica”.
La doctora Rosa añadió que la investigación científica en la región también se concibe como una forma de contribuir a la comprensión del cambio climático y de sus efectos globales, incluidos aquellos que impactan a México. Explicó que el deshielo de los polos tiene consecuencias directas en el aumento del nivel del mar y en la afectación de ecosistemas costeros. Además, destacó que las muestras biológicas recolectadas se resguardan como parte del patrimonio biocultural internacional, con el compromiso de conservar la biodiversidad ante un contexto de cambio climático acelerado.
Hacia el cierre, destacó que uno de los beneficios a largo plazo de la CAMEX-1 es la continuidad de la cooperación científica internacional, con el objetivo de que México pueda participar en futuras campañas antárticas con el apoyo de los países miembros del SCAR. Comentó que la generación de conocimiento científico no debe permanecer únicamente en el ámbito académico, sino compartirse con la sociedad, por lo que la divulgación ocupa un lugar central dentro de este esfuerzo.
En ese sentido, el CIATEJ y la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos firmaron un convenio de colaboración que incluye de manera explícita la difusión de los resultados científicos. Explicó que divulgar el conocimiento permite que la sociedad se apropie de él, en un contexto marcado por la desigualdad en el acceso a la información científica. Añadió que esta labor se fortalece a través de áreas especializadas en divulgación, así como por la participación directa de investigadoras e investigadores en medios, redes y espacios públicos.
Así mismo, comentó que los beneficios científicos y sociales de la campaña se observarán principalmente a largo plazo, debido a que los procesos de investigación requieren tiempo. Explicó que el análisis de las muestras recolectadas en la Antártida puede llevar varios años antes de generar resultados aplicables, pero que “la divulgación del trabajo comienza desde ahora”. Subrayó que, aunque la ciencia avanza de forma gradual, los conocimientos obtenidos pueden aportar a la comprensión de la crisis climática y a su impacto en la sociedad mexicana en el futuro.
Finalmente, la doctora Rosa expresó su agradecimiento a la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos por la invitación a participar en la campaña, así como a la Universidad Nacional Autónoma de México y a la doctora Patricia Valdespino por integrarlas al proyecto. Reconoció el trabajo conjunto con investigadoras e investigadores de diferentes centros universitarios, quienes colaboran de manera directa en el proyecto de microbiología.
También agradeció a las y los patrocinadores que han apoyado económicamente al proyecto, así como a quienes han contribuido económicamente para hacer posible la participación mexicana en la campaña. Señaló que, ante la ausencia de financiamiento gubernamental para el viaje, investigadoras e investigadores de distintas instituciones “aportaron recursos propios para cubrir diversos gastos, apoyo que permitió concretar esta participación científica”.


