La calle del Turco
Por Édgar Velasco / @Turcoviejo
A mediados enero del año pasado, mis hijos me dijeron: «Hay que escuchar el nuevo disco de Bad Bunny». Se referían, por supuesto, al muy celebrado y hoy multipremiado DeBÍ TiRAR MáS FOToS, sexto álbum de estudio del cantante puertorriqueño. «Ni volviendo a nacer vamos a poner un disco de Bad Bunny», respondí sin saber en ese momento que más pronto que tarde habría yo de comerme mis propias palabras a ritmo de reguetón, salsa, bomba y plena: no fue necesario volver a nacer para que pocos días después sonaran en el auto “NUEVAYoL”, “DtMF” y “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”. Como suele ocurrirme cada tanto, cuando me di cuenta ya estaba yo sumergido en el torbellino llamado Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido por todos como Bad Bunny.
Antes del lanzamiento del DeBÍ TiRAR MáS FOToS nunca había escuchado una sola canción de Bad Bunny. Como buena parte de mi generación, sentía una aversión hacia su proyecto musical —aunque, hay que decirlo, el boricua tiene detractores de todas las edades, géneros, nacionalidades y cualquier categoría que se les ocurra—, una aversión que, lo reconozco, no tenía un solo argumento. Desde la completa ignorancia, coincidía con las ideas que me topaba por todas partes: que si qué vacío el reguetón, que si qué vulgares sus letras, que si qué horrible canta, que si ni siquiera habla bien, que no se le entiende nada. Todo esto, repito, sin haber escuchado una sola canción de Benito. Ni una sola.
Pero la cosa cambió cuando me di la oportunidad, como dice el lugar común, no sólo de oír, sino de escuchar a la que debe ser una de las voces más reconocidas del primer cuarto del siglo XXI —no en vano canta en uno de sus temas: «Y sin decir mi nombre, tú conoces mi voz»—: me enganché con el disco, primero; después, con su presentación en el Tiny Desk, y me fui volviendo un consumidor habitual de la música de Bad Bunny a lo largo del año: exploré toda su discografía y cuando menos me di cuenta ya era un consumidor cautivo de los contenidos que todos los días me arroja el algoritmo: lo he visto en una presentación sorpresa en el metro de Nueva York, cantando en el techo de una gasolinera, actuando en sketches televisivos, jugando dominó en las calles de San Juan y, por supuesto, en los cientos de clips de los conciertos de la residencia que ofreció en Puerto Rico a mediados del año pasado y en los conciertos que ha venido ofreciendo en diferentes ciudades como parte de su tour mundial.
(Buena parte de la ruta que seguí en este descubrimiento y posterior exploración la puse por escrito en el texto “El Año del Conejo”, que pueden leer en este enlace.)
El disco DeBÍ TiRAR MáS FOToS es, ya se ha dicho y repetido en cientos de espacios, un homenaje a su natal Puerto Rico en particular y a la cultura caribeña y latinoamericana en general. Es, también, un manifiesto que señala los procesos de colonización de los que ha sido objeto la isla desde hace más de cien años y una denuncia de los procesos de gentrificación que allá ocurren y que se repiten en muchos espacios de la región. Benito Antonio ha sabido usar las plataformas que obtuvo con Bad Bunny para posicionar un discurso que ha servido para reivindicar la identidad latina justo en una época en la que esta es duramente perseguida en Estados Unidos.
Conforme fui escuchando más y más canciones, me fue sorprendiendo la capacidad de Bad Bunny para convocar en sus letras cualquier cantidad de referencias provenientes de diversos ámbitos: cuando uno escucha con atención, descubrirá una gran cantidad de guiños y homenajes a otros músicos —clásicos como Maelo Ruiz, Tego Calderón o Willie Colón, o contemporáneos como Daddy Yankee, Eladio Carrión o don Omar, por ejemplo—, a deportistas —Juan Soto, Carlos Arroyo, J. J. Barea, Messi, Maradona, Verstappen, Checo Pérez, Ayrton Sena, LeBron James—, a actrices y actores, a personajes de la resistencia puertorriqueña como Eugenio María de Hostos y un largo y nutrido etcétera que incluye al caballo de carreras Vuelve Candy B.
Este rasgo es uno de los sellos distintivos de sus canciones y, supongo, uno de los factores que influyen en el impacto que tienen entre sus seguidores: Benito le canta a lo cotidiano y lo hace con un lenguaje desprovisto de oropel: está orgulloso de su jerga y, lejos de ocultarla, la usa como materia prima para confrontar a quienes confunden lo explícito con lo vulgar, que usan sin empacho esas expresiones cuando saben que nadie los ve pero que se escandalizan cuando escuchan salir del altoparlante líneas como «Si tu novio no te mama el culo, pa’ eso que no mame». Uno de los argumentos que más he leído o escuchado es que sus letras son misóginas, cuando en realidad tienen más reivindicación femenina que muchas otras canciones “menos vulgares”. Tres ejemplos: busquen y denle play a “Andrea”, “Bichiyal” y “Yo perreo sola”.
Además de la crítica a muchas de sus letras, uno de los argumentos que más repiten sus detractores es que Benito “no canta”, que sólo balbucea y que ni siquiera pronuncia bien las palabras. Lo que para muchos es defecto, creo que es una declaración de principios: ¿por qué habría de renunciar a su habla, a su acento, a sus palabras sólo para complacer a quienes tienen alergia a confrontarse con el otro? Cada vez estoy más convencido de que buena parte de la aversión que dicen tener muchos de sus detractores no tiene nada que ver con la música y sí con su rechazo al otro, al diferente, al que no es homogéneo. Y en eso, en ser diferente en un ambiente que busca homogeneizar, Benito es especialista: basta echar un vistazo a sus diferentes etapas para constatarlo.
Ahora bien, me queda claro que la gente de mi edad pueda tener dificultades para entrarle a la música de Bad Bunny. Si alguien me preguntara, y es claro que nadie va a hacerlo, yo recomendaría escuchar sus discos en este orden: DeBÍ TiRARMáS FOToS, Un Verano Sin Ti, YHLQSMDLG, nadie sabe lo que va a pasar mañana, EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDOy x100pre. Una vez que se abren los oídos y se derrumban los prejuicios, es fácil responder a la pregunta de cómo Bad Bunny va a ser rey del pop.
He venido pensando en todas estas ideas a propósito de la inminente presentación de Benito en el Super Bowl la próxima semana. Como muchas otras personas, tengo muchas expectativas sobre lo que a presentar el boricua en Santa Clara, California. Desde ya celebro las reacciones que ha provocado su designación para protagonizar uno de los shows más esperados del año: desde las rabietas de Donald Trump y sus fanáticos hasta los odiadores de redes sociales que se deshacen en insultos y ofensas en los comentarios de cuanta publicación menciona a Bad Bunny. Frente a tanto odio, parece responder con esa frase que es casi un mantra: «Mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda». Ya veremos qué pasa el 8 de febrero.


