Peguemos una cédula

Historias Cotidianas

Por Víctor Ulín

No hay descanso para las madres buscadoras de Jalisco. Su permanente lucha es titánica. Solo dos manos y una voz que no se apaga contra el Estado que quiere que ya no se hable ni mucho menos se difundan las cédulas de los hijos y padres que han desaparecido a lo largo de estos años y que suman casi 16 mil, según cifras oficiales.

El gobierno quisiera que las madres buscadoras tomaran sus palas, sus cartulinas, sus lonas y las cédulas de sus desaparecidos y se fueran a casa como si nada pasara.

Pero no hay descanso ni mucho menos desánimo. ¿Qué padres dormirían en paz mientras su hijo lleva años desaparecido o ayer ya no regresó del trabajo o de la escuela? Ni en una situación ordinaria hay tranquilidad mientras los hijos aún están en camino a casa.

Apenas amanece, la búsqueda reinicia en terrenos inhóspitos o en la ciudad. También marchan sobre las avenidas, se plantan a las afueras de Palacio de Gobierno o acuden a edificios públicos o monumentos a pegar las cédulas de sus familiares.

¿Y si ofrecemos nuestras casas para que nos peguen por lo menos la cédula de uno de los desaparecidos para ampliar la búsqueda y así pasamos de la empatía a la solidaridad en los hechos?

No hay mayor ofensa para el gobierno que el permanente recordatorio de su fracaso en la localización de los miles de desaparecidos y más si las paredes de sus oficinas son tapizadas con cédulas que muestran el rostro de la hija o el padre que no aparece.

El pasado 12 de enero el gobierno exhibió su propia fobia cuando fueron arrancadas de las paredes de la Secretaría de Seguridad Pública las cédulas que momentos antes habían pegado las madres y familiares integrantes del Colectivo “Luz y Esperanza Desaparecidos de Jalisco”.

La indolencia e indiferencia de quien o quienes ordenaron despegar las cédulas de un edificio público que nos pertenece a todos porque fue construido con nuestros impuestos, es proporcional al desinterés del gobierno y sus apéndices burocráticos para encontrar a los miles de tapatíos desaparecidos. Ilustra también la insensibilidad que corroe el corazón de los funcionarios y políticos que prefieren mirar a otro lado.

Que hayan permitido después que las cédulas fueran pegadas sin la amenaza aparente de quitarlas, no exime a los funcionarios de su indolencia.

Las madres buscadoras solo quieren encontrar a sus hijos y hacen y harán todo lo que sea necesario para lograrlo. Nada las detiene ni las detendrá, menos el gobierno que se ha convertido en un obstáculo y en otro adversario.

Con su errático desempeño y decisiones absurdas, el gobierno no hace más que redimensionar y ahondar la crisis que vive Jalisco y el país por los miles de desaparecidos, mujeres, hombres, jóvenes y adultos.

Ante la vergüenza que  ocultan o que deberían tener por su falta de resultados, los funcionarios optan por la represión silenciosa de la indiferencia o de la censura pública con la quita de las cédulas de los desaparecidos que han sido colocadas en postes, paredes y edificios públicos.

“Si así de rápidos fueran para actuar, muchas de nuestras hijas e hijos, hubieran tenido una oportunidad y estarían con nosotros, con sus familias. Condenamos estos actos que demuestran una terrible y total falta de empatía, soberbia y arrogancia”.

Los miembros del Colectivo Luz y Esperanza Desaparecidos ganan en razón, en voluntad y esperanza. Tienen el derecho de denunciar el acoso en su lucha y cuestionar el tortuguismo de las autoridades que siguen escamoteando el compromiso para de verdad asumir la búsqueda de los miles de desaparecidos que en gran medida solo siguen buscando los padres por su cuenta o los integrantes de colectivos que son la voz permanente de los que todavía no regresan a casa.

Los miles de rostros en las cédulas pegadas en las paredes son, para los funcionarios y nosotros, un grito ensordecedor que taladra y que por supuesto no desaparecerá por la censura. Al contrario: son nuestras conciencias que no nos darán paz hasta que los encontremos, como sea.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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