#ZonaDeOpinión
Por Anashely Elizondo / @Anashely_Elizondo
En cuanto me levanto ya me está presionando el pecho la idea de llegar tarde. Me apresuro siempre; como rápido, me baño deprisa, elijo los zapatos, las ropas que me van a cubrir. Me desespero, quiero ir más y más rápido, ir siempre pisándole los talones al reloj.
Sin embargo, no importa cuánto me haya apresurado, ni todo el tiempo que no le dediqué a mi desayuno o a mi vestimenta, porque hay cosas que no puedo controlar y que nadie me puede asegurar; entre ellas, la espera del transporte público.
Me traslado, día con día, del sur hacía el centro de la ciudad. Desafortunadamente, la centralización y el precio encarecido de la vivienda no hacen coincidir mi zona de trabajo con mi casa, por lo que tengo dos opciones para llegar desde mi hogar hacía el trabajo: Puedo tomar dos camiones y gastar 40 pesos al día (dos de ida, dos de regreso) o esperar más de una hora a que una de las rutas “nuevas”, que tienen como objetivo recorrer López Mateos, pueda llevarme a casa.
La ruta más cara tampoco es que haga el trayecto más sencillo; tiempos de espera largos, camiones llenos, insuficientes, sucios, viejos. El calor lo hace peor, ¿O era la lluvia? ¿O tal vez el frío? Tal vez lo es todo. La única certeza que tengo es que no están planeados para los usuarios y el pensamiento cochista ha hecho que las calles tampoco están hechas para esperar, transitar o transbordar en el transporte público.
Por todo ese tiempo de espera, que nunca va a volver, en lugares inseguros, lúgubres, sucios y hostiles. Por las veces que tuve que tomar un camión en el que no cabía ni una sola persona más. Por aquellas ocasiones donde se quedó varado por las inundaciones: sin olvidar cuando el camión se siguió de largo, cuando decidió cambiar de ruta o cuando se quedó varado, me opongo al tarifazo.
Porque 9.50 ya es excesivo para el servicio que recibimos. Porque no es un transporte universal. Porque pone en desventaja a las periferias. Porque no es un negocio. Porque la clase trabajadora se mueve en él, al igual que lxs estudiantes. Porque no es de calidad. Porque debería ser asegurado por el estado.
Es necesario hablar de esto, de cada una de las inconformidades que existen entre lxs usuarios. Es urgente, también, salir a las calles, gritarlo y hacer que se escuche. Salgamos a marchar el próximo 8 de febrero a las 11:00 de la mañana en la Glorieta Minerva. Dejemos en claro que no estamos en ninguna monarquía, en ninguna dictadura. El pueblo manda y lo que se exige ahora es un transporte público de calidad, seguro y accesible para todas, todos y todes.



