¿Quién cuida la salud mental de las y los alumnos de la Universidad de Guadalajara? 

A pesar de que la Universidad de Guadalajara (UdeG) ha implementado protocolos para la atención de crisis de salud mental, las tasas de intentos de suicidio y suicidio continúan en aumento. Además, la percepción de las y los estudiantes afectados no coincide con las medidas que la institución afirma haber incorporado a través de capacitaciones que le fueron otorgadas a través del Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME).

En esta investigación identificamos discrepancias significativas: entre los canales de comunicación entre el SALME y la UdeG, así como entre los departamentos o áreas responsables del acompañamiento psicológico de la comunidad universitaria, pero  sobre todo, entre lo que la institución asegura ofrecer y lo que realmente vive el alumnado cuando atraviesan situaciones de vulnerabilidad y riesgo.

Por Naomi Silva /@naomicaross (IG), Michelle Ayala / @mich_sinfiltro (IG), Alejandra Magaña / @alejandraa.mg (IG), Alexis Tovar / @TemoCAlexN (IG), Esteban García / @logan_wade.nl (IG), Ximena Sánchez / @monse_.lamas (IG) y Demian Romero / @dimitridemiaan (IG)

“Ninguna madre merece que le entreguen en bolsa negra a su hija”, era el mensaje contundente que una madre dirigió al Centro Universitario de la Costa en el marco de la protesta por el Día Internacional de la Mujer en Puerto Vallarta, el 8 de marzo de 2025.

Marisela De la Rosa, es una madre que ha denunciado de manera sistemática la impunidad alrededor del suicidio de su hija, Galilea Rizo de la Rosa. Un caso que, como muchos otros, pudo haberse evitado con la prevención, atención y empatía, rasgos que para la madre no aparecieron en el manejo que la Universidad de Guadalajara dio a su hija.

El suicidio es un problema de salud pública global y una de las principales causas de muerte en jóvenes de 15 a 29 años, esto conforme los datos del Programa MIDE Jalisco, registro estadístico que sistematizó, en 2024: 706 suicidios. La tasa de mortalidad por lesiones autoinfligidas en Jalisco fue de 8.2 por cada 100 mil habitantes, con información actualizada hasta marzo de 2025.

Lo ocurrido con Galilea, no es un caso aislado, pues entre 2017 y 2025, dentro de la Universidad de Guadalajara se han cometido 439 intentos y 14 suicidios, tanto dentro y fuera de las instalaciones de centros universitarios y preparatorias del Sistema de Educación Media Superior (SEMS), el cual depende de la UdeG.

Estas cifras, otorgadas por la Unidad de Transparencia de la UdeG, evidencian la necesidad de atender y acompañar la salud mental de la comunidad universitaria cuya red abarca gran parte del territorio jalisciense, al contar con 15 Centros Universitarios, 55 escuelas del SEMS, así como sus respectivos módulos y extensiones que suman un total de 155 planteles.

Galilea Rizo de la Rosa era una estudiante sobresaliente, sensible, con muchas habilidades, y sueños que no pudieron llevarse a cabo debido a la depresión y ansiedad que fueron estimuladas, en gran medida, por el acoso escolar que vivió y denunció en el Centro Universitario de la Costa, lugar en el que se quitó la vida, el 4 de septiembre de 2019. 

Más de seis años después su madre sigue exigiendo justicia por un suicidio, pues considera que éste fue provocado, pues ninguna autoridad atendió sus demandas de acoso que padeció de parte de compañeros, profesores y personal administrativo. Para su madre lo que le pasó a Galilea evidencia que la UdeG: “no garantiza ser un lugar seguro para nadie”. 

Marisela de la Rosa relató que su hija pidió apoyo a las autoridades escolares al informar que estaba siendo agredida por sus compañeros, que padecía depresión y que tomaba medicación para ello. “Les dijo que la ayudaran. Nunca la ayudaron. Las maestras le dijeron que sí, que no estaba sola, pero eso se quedó solo en palabras”, afirmó, al describir la falta de respuesta institucional pese a la condición emocional en la que se encontraba Galilea, misma que se agudizó tras ser víctima de acoso escolar.

Una incidencia a la alza

Preparatorias y centros universitarios han sido testigos —y han recibido notificaciones— desde 2015 a la fecha sobre suicidios o intentos de suicidio entre su comunidad estudiantil, siendo los centros universitarios con más casos el CuTonalá y CuAltos con 177 y 61 casos, respectivamente.

Esta situación llevó a que las autoridades implementaran protocolos y medidas a partir de 2017 con el objetivo de disminuir la incidencia; sin embargo, el impacto real de estas acciones sigue siendo limitado.

Uno de estos es el “Protocolo interno de atención psicológica”, que funciona para toda la Red y consisten en:

  1. Derivación a través de notificación por correo electrónico
  2. Atención presencial o virtual (Google Meet)
  3. Bienvenida y encuadre
  4. Personalización de ruta de acompañamiento
  5. Evaluación de la atención psicológica 

La Guía de intervención en casos de riesgo suicida en población universitaria, es un protocolo otorgado por SALME en noviembre de 2022 a la UdeG que se utiliza tanto para ideación suicida como para intentos de o suicidios, y que contemplan medidas que van desde acompañar a la persona en riesgo, detectar situaciones de alerta, así como dar atención a la comunidad universitaria tras el acontecimiento de un suicidio. Incluso, se establecen los pasos para notificar a la persona responsable de la atención o cómo comunicarse al 911 para solicitar ayuda inmediata.  

El  Instituto Jalisciense de Salud Mental y Adicciones (SALME), conforme datos otorgados por transparencia, señala que entre 2020 y 2024, ofreció apoyo y acompañamiento a 813 estudiantes derivados de SEMS por ansiedad, depresión y riesgo suicida. También, indicó, sin ofrecer datos, que durante ese tiempo capacitó a docentes y orientadores para identificar señales de alarma y brindar primeros auxilios antes de canalizar los casos.

La estadística proporcionada por la Unidad de Transparencia del SALME muestra que el problema es grave al interior de la UdeG, pues entre el 1 de enero de 2017 y  el 18 de octubre del 2025, registró las siguientes estadísticas.  

  • Suicidios registrados en planteles del SEMS: 3
  • Intentos de suicidios con registro en SEMS: 155
  • Suicidios registrados en Centros Universitarios: 10
  • Intentos de suicidios con registro en Centros Universitarios: 284 

Estadísticas que discrepan con las que la propia UdeG entregó a este equipo de investigación o, incluso, con algunos casos que fueron informados por los propios medios universitarios; por ejemplo, el 23 de febrero de 2018, ocurrió el suicidio de una estudiante al interior de la escuela Politécnica de Guadalajara; sin embargo, éste no aparece en el documento proporcionado en la respuesta a las solicitudes de transparencia que realizamos.

De todas formas, las cifras revelan un incremento importante en la demanda de apoyo psicológico: 

Mientras la demanda de atención en salud mental continúa en aumento, la capacidad institucional resulta limitada: en 2025 se reportaron únicamente 123 psicólogos activos para atender 140 planteles. En años anteriores, al preguntarle a la UdeG sobre el número de personal que acompaña a la comunidad universitaria en estos casos, no especificó cuántos profesionales estaban disponibles, lo que dificulta evaluar la evolución real de la cobertura. 

Atención a la salud mental dentro de la UdeG: planes con poca empatía

Para profundizar más en el tema de la salud mental, aplicamos una encuesta a 73 estudiantes de la Red Universitaria que tenían entre 15 a 33 años de edad. Que, si bien, no representa a toda la población estudiantil, sirve para analizar la situación.

Mediante una encuesta difundida en redes sociales durante el mes de octubre de 2025, pudimos darnos cuenta que las condiciones de salud mental que más destacan son: la depresión y la ansiedad. 

El SALME reconoce que aún existe un amplio desconocimiento entre la población estudiantil sobre cómo cuidar la salud mental. La institución señala que, tras la pandemia muchos jóvenes –especialmente preparatoria y universidad– perdieron habilidades sociales y comunicativas, lo que incrementó los casos de ansiedad, aislamiento y depresión, dichos padecimientos suelen ser antesala de ideaciones e intentos suicidas.  

La comunidad estudiantil afirmó en la encuesta que los protocolos de la UdeG, si bien, en algún momento se promocionan, no hay seguimiento y no se dan a conocer de una forma constante, lo que hace no tenerles confianza.

Esta misma encuesta les cuestionó sobre su han recibido algún tipo de acompañamiento a su salud mental de parte de la UdeG, a lo que respondieron que:

  • 76.7% nunca ha recibido ayuda psicológica en la escuela
  • 13.7% considera que la atención recibida fue eficiente
  • 9,6% si fue atendido, pero considera que no le ayudó. 

Para saber cómo se da esta atención, entrevistamos a Lluvia Romo, Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt, quien trabaja en la Universidad de Guadalajara desde hace veinte años. Actualmente está en el área de psicología y salud mental para todo el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).  

Ella nos compartió los protocolos que tiene el CUCSH para prevenir y atender situaciones de crisis en el estudiantado:  

“Se les dan pláticas y capacitaciones. El encargado es el maestro Luis Miguel Sánchez Loyo. Él orienta a los docentes sobre cómo atender a un estudiante en crisis y cómo manejar estas situaciones. Además, reciben cursos de sensibilización y talleres relacionados con manejo de estrés, ansiedad o depresión.”  

Así mismo, entrevistamos a algunos alumnos universitarios —quienes solicitaron anonimato para evitar sanciones o estigmas— para conocer su experiencia; en conjunto, señalaron que cuando estuvieron en bachillerato de la UdeG no se sintieron beneficiados por ningún protocolo de la institución en momentos de crisis.  

Cuando les preguntamos si tenían conocimiento de los apoyos que ofrece UdeG en cuanto a la salud mental, algunos respondieron que sí, pero que son poco accesibles o hay una larga lista de espera. Señalando que cuando hay asesorías están vacías y que,  a su parecer, la institución no toma acciones claras o de ayuda. Otros señalaron no tener conocimiento alguno sobre estos apoyos, atribuyendo su desconocimiento a la limitada difusión institucional. 

El ambiente social y académico dentro de la institución:

“no es en absoluto un ambiente seguro, es completamente estigmatizante. No hay empatía de parte del profesorado, incluso hacen la situación más humillante y vulnerable. No hay capacitación para los docentes y hacen afirmaciones mal infundadas sobre las causas de los ataques de ansiedad o pánico que se tienen dentro del aula”, compartió uno de los entrevistados. 

La perspectiva de los estudiantes es que, el apoyo y reconocimiento de la salud mental en UdeG es superficial y cargada de estigma.  

Además del “Protocolo interno”, la UdeG tiene otros protocolos propios de cada centro, tales como:  la “Guía de intervención en casos de riesgo suicida en población universitaria”; así como el protocolo “Cuidándote”, un plan interinstitucional firmado en el 2017 por Fernando Petersen Aranguren, exsecretario de Salud de Jalisco y Ricardo Villanueva Lomelí, exrector General de la Universidad de Guadalajara, con el objetivo de mitigar los efectos de la pandemia en la salud mental de la comunidad universitaria. 

Fernando Petersen Aranguren, exSecretario de Salud del Gobierno del Estado de Jalisco y Ricardo Villanueva Lomelí, exRector General de la Universidad de Guadalajara, en la firma del Convenio (Foto: Gobierno de Jalisco). 

El plan tenía como objetivo difundir información sobre la salud mental y atención especializada para estudiantes. Esto implicaba capacitaciones a docentes y orientadores donde se les enseñaba a detectar síntomas de ansiedad, depresión y riesgo suicida.  

También se capacitó en primeros auxilios psicológicos: saber qué hacer, qué decir y qué evitar ante una crisis, pero para muchas alumnas y alumnos esto no ocurrió, pues en la práctica no había citas o cuando sí las tenían detectaban que el personal no estaba capacitado, pues más que ayudarles sólo buscaban la manera de canalizarlos al SALME para que les brindaran atención psiquiatra sin antes proporcionarles un acompañamiento terapéutico, empático, ético y dedicado.  

Si las autoridades de la institución aseguran que hay protocolos, capacitaciones y personal con el perfil para atender estas situaciones: ¿Qué es lo que impide que la ayuda llegue o se proporcione con calidad a las y los estudiantes? 

Según uno de nuestros testimonios anónimos, el estudiantado también se ve afectado por la falta de seguimiento no sólo para prevenir un segundo o tercer evento, sino también para apoyar al estudiante con las faltas o atrasos en sus clases por esta razón, ocasionando, incluso, que sea el propio estudiante quien tenga que gestionar esta situación con las y los docentes, provocando un mayor desgaste emocional y revictimización.  

Las y los alumnos que entrevistamos concuerdan en que hace falta una mejor capacitación para el personal docente y administrativo de la institución que, como primer contacto, tenga las herramientas para ayudar efectivamente, y generar confianza, así como mucha más empatía y comprensión.

Instalaciones del Salme Jalisco (Foto: Secretaría de Salud).

 Derivación y convenio con el SALME

Tras consultar el convenio entre UdeG y SALME, y tras entrevistar a la psicóloga adscrita al Departamento de Promoción y Prevención del Suicidio, Yolanda García Ávila; se logró recopilar los siguientes datos: SALME tiene un registro de los jóvenes de la UdeG que fueron atendidos, en el periodo 2020-2024, en total: 813 jóvenes derivados del SEMS con síntomas de depresión, ansiedad y tendencias suicidas 

Yolanda García destacó que los docentes fueron capacitados para:

“detectar señales de riesgo y brindar primeros auxilios psicológicos antes de derivar los casos a SALME o a instituciones como el IMSS o ISSSTE.” 

La psicóloga nos mencionó, en cuanto a los jóvenes en riesgo:

“Los factores varían según el contexto socioeconómico y familiar. No se puede hablar solo del entorno; influyen también las habilidades sociales, emocionales y la estabilidad económica. Cada caso es distinto.”  

También afirmó que se decide derivar a un estudiante cuando la crisis emocional ya no puede ser contenida y se contacta de inmediato a sus tutores para posteriormente trasladar al alumno a recibir atención. La psicóloga declaró que, por medio de una plataforma en línea, se realizan capacitaciones anuales sobre salud mental a todos los docentes de la red universitaria. 

 Lamentablemente, el convenio entre SALME y UdeG expiró el 5 de diciembre del 2024, y aún no ha sido renovado, las causas tanto de la disolución de éste, como de la nula reincorporación de la colaboración entre las instituciones, se desconocen. 

Sin embargo, las preparatorias ya cuentan con una guía para la detección del riesgo suicida disponible en salme.org. La terapeuta asegura que:

“el convenio tuvo un impacto positivo en los jóvenes, ya que muchos docentes y orientadores se mostraron comprometidos y continúan aplicando lo aprendido, incluso después de que el convenio finalizó.” 

Actualmente, no existe un mecanismo formal de retroalimentación entre SALME y UdeG, a pesar de que SALME brinda asesorías y acompañamientos al personal del SEMS. En estas orientaciones, explica el organismo:

“se enseñó a detectar síntomas de ansiedad, depresión y riesgo suicida utilizando clinometrías como el SAT-PERSON, el PHQ-9 y el GAD-7. También se capacitó en primeros auxilios psicológicos: saber qué hacer, qué decir y qué evitar ante una crisis”.

Maricela, madre de Galilea Montserrat Rizo de la Rosa, en un acto memorial (Foto: Leslie Zepeda).

Los gritos de ayuda que deben ser escuchados

Empatía y compresión que Galilea no recibió en su momento; todo lo contrario: fue víctima de abuso de poder, negligencia y hostigamiento. Marisela de la Rosa, su madre, asegura que su hija no fue apoyada por la UdeG cuando denunció el bullying que sufría, así como tampoco se acompañó del todo a la familia tras su suicidio.  

Marisela relató que, durante los primeros años de su proceso, estuvo acompañada por una abogada cuyo actuar resultó contrario a lo esperado. En lugar de orientarla para avanzar con la denuncia, afirma que la profesionista la intentó persuadir de no proceder legalmente: 

“Le pedí ayuda y aceptó, pero nunca quiso que se levantara la denuncia. Pasó un año, dos años, tres años, y ella seguía deteniéndose , diciéndome que esperara a que la fiscalía hiciera su trabajo. Yo le decía: ‘Tengo quejas de mi hija, tengo todo el expediente. Quiero justicia’, y ella respondía: ‘No les lleves nada, déjalos que ellos hagan su trabajo’. ¿Cómo iban a hacerlo si yo no entregaba la información?”, cuestionó. 

Con el tiempo, Marisela asegura haber descubierto que la abogada no impulsaba el caso porque “estaba deteniéndose para que prescribiera”. Esto le hizo pensar que “se vendió dentro de la universidad”.  

De haberse mantenido con esa representación legal —afirma— su caso habría perdido vigencia. Finalmente, encontró una nueva abogada, activista y comprometida con este tipo de procesos, quien asumió su defensa. “Hasta ahora sigo en la lucha”, concluyó. 

La psicóloga Lluvia Romo confirma que la depresión es uno de los factores comunes que llevan a las y los alumnos a quitarse la vida:

“Recordemos que el suicidio es un acto desesperado ante un sentimiento muy doloroso. Por eso trabajamos sus problemas personales y las emociones reprimidas.” 

La especialista sostiene que la escuela puede verse como un potencial escenario para cometer suicidio debido a la falta de empatía, tanto de compañeros como profesores: 

“El rechazo, la burla o el sentirse ignorados en casa y en la escuela intensifica el dolor emocional. Otro factor es el físico: muchas casas tienen protecciones; aquí no siempre. En algunos planteles ya se han instalado barreras, al igual que en puentes vehiculares, para evitar estos impulsos.” 

Galilea Montserrat Rizo de la Rosa (Foto: Cortesía de la familia).

Cuando ocurrió la muerte de Galilea, señala su madre no se hizo nada porque: 

“Los suicidios no se investigan, puesto que la persona que muere es la que ejecutó la acción, no hay delito que perseguir. Pero es muy importante: la gente se suicida porque el dolor es tan fuerte que termina uno quitándose la propia vida para parar el sufrimiento, porque cree que la muerte es la única manera como uno se puede liberar del dolor. La fiscalía, como la carpeta no era judicializable, no investigaron nada nunca.” 

La eficiencia de los protocolos se ven sesgados en la práctica dentro de algunos centros como pasó con dos casos sucedidos al interior del CUCSH; el primero ocurrió el 10 de abril del 2025, ese día una estudiante decidió saltar desde la terraza de Edificio A, cayó de pie y tuvo fractura expuesta en ambas piernas. A través de fuentes anónimas se nos informó que sufría bullying y acoso por parte de otros estudiantes, después ya no se supo nada. 

Un año antes, el 3 de mayo del 2024, se encontró el cuerpo de Daniela dentro de su vehículo en el estacionamiento del CUCSH. Tenía aproximadamente 22 años y cursaba la licenciatura en Letras Hispánicas. Daniela tenía un cuadro de depresión y estaba en tratamiento médico.  

La Universidad de Guadalajara emitió un comunicado lamentando el hecho y expresó que la investigación quedó a cargo de la Fiscalía Estatal. Las autoridades ministeriales realizaron las labores periciales y la Fiscalía investigó el caso para confirmar causas y consecuencias, pero después no se brindó mayor información.

Las y los alumnos del centro hicieron un acto conmemorativo por Daniela unos días después. Luego de dos años y de prometer atención a la salud mental de las y los estudiantes del CUCSH, las cosas no cambiaron.

La ayuda que faltó

Galilea pidió ayuda. Antes hubo intentos y ninguno de estos hizo que la Universidad de Guadalajara previera esta problemática. Le dió una respuesta, y aunque en algún momento tuvo esperanza de que todo iba a mejorar cuando la cambiaron del salón donde la violentaban, no sólo se encontró con la violencia de los alumnos sino también la tutora, y la hija de esta maestra, lo cual sólo continuó la violencia:  

 “Incluso se les unió el esposo de la tutora. Empezaron también a castigar las calificaciones, a ponerle trabas y a hacerla batallar mucho”, afirma su madre.

Marisela comenta que sí hubo una sanción para los alumnos, pero llegó demasiado tarde:  

“Hubo una sanción, pero me costó muchísimo que se lograra. Y se logró la sanción mínima porque en el comité de sanciones estaba la encargada de la carrera. Ella era juez y parte, porque solapaba, aceptaba y fomentaba la discriminación y la violencia hacia mi hija. Mi hija dejó una carta póstuma donde explicaba que la maestra la había abandonado, que no recibió apoyo, y que a la universidad no le importó. Logré nada más un semestre de castigo para los dos alumnos, pero la docente, ninguna sanción hubo para ella. –Sin embargo, esta sanción ocurrió demasiado tarde–, Cuando mi hija inició pidiendo ayuda, le daban largas. Eso hace que ella colapse y al segundo semestre se toma todas las pastillas. Esto se pudo haber evitado si hubieran actuado a tiempo cuando la psicóloga de la universidad le vio sus brazos cortados.” 

Para conocer más sobre el actuar de la UdeG hablamos con Abraham González Barajas, encargado del área de Prevención del Suicidio en la Universidad de Guadalajara, quien hizo énfasis sobre los protocolos de prevención del suicidio en la institución, argumentando que el principal objetivo de su área es promover la salud mental y prevenir conductas suicidas dentro de la comunidad universitaria:

“Buscamos generar espacios seguros donde estudiantes, docentes y personal puedan recibir apoyo emocional, orientación profesional y acompañamiento psicológico oportuno, antes de que una crisis se agrave.”  

Pero cuando le preguntamos sobre cuáles medidas creía pertinentes para evitar este tipo de casos, como el de Galilea Rizo de la Rosa, en cuanto a la seguridad de las cafeterías o edificios, solicitó en más de una ocasión que se avanzara a la siguiente pregunta. 

González Barajas aseguró que la UdeG sí ofrece atención psicológica individual, orientación en crisis, canalización a servicios especializados, así como talleres y programas de prevención:

“También brindamos espacios de contención emocional para grupos que han vivido una pérdida o evento crítico, y acompañamiento a docentes que necesiten apoyo para manejar situaciones delicadas en el aula.”

Pero ningún alumno que nos compartió su experiencia, reconoce estas prácticas.

“Cuando se identifica un posible caso, se realiza una evaluación inicial de riesgo a través del personal capacitado. Si el caso es urgente, se activa un protocolo de atención inmediata en coordinación con el área de salud universitaria. Dependiendo del nivel de riesgo, se canaliza al Centro Universitario de Servicios Psicológicos, a instituciones externas de salud mental o se brinda acompañamiento continuo desde nuestro propio equipo.”  

Sin embargo, esta evaluación estuvo ausente en el caso de Galilea y Daniela. También mencionó que sí hay un seguimiento personalizado después de una crisis o intento suicida, experiencia que el alumnado y familiares no han podido confirmar. 

“Contamos con un programa de seguimiento a mediano y largo plazo, donde se programan citas de revisión, acompañamiento y refuerzo emocional. También se mantiene comunicación por medios seguros para verificar el bienestar de la persona y su avance en el proceso terapéutico.” 

Aunque el protocolo que Abram comparte está bien intencionado, el espacio escolar no es percibido en absoluto como seguro por los mismos estudiantes, pues con quienes hablamos señalan que no encuentran en sus escuelas acciones claras para atender su salud mental.  

Para lograr tener una versión mucho más amplia por parte de la institución intentamos contactar a Erika Loyo, Defensora de los Derechos Universitarios. El 30 de octubre de 2025, se nos solicitó un guión de la entrevista para mandárselo al asistente de Erika Loyo, lo envíamos, pero nunca obtuvimos respuesta 

Mismo mensaje que obtienen las y los estudiantes cuando intentan acceder a las líneas de ayuda y se encuentran saturadas, o cuando la agenda de sesiones terapéuticas en los centros universitarios tiene una lista de espera de semanas, tiempo que en estas circunstancias, lo es todo. 

 **
Si tú o alguien que conoces está pasando por un episodio difícil, no olvides que no estás solo, pedir ayuda siempre es la mejor opción y siempre habrá alguien dispuesto a ayudar, solo tienes que levantar la mano para que te encuentren.

Aquí los números de asistencia de diversas instituciones que pueden ayudarte a ti o alguien cercano que lo necesite:

SALME: 33 3030 9900

Servicio del CUCS: 33 3819 3300

Teléfono de primeros auxilios psicológicos: 1058 5200, extensión 34280 (horario de 9:00 a 19:00 hrs)

SEMS: 333 942 4180

Línea UdeG con atención por horarios:

De 7:00 a 11:00 hrs: 33 3492 8774

De 11:00 a 16:00 hrs: 33 1480 9311

De 16:00 a 20:30 hrs: 33 3198 8190

También está la app de LEO-UdeG, donde existe un apartado llamado “Gestión emocional”, que proporciona a las y los estudiantes acceso a un primer contacto para apoyo psicológico.

***
Este reportaje fue elaborado en la asignatura de Investigación Periodística de la Licenciatura en Comunicación Pública del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, a cargo del profesor Darwin Franco.

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