Los hechos de violencia que paralizaron a Jalisco, así como a 19 estados más, continúan evidenciando consecuencias. Las familias buscadoras han quedado en medio de esta problemática, lo que ha pausado sus acciones de búsqueda. El Colectivo Luz de Esperanza anunció por primera vez desde octubre de 2021 la cancelación de pega de fichas de búsqueda en la ciudad por motivos de seguridad.
Por Leslie Zepeda / @lesszep2
Se cumplió una semana de los 250 bloqueos y otros hechos violentos —como la quema de establecimientos, enfrentamientos y asesinatos— que, según el Gobierno Federal, se registraron en al menos 20 estados del país. Por supuesto, Jalisco fue el más afectado, por lo que habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), lo vivieron de primera mano.
El 22 de febrero transcurría como un domingo cualquiera en esta ciudad: un medio maratón, conciertos, partidos de fútbol, así como acciones de búsqueda por parte de colectivos de familias buscadoras; una normalidad dolorosa, adaptada a la realidad de un estado que hoy suma 12 mil 568 personas desaparecidas, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
Nancy es una de las miles de madres buscadoras en el estado. Desde hace un año y tres meses se convirtió en una de ellas; la cuenta es exacta, marcada por cada día vivido en la incertidumbre. Busca a su hijo, Raúl Emiliano Briones Rangel, de 20 años, desaparecido el 7 de noviembre de 2024 en Tonalá, Jalisco.
El domingo pasado participaba en una de las acciones de búsqueda que el Colectivo Luz de Esperanza realiza cada semana: pegar fichas de búsqueda en las zonas más transitadas de la ciudad. La cita fue en el Centro Histórico de Zapopan, a las 9:30 de la mañana. A esa misma hora, la violencia estalló en el estado.
Como colectivo, la decisión fue cancelar la acción para que las y los integrantes pudieran regresar a sus casas; en el lugar ya había al menos diez familias, según comentó Nancy. Su preocupación fue mayor, ya que en esta ocasión iba acompañada por su hijo de 19 años y sus hijas de 12 y 9. Durante el trayecto en el camión notaron que algo no iba bien: “Desde el camino ya estábamos observando cosas raras, sobre todo el humo”.
“Entonces ya estando ahí, esperando a los compañeros, sí empezamos a observar que estaban pasando muchas patrullas con las sirenas encendidas y los policías de las bicicletas ya pasaban con el arma en la mano. Me empecé a poner un poquito nerviosa, sobre todo porque no iba sola, llevaba los niños y sí me empezó a dar miedo”. añadió.
El gobernador de Jalisco activó el Código Rojo en el estado, lo que significó la cancelación de todo el servicio de transporte público. Ante este panorama, que les impedía resguardarse en casa, Nancy decidió pedir ayuda para permanecer en la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan, ubicada a unas cinco cuadras, distancia que tuvieron que atravesar pese al miedo.
Aunque la distancia era corta, el miedo la acompañaba en sus pasos. Las emociones le recordaron la desaparición de su hijo, Raúl Emiliano, debido a la vulnerabilidad en la que viven los jóvenes en Jalisco. Un estado que, frente a la magnitud de la crisis de desapariciones, ha sido señalado por su permisividad y complicidad.
“Me dio mucho miedo por mi hijo que tiene 19 años, estar en ese momento en la calle con él, aunque tiene pues su botón de pánico y todo, sí, sí me dio mucho miedo porque pues sí nos dimos cuenta que había gente armada, encapuchada”, confesó Nancy.
El 70 por ciento de los desaparecidos al menos aquí en Jalisco son jóvenes de entre 17 y 29 años, según afirmó Héctor Flores, uno de los representantes del Colectivo Luz de Esperanza.
Pasadas las horas las instancias religiosas de la iglesia le negaron la permanencia asegurando que hombres armados habían irrumpido en la Catedral de Guadalajara por lo que la orden era que todas las personas salieran para cerrar las puertas de los templos. En medio del caos no tuvo más opción que salir. Llegar a casa no fue fácil, ya que se tenía que trasladar con sus hijos hasta la zona de Oblatos.
Su papá logró pasar por ella y sus hijos. Decidieron evitar las avenidas principales, donde —según el desborde de información en redes sociales— había vehículos y negocios incendiados que bloqueaban el paso. El trayecto fue largo y angustiante. A unas cuadras de su destino escucharon ráfagas: hombres encapuchados irrumpieron en un tianguis y amenazaban a los comerciantes para que se retiraran.
Ante los hechos que vieron de camino a casa, tanto Nancy como sus hijas e hijo no pudieron evitar el llanto al sentirse en peligro:
“Las estaciones de Mi Macro Periférico estaban quebradas todas de los cristales. Al llegar había un carro ya en cenizas. Y ya estando como a unas tres cuadritas nos tuvimos que retornar porque había una balacera ahí por un tianguis. Había una balacera y quemaron una moto. Rodeamos mucho para poder llegar.
La familia de Nancy enfrenta día a día las violencias que desde el colectivo se han empeñado en denunciar. Pero no fue suficiente: la reciente escalada de violencia en Jalisco volvió a alcanzarlxs. Revivieron el pánico y cruzaron una ciudad en llamas; su hijo de 19 años y sus hijas de 12 y 9 pasaron horas en la incertidumbre hasta que lograron llegar a casa sin que ninguna autoridad de seguridad pública interviniera para extinguir el fuego propagado en la ciudad hasta pasado el mediodía.

La normalidad en Jalisco, buscar a un ser querido
Pasado el punto más álgido de violencia en el estado ocasionada por estos hechos, el Colectivo Luz de Esperanza dio a conocer mediante un comunicado de prensa que por primera vez desde el 3 de octubre de 2021 cancelarían una de sus acciones de búsqueda, la pega de fichas con el rostro de cada unx de sus familiares.
Esto representa 230 domingos en los que integrantes del colectivo han destinado para visibilizar en diferentes puntos de la ciudad lo que con tanto esfuerzo han tratado de negar el Estado: la crisis de desapariciones en Jalisco.
Para Héctor Flores, padre buscador y representante del Colectivo Luz de Esperanza señaló que el contexto actual de Jalisco vulnera las acciones de búsqueda que realizan continuamente desde esta organización:
“Es terrible y pues también nos sentimos tristes porque al menos la actividad de pega de cédulas era una actividad que llevábamos realizando en intermitentemente, nunca habíamos fallado desde el 3 de octubre del 2021 y por la misma situación que desencadenó la desaparición de nuestros hijos pero una mayor escala ahora esa misma violencia, esas mismas organizaciones, ese mismo desdén institucional, esa falta de estado de derecho ocasiona que las acciones de búsqueda en vida se tengan que ver comprometidas y se tengan que pausar”.
En efecto, lo que comenta el activista ha sido estudiado por organismos internacionales. donde afirman que las familias buscadoras enfrentan un panorama de riesgos. En el informe Desaparecer otra vez de Amnistía Internacional afirmaron que de 2011 hasta mayo de 2025, 32 personas dedicadas a la búsqueda fueron asesinadas. Estos homicidios ocurrieron en el marco de las búsquedas.
Detallaron que la violencia hacia las personas que buscan en México se han diversificado:
“Las afectaciones directas también incluyen extorsiones, amenazas, ataques y acoso. Solo un 10% de las buscadoras están adscritas a algún mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos”.
Héctor Flores comentó que las formas de violencia que permanecen en todo el país aumentan el riesgo para todas las familias, como lo es la propia acción de pega de cédulas, ya que permanecen expuestas y expuestos en zonas pública: “podemos ser un blanco perfecto para que el crimen organizado realice un ataque en nuestra contra”, agregó.
La forma de operar del crimen organizado no es ajeno a las familias, ya que lo ocurrido el 22 de febrero es un espejo de aquellas formas con las que se llevan a sus seres queridos, aseguró:
“Todo lo que pasó este fin de semana, lo que desgraciadamente sigue pasando en algunos municipios, va de la mano con la violencia que hemos vivido algunas familias o la mayoría de las familias. Al menos en el colectivo muchas de las desapariciones, sino es que la mayoría llevan el sello de la violencia extrema Con elementos o grupos armados que irrumpen, torturan, golpean y se van con una total impunidad como lo hemos visto en los bloqueos, es volver a vivir estas situaciones tan terribles como la desaparición de nuestros hijos”.
El Estado ha imposibilitado la búsqueda de personas en el país, acción que se repite, aunque no por decisión propia, sí al negar la seguridad mínima para que las familias puedan realizar acciones de búsqueda no solo en campo sino en vida. La pega de fichas de búsqueda es representativa del Colectivo Luz de Esperanza, quienes han enfrentado autoridades en Tlaquepaque, Guadalajara, Zapopan, donde continuamente son retiradas sus fichas.
Incluso le hicieron frente al anterior gobernador, Enrique Alfaro Ramírez, los rostros de personas desaparecidas invaden las letras de “Guadalajara Guadalajara”, una marca que incentivó cuando fue alcalde de la misma ciudad. Incansablemente, han impreso y pegado sus datos con el mayor anhelo de ver volver a casa a cada una y cada uno.
Nancy, mamá de Raúl Emiliano se ha encontrado con la esperanza que necesita para seguir en la búsqueda de su hijo mediante la pega de cédulas:
“Es muy desesperante porque uno cada semana vas, pegas una ficha de tu hijo y nos da esperanza. Es como una terapia para nosotros, así sentimos que no estamos de brazos cruzados La pega de fichas es una vez a la semana, pero todos los días estamos buscando y pensando qué más podemos hacer para encontrar a nuestros hijos. Entonces es muy lamentable que nos quiten este derecho a parte de la violencia que ya estamos viviendo en cada familia, o sea, todavía es más. Es vivir con más temor y con más opresión”.
Lo ocurrido el 22 de febrero en México no es un hecho aislado; es parte de la violencia, la vulneración de los derechos humanos y los riesgos que asumen las familias buscadoras en Jalisco. No siempre fue así: ser familia buscadora tiene una fecha específica, la que aparece en la ficha de búsqueda de cada ser querido.
“Desde ese tiempo — 1 año y tres meses — que tiene en la búsqueda, se ha sentido el riesgo en las búsquedas de campo, en las búsquedas en vida. Siempre uno va con miedo, con miedo a que se pueda acercar gente que no le convenga el trabajo que nosotros estamos haciendo”, finalizó Nancy.


