Sueldos injustos, trabajos indignos y falta de prestaciones: la precariedad laboral en Querétaro

Desde la década de los setentas, Querétaro – y el Bajío en general – ha presentado avances en la industria mecánica, automotriz y ahora, desarrollo tecnológico, atrayendo inversión tanto nacional como extranjera. Partiendo de la necesidad de eficiencia que tienen las empresas, se implementó un régimen de producción de bajo costo a partir de flexibilización de contratos, reducción salarial e individualización.

Por Gina M. Erosa / @ginaemerosa

Imagina que optaste por un trabajo remoto en telecomunicaciones con el objetivo de conseguir un ingreso extra. En un principio estás feliz porque no tienes que salir de tu casa, ahorras en traslados y sientes más control de tu tiempo. Hasta que servicios como electricidad e internet empiezan a encarecerse. Luego te piden conectarte a un zoom “rápido” a las 9:00 p.m. Tu computadora termina con un bossware que “obtiene una visión general de tu productividad” – y también cuenta el tiempo que tardas en el sanitario.

En diciembre de 2023 entró en vigor la NOM-037-STPS-2023 que indica que las empresas cuyo personal labore más del 40% del tiempo en modalidad de teletrabajo se verán obligadas a cubrir el costo proporcional del consumo de internet y energía eléctrica que se utilice en las jornadas. Asimismo, deberán proporcionar la computadora, tableta, teléfono celular o impresora y tinta a utilizar.

El sociólogo Edgar Belmont y la investigadora Dolly Ortiz describen en su artículo Entre la flexibilidad y la precariedad: juventudes, trabajo y fragmentación del mercado laboral en la región del Bajío mexicano que el régimen de producción en el que se encuentra el Bajío responde a las características del despotismo hegemónico: trabajar para subsistir y por un salario que permita cubrir los gastos esenciales, incluso si esto significa soportar malos tratos con tal de no perder los ingresos necesarios para mantenerse.

Diana -nombre ficticio para resguardar su  identidad- vive en Querétaro, nos relata de manera anónima su experiencia trabajando virtualmente en el área de contabilidad para una empresa de exportación de plásticos, dirigida por dos personas: una ubicada en China y la otra en México.

“El ambiente laboral era muy malo, los tratos eran a gritos y cuando llamaban en la madrugada tenía que contestar. En una ocasión, ellos no pagaron deudas que tenían con las navieras y nos hicieron a nosotras ir a hablar a Ciudad de México para que liberaran ese saldo. Al negarse, nos dijeron que como nos habían pagado los viáticos y no lo habíamos resuelto no recibiríamos el sueldo de ese mes. Tardaron 9 días en pagarnos.”

La contadora relata que este tipo de castigos eran comunes en la empresa, pues a pesar de ser un trabajo a distancia, después de un desacuerdo la obligaron a moverse diariamente a otra locación, un coworking a 35 km de su casa y a pesar de que el precio de la gasolina era insostenible – sobre todo con el sueldo por debajo del salario mínimo que recibía – no recibía apoyos de transporte.

De acuerdo a la NOM-037, una decisión de este estilo se debe llevar a cabo de manera unilateral, se debe realizar un escrito y se recomienda al empleador brindar un plazo de 20 días para que el trabajador pueda ajustarse al cambio. Ninguno de estos requisitos se cumplió.

“Hubo una vez en la que también me mandaron a Los Reyes La Paz a decirle a un cliente que no le pagarían. Tuve que ir en la noche a un lugar en donde me recibió gente armada para hacerles saber que no les pagaríamos.”

Cada vez es más común encontrar “trabajos del futuro” que giren alrededor de una narrativa de innovación y autonomía; no obstante, es la individualización de las relaciones laborales la que evita que las personas expresen su descontento ante las injusticias que el sistema presenta. Trabajar virtualmente o a distancia hace más difícil establecer conexiones que puedan funcionar como una red de apoyo.

Esto no significa que el abuso de poder no traspase la pantalla, la precariedad laboral se encuentra en cualquier lugar al que volteemos: el vigilante que lleva 3 días en la misma caseta y mañana va a ir a cuidar otro condominio en lugar de descansar, el repartidor que tiene que entregar pedidos en tiempo record y no chocar en el intento porque eso significaría pagar sus gastos médicos y equipo de trabajo, o violencia de género, como en el caso de Azhul.

Azhul es Ingeniera en Logística con especialidad en transportes y contó a ZonaDocs que en sus trabajos las jornadas de 10 horas o más – sin pago de horas extras – eran comunes, además de la obligación de estar al pendiente del teléfono las 24 horas del día. Todo por un sueldo que no paga una renta en esta ciudad.

Sin embargo, esto no era lo más grave. La ingeniera menciona que en varias ocasiones le ofrecieron un aumento de sueldo a cambio de tener relaciones sexuales, tanto a ella como a sus compañeras. 

Otro caso reportado a ZonaDocs de manera anónima es el de un joven contratado por una organización gestora de agua, en donde no recibió sus pagos completos, fue amenazado y tenía que realizar actividades peligrosas.

“Me quedaron a deber mes y medio por un capricho de la encargada. No había nada que se pudiera hacer porque me registraron como prestador de servicios, no como empleado, por lo que no tenía prestaciones. Además tenía que manejar en entornos complicados como ejidos en los que la camioneta se atoraba y me amenazaron con que si algo le pasaba yo tendría que pagarla. Al medir los pozos había que meter las manos y estaban llenos de viudas negras. Los trabajos en el campo son cansados, peligrosos y mal pagados.”

La población joven es el segmento más frágil en el mercado laboral, siendo el más expuesto a trabajar informalmente, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 63.1% de las personas que laboran de esta manera son jóvenes. Adicionalmente, Querétaro es el estado del Bajío con los mayores niveles de personas jóvenes sin acceso a prestaciones de salud.

En una encuesta realizada por ZonaDocs se les preguntó a algunas personas jóvenes que viven en el estado de Querétaro por sus actividades laborales.

Al preguntarles cuáles eran sus aspiraciones laborales, la respuesta general fue que estaban en busca de experiencia, sueldos superiores al salario mínimo, buen horario y locación y no ser explotados laboralmente. El 62% de las personas que respondieron mencionaron además, que reciben un sueldo justo, mientras que, el 38% restante no está de acuerdo. 

El salario mínimo actualmente es de $315 pesos diarios, un aproximado de $9 mil 582 mensuales. El 67% de las personas encuestadas expresó recibir más que esa cantidad, el 17% recibe el salario mínimo y el 17% restante recibe menos que el salario mínimo.

Por último, les preguntamos si creían que su actual trabajo les ayudaría a adquirir una vivienda: el 83% mencionó no estar de acuerdo.

En esta entidad las juventudes no solo tienen que preocuparse por un futuro incierto en cuanto a la competitividad del mercado laboral, también para encontrar uno que no los ponga en riesgo, que no comprometa a su salud mental, que tenga un sueldo que les permita vivir medianamente bien y que les permita pensar en la posibilidad de adquirir una vivienda en el futuro.

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Gina M. Erosa
Gina M. Erosa
Licenciada en Comunicación y Medios Digitales. Apasionada de crear, escribir, imaginar, preguntar y escuchar a las personas.

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