#8M2026
En la marcha del Día Internacional de la Mujer en Guadalajara, trece mujeres respondieron a una misma pregunta: ¿De qué te han despojado?. Sus respuestas, breves y directas, acompañan retratos centrados en la mirada, donde se reflejan el despojo de vivir en la ciudad: seguridad, libertad, infancia, tranquilidad o tiempo.
Por Farah Medina/ @_dtfarahm_
El 8 de marzo miles de mujeres recorrerán las calles de Guadalajara, exigiendo, luchando, gritando.
Aquí, en medio de los cánticos, los carteles y la lucha, trece mujeres respondieron a la pregunta: ¿De qué te han despojado?.
Sus respuestas vienen desde distintos lugares: la experiencia personal, la pérdida de familiares, el miedo cotidiano o la violencia que atraviesa a otras mujeres cercanas. Algunas hablan de ausencias que aún duelen; otras, de lo que aún no ha pasado pero podría suceder.
Esta crónica fotográfica reúne sus rostros y palabras, en un contexto donde la violencia y la desaparición sigue marcando la vida diaria de las mujeres en el estado, especialmente tras hechos como el 22F en Jalisco.
La mirada sostiene una historia distinta de despojo



Alejadas de las grandes concentraciones o las actividades previas a la marcha en el Parque Morelos, las tres acceden a contestar la pregunta. Es su segunda vez marchando juntas.
Mariela dice que, por ahora, no ha perdido a nadie. Pero esa posibilidad es precisamente lo que la trae a la marcha. “No quiero que llegue el día en que tenga que salir a marchar por alguien que me falta”.
Para Patricia, el despojo toma la forma del miedo. “No tenemos por qué tener miedo de salir a la calle, de subirte a un Uber”.
Valeria complementa el sentir de Mariela y de Patricia. Para ella, el despojo es la tranquilidad de caminar sin miedo.
Las tres disfrutan de la marcha, pero admiten, las emociones durante la marcha son intensas. “Hay enojo, tristeza… mil emociones al mismo tiempo. Pero cuando estamos todas juntas se siente increíble”.
Esperan que las personas entiendan el propósito de salir a marchar, “No necesitas perder a alguien para ser empática con quienes sí lo han perdido. Marchamos para que a ninguna le falte alguien”.
Están felices de estar ahí, portan con orgullo pancartas y diseños con brillantina en el rostro.

El parque morelos de poco a poco recibe a todxs los que esperan salir rumbo al andador palestina. Diana se encuentra ahí.
No habla de sí misma primero, sino de alguien cercano. Es su cuarta marcha. Para ella, el despojo trae consigo lágrimas liberadoras. Diana marcha por un familiar cercano víctima de abuso.
“Se siente como una liberación”, dice sobre asistir a las marchas. “Pero también impotencia, porque al final lo único que puedes hacer es manifestarte”.
Cree que uno de los cambios más urgentes empieza antes que en las instituciones, empieza en casa.


Madre e hija asisten por primera vez a una marcha.
La pregunta provoca lágrimas en Deneb, y su respuesta es directa. “De mis hijas”.
Explica haber sido víctima de violencia vicaría, una forma de violencia que daña a las mujeres a través de sus hijas e hijos. Tras 25 años, ahora puede identificar y nombrarla. “Ni siquiera he empezado a caminar y ya estoy llorando”.
Dice, que es algo que creía superado, sin embargo, aún genera dolor en ella. Marcha para que otras mujeres no pasen por lo mismo.
A su lado, Freya, su hija, habla sobre la libertad, la tranquilidad y del pacto patriarcal que le ha impedido a ella y otras mujeres reconocer que viven violencia. “He visto muchas mujeres luchando por lo que han pasado y cada mujer tiene sus cosas por las que viene a luchar y hacer justicia”. dice

La marcha está por comenzar, pero Fernanda accede a hablar.
Esta es su tercera marcha y siempre viene acompañada de su mamá. “Me han despojado de mi libertad en ciertas ocasiones, y de mi seguridad sobre todo” dice. A pesar de lo que la convoca, Fernanda está animada, feliz.
Describe la marcha como un espacio distinto a cualquier otro. “A mí me parece un ambiente muy bonito, me siento muy protegida, muy cuidada, de mucho mucho apoyo y la verdad me gusta mucho”.

La batucada da lo mejor de sí, acompañan los gritos y cánticos de la marcha. Parada cerca de plaza universidad, espera poder unirse al contingente junto a sus compañeras.
Clarissa, no ha venido todos los años, pero esta es la cuarta vez que marcha. Su despojo, es la libertad.
Pero, admite que este día, estar rodeada de mujeres y el ambiente le hacen sentir segura, “Es el día que más segura me siento al salir a las calles, y eso no tiene precio”.

Cerca del parque rojo y en la sombra, América acepta responder ante el despojo. Marcha con sus hijos y es su primera vez.
Su despojo es el respeto, “Hemos pasado por cosas, tocamientos por familiares y por eso vengo a marchar por qué no no nos quiten nuestros derechos”.
Por eso decidió venir, desea fomentar en sus hijos algo básico, “El respeto hacia los demás”. Al ser su primera marcha todo es nuevo, pero lo más impactante para ella son las historias de violencia de miles de mujeres presentes.

Carmen, aguarda integrarse al contingente en una de las esquinas cercanas al Parque Rojo. Es su cuarta marcha, y según dice, el despojo tiene que ver con algo que debería ser cotidiano,
“De la seguridad de estar sola en la calle. De saber que mis seres queridos van a regresar a casa”.
Cada año ha visto a más personas sumarse, esto le hace sentir feliz.

“La maestra luchando también está enseñando” gritan el contingente de Maestras Feministas. Entre los carteles aparecela denuncia de una trabajadora de secundaria.
Cuenta que una compañera presentó una carpeta de investigación por acoso sexual contra el subdirector de la escuela donde trabajan.
Sin embargo, dice que hasta ahora no ha habido consecuencia, “El sueldo no se le ha reducido. Sigue trabajando como si nada”.
Marchar con aquél cartel, es la forma de poder visibilizar un caso que sigue sin resolverse.

Sobre Juárez, hay varios lugares que amablemente ofrecen agua a las que integran la marcha, las ofrecen con una sonrisa en el rostro.
Alicia, no es la excepción, junto a sus compañeras, observa la movilización mientras trabaja. “Bendito sea Dios, nada, pero sí las apoyo porque hemos visto en familiares, en amigos que les han pasado muchas cosas” dice con respecto al despojo.
Entregar botellas de agua, para ella es un símbolo de apoyo y acompañamiento a las que est´´an sedientas o cansadas, “Pues le nace a uno darles un obsequio para que sigan su marcha”. Aún no se ha sumado a ninguna marcha, pero no descarta la idea, expresa que lo haría “con mucho gusto”.

Dalia sostiene un cartel en apoyo desde la puerta del negocio donde trabaja, mientras tanto, la marcha pasa frente a ella.
Para ella el despojo es un tema de seguridad y justicia. “Hay mucha injusticia en todos los aspectos, no tenemos. No estamos seguros, el gobierno, tú sabes que el gobierno nos está ya no nos protege. (…) ¿Si no nos protegemos entre nosotros quién nos va a proteger?”.
Ella ya ha asistido a una marcha, una que cuenta disfruto y le gustó. “Me gusta y estoy con ustedes” dice.
¿De qué te han despojado?
El contingente llegó al andador Palestina. Aquí la marcha dió fin. Pero no las historias.
Responder “¿De qué te han despojado?” Fue nombrar lo que se busca recuperar; la libertad, la seguridad y el derecho a vivir sin miedo.


