#8M2026
Miles de mujeres y disidencias marcharon este 8 de marzo en Guadalajara bajo la consigna “Juntxs contra todo despojo”. El recorrido, del Parque Morelos al andador Palestina, puso en evidencia el cierre y la restricción de lugares de encuentro en la ciudad, en particular del Parque Rojo, en el contexto de los preparativos para la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Las voces de las manifestantes expresan preocupación por la privatización de espacios comunes, la incertidumbre ante las decisiones urbanas y la necesidad de mantener la movilización como forma de defensa de derechos y de acompañamiento entre mujeres.
Por Vanessa Briseño @nevervb
Fotos: Dalia Souza / @DaliaSouzal
Bajo la consigna “Juntxs contra todo despojo”, miles de mujeres y disidencias recorrieron las calles de Guadalajara este 8 de marzo. La movilización, que partió del Parque Morelos con destino al andador Palestina, no solo denunció la violencia de género, sino que señaló una realidad física ineludible: la privatización y el cierre de los espacios comunes.
En una ciudad que acelera su transformación estética de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, la marcha funcionó como un diagnóstico vivo de las múltiples dimensiones del despojo -territorial, corporal y económico– que atraviesan la vida de las mujeres.
La ruta misma evidenció las contradicciones del entorno urbano. Mientras el contingente avanzaba, los muros y vallas que restringen el acceso a plazas públicas sirvieron como recordatorio de que el derecho a la ciudad está bajo asedio.
En junio, Guadalajara será sede del evento futbolístico más grande del mundo; sin embargo, los preparativos han implicado el cierre sistemático de sitios clave de convivencia bajo argumentos de “remodelación”. El caso más emblemático es el Parque Revolución, el “Parque Rojo”, histórico epicentro de la protesta social que hoy permanece bajo llave.

Desde la colectividad, los testimonios recabados por ZonaDocs dan cuenta de cómo este modelo de ciudad impacta en la cotidianidad. Maricela, quien asistió a la marcha en un contexto de incertidumbre, explicó que la consigna de este año refleja una preocupación profunda por las decisiones verticales sobre el territorio:
“Hay mucha incertidumbre, no sé qué nos depara, qué nos va a pasar”, señaló.
Para ella, el despojo territorial se agudizó con la proximidad del Mundial, pues considera que las autoridades priorizan intereses financieros. “Aquí lo que importa es el poder y el capital”, afirmó, al describir una lógica donde las necesidades de los habitantes quedan en segundo plano frente a los proyectos de gran escala.
Además, Maricela percibió una atmósfera de tensión alrededor de la protesta. Según relató, en el transporte público escuchó conversaciones que manifestaban temor ante posibles respuestas estatales. Estos comentarios, dijo, “muestran que existe la expectativa de consecuencias incluso por ejercer el derecho a manifestarse”. Frente a este clima, sostuvo que ocupar la calle es un acto de resistencia necesario para visibilizar que las mujeres continúan organizadas: “Seguimos al frente”.
Por su parte, Tania, vinculó el despojo con la pérdida de autonomía comunitaria. Desde su perspectiva, la desaparición de espacios públicos gratuitos obliga a las personas a recurrir al consumo privado para socializar, implicando una inversión económica que no todas las personas pueden sustentar. “Lo del despojo es durísimo”, sentenció.
En su análisis, el cierre del Parque Rojo (cercado desde hace más de un año) simboliza el fin de la gratuidad en el ocio. “Hay muy poco espacio público. Ya realmente si quieres actividades de ocio tienes que pagar”, lamentó.

Actividades sencillas como un picnic o un encuentro con amistades ahora requieren el acceso a cafeterías o restaurantes. “Esto del despojo de los espacios públicos pues te obliga a tener que acceder ahora a espacios privados”, puntualizó.
Sofía, estudiante de medicina veterinaria que acudió a su primera marcha, describió que el despojo se refleja en diferentes aspectos de la vida de las mujeres, sea profesional, económico, corporal o territorial. “Nos ponen muchas trabas”, explicó.
Mientras observaba el enrejado del Parque Rojo, Sofía cuestionó la justificación oficial del cierre.
“Es una mamada que digan ‘no, es que por el Mundial’”, dijo con firmeza, ante la duda de si el espacio volverá a ser de la comunidad. Su participación, además, tuvo un motivo de sororidad: “Vengo a apoyar a mis hermanas y para luchar por quienes ya no están”.
Para las nuevas generaciones, la restricción del espacio público significa el robo de su identidad y libertad de expresión. Valentina, quien esperaba junto a su madre antes de incorporarse a la columna, recordó que el Parque Rojo era el refugio donde los jóvenes podían cantar y convivir sin costo:
“Yo siento que nos quitaron una parte de la expresión”, aseguró.
El cambio drástico en la fisonomía del parque le resultó ajeno y doloroso.“Sí fue un poco difícil y extraño el despojo que hubo aquí”, comentó.
Valentina marchó con carteles que recordaban la urgencia de justicia: “Mi enojo es el escudo de la niña que no pudo defenderse de lo que los hombres llaman excusas”. Para ella, la movilización es un refugio de ternura radical. Siento que es una unión entre mujeres muy bonita”, afirmó, antes de cerrar con un llamado a la persistencia: “Que sigan unidos, que no se dejen vencer por el gobierno”.
Al final de la jornada, el contingente cruzó una vez más la Avenida Juárez. El escenario fue distinto a otros años: a los costados, “el rojo” lucía como un territorio lejano, una estructura metálica que, aunque intervenida por las consignas de las asistentes, permanece como un símbolo del despojo urbano.
En este 2026, entre carteles que denunciaban el despojo territorial como “Guadalajara, sede mundial de la violencia”, la marcha también fue un recordatorio de que las mujeres no están dispuestas a entregar la ciudad al mejor postor.





