Para aquellas que me sostuvieron

#8M2026

Por Anashely Elizondo / @anashely_elizondo (IG) 

En mis dos familias (la paterna y la materna) las mujeres siempre han sostenido. Mis dos bisabuelas, Cuca y Chuy, como solía llamarlas, manejaban todos los deberes y pendientes de la casa, incluso cuando las canas aparecieron y el cansancio comenzó a habitar, cada vez con más ganas, su cuerpo; ellas conocían todo, cada receta, remedio, quehacer, conocían también, a cada uno de sus nietos y nietas, cada historia, momento y destello. 

Al parir a sus hijas, crearon una comunidad de mujeres fuertes, mismas que aprendieron de ellas el cómo sostener. Fue con mi familia materna con quien yo crecí y aprendí. Mi madre, al ser hija única, encontró en sus tías las hermanas que nunca tuvo y yo en ellas encontré distintos tipos de madres; mi tía Paty que siempre nos hacía reír y jugaba con nosotros aún cuando se sentía cansada; mi tía Gaby, la que hasta la fecha está llena de fuerza y vida, por lo que sus consejos eran para mí los más valiosos; mi tía Sofi y su comida, sus frijoles que nos alimentaban a todos, su pan de plátano que sigo soñando. Fue gracias a ellas que entendí el valor de la comunidad, de la familia y sobre todo, el ímpetu con la que una debe caminar siempre. 

Fue mi abuela Rosa quién me acercó a los libros y sin querer, a la fotografía, dos de mis más grandes pasiones fueron producto de su necedad porque yo fuera más cercana al arte, gracias a ella aprendí a ver la vida con calidez, con esbozo, a apreciar la naturaleza, desde la más pequeña hormiga, hasta los animales más grandes, como las jirafas, que veíamos juntas cada que me llevaba a pasear al zoológico. Gracias a ella tengo buen concepto de casi todo, gracias a ella tengo mejor letra, mejor vocabulario y mejor humor. 

Mi madre, por su parte, me dio todo. Su tiempo, su cuerpo, su espíritu incansable. Sé que esas cosas no se heredan, pero sé que es por ella que tengo la capacidad de ser graciosa, creativa e ingeniosa. Podían faltar muchas cosas en nuestro hogar (aquel que fue de cuatro, luego de tres, luego de cinco), pero nunca su amor, su abrazo, su caricia o su regaño. Es ella la que sostenía y quien me enseñó también a sujetar. 

Aunque esto parezca una historia perfecta, no lo fue, la negligencia que se les regala a los hombres gracias al patriarcado estuvo muy presente. Tal vez por eso es que las recuerdo siempre a ellas y no a muchos de mis tíos varones, o a mis abuelos. Tal vez es por eso que cuando pienso en cobijo, en trinchera, en casa, son ellas las que aparecen en la imagen de mi memoria. Y no, no era un matriarcado, cada una de ella fue víctima colateral del más puro y sano patriarcado y sin embargo, se mueve. 

Quiero quedarme con ellas, alejarlas de la violencia, quiero compartir la mujer quién soy ahora y que en mí ellas se reconozcan, que miren el valor, la chispa, las ganas, la valentía, la honradez, calidez y el brillo, ellas me lo regalaron al compartirlo conmigo. Ellas me sujetaron tan tan bien, que ahora el vacío de la soledad apenas me alcanza, apenas puedo vislumbrar entre la pesadez de mis días. 

A las mujeres que siguen sosteniendo mujeres: gracias. A las mujeres que siguen criando y alimentado a todos y todas: gracias. Su lucha y fuerza tal vez no se hereda, pero se aprende y yo quiero ser por siempre su más fiel alumna. 

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Anashely Elizondo
Anashely Elizondo
Licenciada en Artes Visuales para la Expresión Fotográfica y becada en taller de fotoperiodismo de National Geographic. Colaboradora de la Gaceta y el Área de Prensa de la Universidad de Guadalajara. Enfoca su visión en temas relacionados con derechos humanos, feminismo y arte/cultura.

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