Manos Buscadoras: un colectivo de familias de personas desaparecidas que se unen para la exigencia de verdad

‘Manos Buscadoras’ es un colectivo integrado por familias de personas desaparecidas que, ante la falta de respuestas institucionales, decidieron salir a buscar por su cuenta en distintos puntos de Jalisco. En un estado con más de 16 mil personas desaparecidas, estas búsquedas se sostienen entre el desgaste emocional, el trabajo en campo y el apoyo solidario, con una exigencia clara: que la ausencia no se normalice y que la búsqueda no recaiga solo en quienes más han perdido.

Por Aletse Torres Flores / @aletse1799

Fotografías Facebook Manos Buscadoras

El 6 de septiembre de 2025, mientras la ciudad seguía su rutina, un grupo de mujeres decidió que ya no podía esperar más. Ese día nació el colectivo ‘Manos Buscadoras’, integrado por madres y familias de personas desaparecidas que, ante la ausencia de respuestas institucionales, optaron por salir a buscar por su cuenta.

La fundadora es Vicki Ponce Rodríguez, madre de Víctor Hugo Mesa Ponce, desaparecido el 20 de junio de 2020 en Tesistán, Zapopan. Durante años buscó sola. Aprendió a llenar oficios, a acudir a fiscalías, a esperar llamadas que no llegaban. Hasta que entendió que la búsqueda individual no era suficiente.

“Con colectivo o sin colectivo, yo tengo que buscar a mi hijo”, dice. “Si no hay respuestas, nosotras las tenemos que construir”.

Manos Buscadoras se formó como un colectivo abierto. No se limita a una región ni a un solo caso. Sus integrantes se trasladan a distintos puntos de Jalisco: Tlajomulco, Zapopan, hospitales, anexos, el Servicio Médico Forense, calles y plazas públicas. Buscan en campo, pero también en vida. Pegan fichas, recorren hospitales, acompañan a otras familias, comparten comida en salas de espera. No esperan a que alguien las llame.

Actualmente participan de forma activa diversas familias, aunque el grupo se amplía con voluntarias y voluntarios que no tienen familiares desaparecidos. Para el colectivo, ese acompañamiento es fundamental.

“Sin las manos buscadoras no podríamos seguir”, explica Vicki. “Ellas son las que rascan la tierra, las que caminan con nosotras. Las herramientas principales son los pies y las manos”.

El nombre del colectivo no es una metáfora. Durante las búsquedas utilizan palas, picos y, en ocasiones, maquinaria ligera. Pero gran parte del trabajo se hace a ras de suelo, con el cuerpo expuesto, bajo el sol, en terrenos donde la tierra ha sido removida antes. Ahí, dicen, la intuición y la experiencia cuentan tanto como cualquier herramienta.

El mismo día de su fundación, ‘Manos Buscadoras’ realizó su primer hallazgo: 89 bolsas con restos humanos, correspondientes al menos a 16 personas, siete de ellas pre-identificadas. Entre los restos había personas en situación de calle. El hallazgo confirmó algo que las familias ya sabían: el problema no es aislado, es estructural.

El reto se vuelve más claro cuando se observa en perspectiva. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas (RNPED), en México hay más de 131 mil personas desaparecidas y no localizadas.

Jalisco se mantiene entre los estados con mayor número de reportes activos, con 15 mil 348 personas registradas como desaparecidas. Para las familias, esas cifras no son estadísticas: son nombres, ausencias y búsquedas sin final anunciado.

‘Manos Buscadoras’ no es una excepción. Forma parte de un entramado más amplio de colectivos que han surgido en Jalisco como respuesta directa a la crisis de desapariciones y a la falta de resultados institucionales. 

Facebook Manos Buscadoras (cortesía)

Estos grupos se dedican al rastreo en campo, la búsqueda de fosas clandestinas y la exigencia de verdad y justicia, muchas veces en colaboración con brigadas independientes y sin acompañamiento permanente del Estado.

En Jalisco, trabajan activamente entre 20 y 22 colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, conformados principalmente por familiares y organizaciones civiles, según estimaciones vigentes a 2025. Entre ellos se encuentran ‘Guerreros Buscadores de Jalisco’ y ‘Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco’ (FUNDEJ). Todos nacieron desde la urgencia: buscar cuando nadie más lo hace.

Estos colectivos surgieron no solo por la magnitud del problema, sino por la lentitud, omisiones y vacíos en las investigaciones oficiales. Frente a expedientes estancados, búsquedas suspendidas y procesos que se prolongan durante años, las familias entendieron que esperar ya no era una opción.

“Cada bolsa es una historia”, dice Vicki. “Y no se puede normalizar una silla vacía”.

Además de la búsqueda en campo, ‘Manos Buscadoras’ realiza la pega de fichas en colonias, mercados y hospitales. Buscan en anexos, preguntan en espacios donde suelen concentrarse personas en situación de calle, recorren el SEMEFO una y otra vez. No distinguen entre búsquedas “prioritarias” y otras: todas importan.

‘Manos Buscadoras’ existe porque la espera ya no es una opción. Porque los tiempos institucionales no alcanzan para quienes viven con una ausencia diaria. Porque, frente a expedientes que se estancan y búsquedas que no llegan, las familias decidieron organizarse y salir al campo con lo único que tienen: su cuerpo, su memoria y su insistencia.

En Jalisco, donde miles de personas siguen desaparecidas, estos colectivos no solo buscan restos o indicios; buscan respuestas, verdad y un lugar para el duelo que ha sido postergado. Cada jornada implica desgaste físico, emocional y económico, pero también la convicción de que no buscar es otra forma de perder.

Facebook Manos Buscadoras (cortesía)

“No buscamos huesos”, dice Vicki. “Buscamos a nuestros hijos”.

Las búsquedas se sostienen, en gran medida, gracias al apoyo solidario. El colectivo recibe donaciones para cubrir los gastos que implica salir al campo: alimentos, hidratación y, sobre todo, herramientas para poder trabajar. No se definen como expertas, pero sí como persistentes.

“Cada día luchamos por regresarlos a casa”, comparten desde el colectivo. “No somos expertas en el tema, pero nuestro amor y nuestras ganas de volverlos a ver nos llevan por el camino correcto, hasta encontrarlos a todos”.

El llamado es claro y directo: sin el apoyo de otras personas, las búsquedas no serían posibles. “Gracias por unirte a la causa”, dicen. “¡Nos faltan todos!”.

Mientras la crisis de desapariciones continúa y las cifras siguen creciendo, ‘Manos Buscadoras’ y decenas de colectivos en el estado mantienen una exigencia básica: que la ausencia no se normalice y que la búsqueda no recaiga únicamente en quienes más han perdido. Hasta que eso ocurra, seguirán saliendo a rascar la tierra, a caminar hospitales, a pegar fichas y a nombrar a quienes faltan.

Y es que para Vicky en un estado marcado por la desaparición forzada y la violencia, Manos Buscadoras insiste en algo básico: que las personas no se esfuman solas, que la ausencia no puede volverse costumbre y que, mientras no haya respuestas, las familias seguirán buscando con lo único que tienen a la mano: su cuerpo, su tiempo y su memoria.

Porque en un país atravesado por la desaparición, buscar no es solo un acto de amor: es una forma de resistencia.

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Aletse Torres
Aletse Torres
Vivo de café, amo los gatos, no creo en las etiquetas. Desde niña quise ser periodista por Spiderman, me invento unas fotos, cubro cualquier tema con pasión, respeto y verdad.

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