“Solo quiero saber dónde están”: madre denuncia red de complicidad entre el DIF Tlajomulco y PPNNA Jalisco para favorecer a agresor vicario

Tania Rodríguez tuvo contacto por última vez con sus dos hijos Mateo y Máximo el 29 de marzo de 2026, luego de que personal de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Jalisco se los llevara del Centro de Convivencia Familiar del DIF Zapopan, al que acudieron para cumplir con una visita programa con su progenitor, Omar “N”. 

Pese a que Tania mantiene su custodia, la procuraduría se ha deslindado de tener información sobre el paradero de los dos adolescentes de 12 y 15 años y atribuye esta responsabilidad al DIF de Tlajomulco de Zúñiga, instancia a la que se supone fueron canalizados. No obstante, ahí se han negado a ofrecer detalles sobre el albergue, casa o lugar al que fueron trasladados. 

“Sólo quiero saber en dónde están”, reclama esta madre quien sospecha que las autoridades de ambas instituciones han favorecido impunemente al padre de sus hijos y se los han entregado, pese a que este hombre mantiene una denuncia en su contra por violencia de género.

En su búsqueda de justicia, como madre y mujer que lucha contra la violencia vicaria que ha experimentado, señala a diversas autoridades judiciales y operativas de ser cómplices por acción, omisión o negligencia del padre de sus hijos y agresor, entre ellas se encuentran dos juezas, una ministerio público, la jefa del centro de convivencias y una delegada del sistema de protección a las infancias. 

Para ella es claro que está también siendo víctima de violencia institucional, así como de una estrategia de simulación, corrupción e impunidad orquestada por el padre de sus hijos en complicidad con autoridades judiciales, administrativas y operativas quienes le han favorecido. 

Por Dalia Souza / @DaliaSouzal 

Imagen de portada creada con IA

La primera vez que Omar “N”, la expareja de Tania y padre de sus dos hijos quiso quitárselos a la fuerza fue en el año 2020, mientras se encontraba de vacaciones junto a los dos menores de edad en Puerto Vallarta. El intento de sustracción sucedió después de que le pidiera el divorcio.  

Mateo y Máximo de 10 y 7 años -en la actualidad- lograron regresar con su madre, gracias a la ayuda de su abuelo materno. Sin embargo, durante casi tres años Tania fue víctima de múltiples violencias ejercidas por quien fuera su esposo. Las describe como insultos, amenazas e, incluso, vigilancia y monitoreo excesivo que ahora, a la distancia, sabe que formaron parte de una estrategia de “destrucción”, amedrentamiento y venganza con el objetivo de ejercer control extremo sobre ella y sus dos hijos. La violencia económica y patrimonial también han sido hasta el día de hoy una constante que obstaculiza su vida. 

En 2023, luego de los eventos de Puerto Vallarta, Omar “N” intentó una vez más quitárselos, según explica esta madre, con la ayuda de su pareja actual. Sin autorización pasó por ellos a su escuela y se los llevó. Nuevamente, gracias a la ayuda del abuelo materno consiguieron regresar, pero ahora, de por medio, Tania decidió presentar una denuncia por violencia de género ante el Centro de Justicia para las Mujeres. 

“Salí con un pulso de vida, después de que les narré todo lo que él me había hecho”, cuenta. Fue como un shock, dice, reconocer y nombrar como violencia lo que había vivido hasta ese día. 

Contrario a lo esperado, las violencias por parte de su agresor fueron en aumento

En febrero de ese mismo año, Tania tuvo un accidente automovilístico de gravedad que la dejó convaleciente por al menos dos semanas, así fue como el cuidado de ambos niños pasó a su padre, quien aprovechó este evento para quedárselos de manera indefinida y arrebatárselos.

“Me dice “que hagan sus maletas y voy por ellos.” Mis hijos hacen maletas y mis hijos no regresan en 2 años”, advierte Tania.

Tania y sus hijos Mateo y Máximo antes de que su padre se los arrebatara en 2023.

Entre 2023 y 2025, ha presentado al menos tres apelaciones y seis amparos en los dos procesos legales que mantiene abiertos en la espera de justicia y el regreso de Mateo y Máximo: una denuncia penal por la violencia de género ejercida por su expareja y una demanda civil familiar para mantener la custodia de sus dos hijos y recuperarlos tras la sustracción de su propio padre. 

Ambos procesos han sido desgastantes, refiere, pues ninguna de las dos juezas a cargo de sus casos penal y civil han decidido actuar bajo una perspectiva de género, por el contrario, señala que en la práctica ha experimentado violencia institucional y desprotección de sus derechos como mujer y madre.  Responsabiliza a la Jueza Décimo Tercero de lo Familiar, María Olvia Núñez González y a la Jueza Samantha Saraí Fierros Loza del Centro de Justicia para las Mujeres de ser omisas en su actuar y de favorecer a su agresor. 

A la primera autoridad judicial la señala de ejercer acciones que van desde la desestimación del valor total de la reparación del daño que su agresor le ha provocado y de condicionarla a retirar la denuncia por violencia de género que mantiene a cambio de devolverle la custodia de sus hijos, hasta la simulación de dos operativos de restitución. 

Sobre esta ultima acusación refiere que “se hicieron dos operativos policíacos ordenados por la juez para que me regresaran en diciembre a mis hijos. Todos los domicilios que vieron estaban falseados, ha sido falsedad de información y no estaban mis hijos en ningún domicilio”, cuenta Tania, quien cuestiona a la juez de pasar por alto estas acciones dolosas, sometiéndola a más desgaste físico y emocional, así como por dejar sin consecuencias o sanciones a su agresor.

Tania sabe que esto no es fortuito, que esta violencia institucional se suscribe sobre una estructura de justicia patriarcal que favorece a los hombres agresores vicarios a través de prácticas de corrupción, impunidad y simulación, y que deja a su vez en la desprotección -y a expensas de más violencia- a las mujeres y sus hijos e hijas.

En diciembre de 2025, cuando finalmente Tania pudo recuperar a sus hijos en uno de los operativos de restitución ordenados por la juez, Mateo y Máximo, ahora ya con 15 y 12 años de edad, no querían regresar a su lado. 

“Cuando vuelvo a ver a mis hijos después de 2 años. Cuando voy a esa audiencia, obviamente mis hijos alineados no me querían ni ver. Sus respuestas eran que no querían regresar conmigo”, recuerda Tania.  

Según lo ha descrito la psicóloga clínica y forense argentina Sonia Vaccaro, quien desarrolló el concepto de violencia vicaria en 2012, las niñas, niños y adolescentes que se encuentran en medio de estos contextos se convierten en instrumentos para continuar el maltrato, la manipulación y el control hacia la mujer. 

Colectivas de mujeres en Jalisco, como la Alianza de Madres Protectoras contra la Violencia Vicaria, Madre Yo Sí Te Creo y el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria han sido contundentes en denunciar que entre las consecuencias más dolorosas de la violencia vicaria se encuentra la manipulación que los padres ejercen en contra de sus hijas e hijos para conseguir alejarles de su lado -más allá de la sustracción y el alejamiento forzado- a través de mentiras, denuncias falsas y engaños que vulneran la imagen de su madre ante sus ojos convirtiéndolas en figuras rechazables y enemigas. 

Esta madre relata que posterior al operativo de restitución, se realizó una escucha de menores  donde la postura de Mateo y Máximo se sostuvo sobre no querer volver a su lado, lo que favoreció a que la jueza María Olivia buscara regresarlos con su padre. 

“Yo traigo una orden federal. Me tienes que entregar a mis hijos. La custodia la tengo yo”, insistió Tania a la juez quien, pese a asegurar impunemente que tenía “órdenes de más arriba” para impedirlo, no le quedó otra opción que regresarlos a su lado. 

“Entonces, mis hijos salen conmigo, pero salen muy enojados”, recuerda con dolor. 

Pasó navidad con ellos, era diciembre, también año nuevo, pero durante todo este tiempo Mateo y Máximo no dejaron de tener contacto con su padre, “iba a visitarlos, las autoridades se lo permitieron, sin dimensionar esa parte de la alienación, de la violencia”, denuncia Tania, quien además explica que esto sucedía pese a que sus permisos estaban limitados a los encuentros dominicales en el Centro de Convivencia Familiar del DIF Zapopan. 

“Este hombre tenía acceso a verlos todos los días”, precisa Tania. Estos espacios, considera, fueron los que le permitieron seguir con la manipulación que terminó en la planificación de su última huida.

Mateo y Máximo no sólo no querían estar con ella, sino que comenzaron a pelear entre sí, ella no podía permitirlo, explica, pues estos comportamientos estaban poniendo en riesgo su integridad física. Desde su mirada, sus actitudes cada vez más agresivas, hostiles y de conflicto fueron instruidas y guiadas por su padre.

“Tú sólo estás buscando contener, cómo hacerles mejor el entorno en el que están, pero ellos vienen con otras indicaciones”, reflexiona. 

Según relata Tania, su expareja les ordenó pelear entre ellos con la intención de dejar huellas de esta violencia en su cuerpo y “demostrar” que su madre no era “apta” para cuidarlos. 

“El papá va a la escuela a tomarle una foto y a ponerme una denuncia en el juzgado familiar diciendo que no soy apta para cuidar a mis hijos y que sus hijos jamás habían tenido estos comportamientos violentos”. 

Las mujeres que luchan contra la violencia vicaria en Jalisco que ahora acompañan a Tania en su proceso de exigencia de justicia le han hablado de esto, pues en su experiencia saben que así es como se configura este tipo de violencia que parece cíclica e interminable.

“Te denuncian por violencia, te quitan a los hijos, te cambian la custodia, porque ahora la loca violenta y todo eres tú.”.

Un modus operandi, una estrategia patriarcal que viene tras la primera denuncia falsa por violencia en contra de la madre, continúa con el despojo de las hijas e hijos y termina con el retiro de la custodia y un proceso judicial tortuoso e indefinido.

Tania dice que ha hablado con Mateo y con Máximo desde la comprensión y la empatía, sabiendo que lo que están viviendo los tres es complejo y doloroso. Ambos adolescentes lo saben, saben que su madre ha buscado traerlos de regreso a una dinámica de vida libre de violencia, sin miedo, sin manipulación y sin mentiras, pero parece que las intenciones y las tácticas que ejercen los agresores vicarios superan cualquier explicación. 

“A ver, niños.” Les dije, “tienen poco de estar en la casa, lo que yo estoy buscando es cuidarlos, es sacarlos adelante y sacarlos de toda la violencia que han vivido y estos son los regalos y los premios que ustedes me dan a mí. Decir que yo los violento, los amenazo y todo lo demás”. ¿Cómo creen que me siento al recibir esta información?” Y me dice Mateo, el más chico, “traicionada.” Exactamente, le dije”, 

La última vez que  los tuvo cerca

Tania las llama red flags, es decir, las banderas rojas que anunciaron el último día que tendría a sus hijos a su lado. Lo que no entiende de éstas, más allá del dolo con el que su expareja planificó el escape e influenció a sus hijos para que le obedecieran, es que éste sucedería dentro de las instalaciones de una institución que debía protegerles y con la anuencia de diversas autoridades. 

Los eventos sucedieron el domingo 29 de marzo. Tania llegó puntual, Mateo le había pedido llevar junto con él su consola de videojuegos, una petición que aunque rara -pues no hay un lugar donde conectar el equipo para hacerlo funcional- cumplió para hacerle feliz. Llegaron al Centro de Convivencia Familiar de Zapopan donde sucedería la visita programada con su progenitor, Omar “N” 

Sus hijos, entraron al centro de convivencia corriendo, se alejaron de ella, algo que también le pareció extraño, pues su padre aún no había llegado y, por lo tanto, debían esperar los tres juntos para llevar a cabo el encuentro. Les llamó por teléfono, aunque ninguno contestó, la línea marcaba ocupado; “algo me decía que  no estaba bien, pero no estaba entendiendo yo qué pasaba”. Unos minutos después salieron y junto con ellos  llegó sorpresivamente a la entrada de las instalaciones su padre. Todo parecía acordado.

Nuevamente, Mateo y Máximo ingresaron al centro, pero ahora acompañados de él.

El tiempo de la convivencia terminó y cuando Tania volvió para recogerlos y preguntó por qué no salían, la respuesta del persona del centro de convivencia fue “porque no le vamos a regresar a sus hijos”. Tania les cuestionó “la custodia yo la tengo no es su decisión, así que se tienen que regresar conmigo”.

Por lo tanto, esta madre responsabiliza a la Jefa del Centro de Convivencia Familiar de Zapopan, Luz Adriana Delgado Celis de actuar de forma negligente y no identificar y detener el plan de sustracción que su agresor estaba orquestando. De tal manera que la única explicación que recibió es que, ya que ambos adolescentes manifestaron violencia y abuso de su parte no se los podría entregar y que llamaría a la  Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Jalisco para ser resguardados.  

“Yo dije, “¿en qué momento pasó esto?”, dije, “ya estaba planeado.” Porque en eso veo que llega el hermano (de su expareja), que llegaron los policías de este hombre y dije “por eso mis hijos se me desaparecieron tanto tiempo”, pues porque se estaban organizando con su papá”. 

“Sentada yo decía, “¿cómo es posible esto otra vez?”, me los acababan de entregar en diciembre,  tengo apenas 3 meses con mis hijos y otra vez me los van a quitar”, pensaba en medio de esta escena.

“No me pueden quitar a mis hijos”, les repitió desesperada y desconcertada de la arbitrariedad de la que estaba siendo víctima. 

Pasaron al menos cuatro horas para que personal de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Jalisco llegara. Tania no puede olvidar esta imagen: sus hijos la miraron y se fueron sin decirle una sola palabra “parecía que me decían “te ganamos y nos salimos con la nuestra”. 

Ese mismo día Tania acudió a la procuraduría junto a su padre, según relata, la ministerio público a cargo le confirmó que, tras escuchar a ambos adolescentes era posible confirmar que estaban siendo manipulados y alienados, pues el menor de ellos aseguró que su padre fue quien le dio la orden de decir que su madre les había violentado. 

“Entiendo tu molestia, sí están 100% alineados”, fueron las palabras de la Ministerio Público en turno cuando terminó el primer careo que sostuvieron con los adolescentes. Era de madrugada y aunque la autoridad ministerial había decidido que se quedaran bajo el resguardo de su abuelo materno, su expareja refutó la determinación, lo que llevó a la autoridad a revirar una vez más a favor de este hombre.

Así, el lunes 30 de marzo la procuraduría que ya había decidido que permanecieran con su abuelo paterno, modificó su decisión “va mi papá, le dicen que no se ha resuelto el caso, que no le van a entregar a los niños y que se llevaron a los niños al DIF de Tlajomulco de Zúñiga”. Otra negligencia, apunta Tania, “¿qué tienen que mandar a mis hijos a Tlajomulco cuando los actos sucedieron en Zapopan?” se pregunta indignada. 

Con un amparo federal de por medio, que ordenaba la entrega inmediata de sus dos hijos en un lapso máximo de 24 horas, Tania se presentó ante Nayeli Montserrat Álvarez Guevara, ministerio público de la Agencia 9 de Albergues, de la Unidad de Investigación de Delitos Cometidos en Agravio de Niñas, Niños y Adolescentes.

Pese a que la orden establece que ella mantiene la custodia de ambos menores y que es obligación de las autoridades entregárselos para que sigan bajo su tutela, la Ministerio Público se excusó diciéndoles que “apenas se estaba empapando del caso” y que desconocía de la existencia del amparo -aunque Tania se lo estaba mostrando-. 

“Ahí estaba la familia de este hombre, más mi papá y yo y nos dicen que pues que apenas estaban tomando el caso que no sabía nada de del amparo, que no sabía nada de nada y que pues iban a hacer la entrevista el día siguiente de mi papá”. 

Esta misma ministerio público, afirma Tania, ha sido omisa en entregar una copia del expediente del caso donde se encuentra asentado que sus hijos sí fueron manipulados por su expareja para señalar a su madre de haberles violentado. Acción que obstruye su proceso para presentar una denuncia por violencia vicaria. 

Después de una entrevista a su padre, así como a los familiares de su expareja, la procuraduría reiteró su decisión: Mateo y Máximo serán canalizados al DIF de Tlajomulco de Zúñiga, instancia que hasta el día de hoy no ha ofrecido información sobre el real paradero de ambos menores. 

¿Dónde están mis hijos? demanda Tania. 

“La semana pasada fui y les dije, “ya pasaron 2 semanas sin que acaten las indicaciones de que me den a mis hijos. Necesito saber en qué supuesto orfanato los tienen, porque aquí los que están violentando y privando libertad  a mis hijos son ustedes, porque ya esto es un secuestro y si están vinculados con el papá de mis hijos, entonces toda esta es una red de corrupción y de negligencia” relata.

Para ella es claro que hay información que se le está negando y que las autoridades ocultan para admitir que fueron entregados a su padre, pasando por alto que él mantiene una denuncia por violencia de género, que ejerció manipulación en contra de sus dos hijos para dañar a su madre y con ello mentirle a la autoridad. 

Por su parte, la procuraduría de protección se ha deslindado, a través de un oficio, relata Tania “mandaron un oficio, ese fue el que más me preocupó, el jueves pasado, diciendo que no entendían por qué DIF Tlajomulco no había hecho la entrega de los niños, que ellos se deslindaban y que no conocían ni el caso”.

“Dije: ¡cómo que no sabe ni el caso!”, reclama.

Tania y sus hijos previo a ser retirados por las autoridades de protección a la infancia en Jalisco.

“Desde el 29 de marzo, que fue el último careo los vi. No los he vuelto a ver. No sé en dónde están. Hemos ido a Tlajomulco, nos hemos movido por todos lados” cuenta sobre el tortuoso proceso que ha sido forzada a vivir en medio de autoridades que parecen actuar en su contra sin comprender que ella y sus hijos son quienes necesitan de su protección. 

En ese sentido, tuvieron que pasar dos semanas para que Tania pudiera hablar con Claudia Elizabeth Romero Arellano, Delegada del DIF Tlajomulco de Zúñiga. Cuando finalmente le recibió lo hizo para decirle que, aunque ella tiene la custodia y el amparo que ordena la restitución inmediata de sus hijos, “hace caso al manifiesto de los niños”, ignorando -contradictoriamente- el señalamiento que ellos hicieron de forma previa ante la procuraduría sobre la manipulación ejercida por su padre. Y es que, para la delegada, esta no es su competencia. 

Este lunes 13 de abril Tania pudo verlos, a través de una videollamada, pero sin que ninguna autoridad atendieran su solicitud de saber en dónde y cómo están. 

No es ingenua, intuye que este actuar negligente y el silencio en el que se han mantenido, llevándola a un estrés y preocupación innecesaria, responde a que las autoridades de protección a la infancia involucradas hasta ahora en el caso, -luego del último intento de sustracción-, han entregado a Mateo y a Máximo a su padre.

“A lo que me han dicho todas las otras personas que me han estado apoyando por las diferentes formas, me dicen, “Tania, tus hijos los tienen el papá y por eso te traen como tonta por todos lados, porque ya no saben cómo decirte que al final se los dieron”. Es por eso que nadie ha podido encontrarlos en ningún albergue. Yo digo: “¿qué esperan? Que uno se quede de brazos cruzados y que diga  ¡ah pues ya se los tragó la tierra, pues ni modo!… esa no es una opción” afirma Tania. 

De alguna forma en complicidad o por omisión, explica esta madre, han favorecido a un agresor vicario sin importarles las consecuencias que esto está dejando en su vida. 

“Una persona en un dos por tres destroza la justicia que poco o nada había existido y la terminan por romper ustedes (las autoridades) por corruptos. Yo estoy pidiendo a mis hijos de manera legal y ustedes seguramente se comprometieron con a alguien más por dinero”, recuerda que estas fueron las palabras con las que Tania encaró a la delegada del DIF Tlajomulco durante la reunión del lunes 13 de abril.

Las demandas de Tania hasta este momento son las siguientes:

  1. Saber en dónde están sus hijos, no fue suficiente verlos. Urge a las autoridades que le informen sobre el lugar y las condiciones en las que se encuentran, así como, que les sean entregados para que puedan seguir bajo su cuidado y resguardo, sobre todo, para que no se sigan vulnerando sus derechos básicos a la educación, a vivir en un entorno seguro, libre de violencias y digno.
  2. Que se responsabilice y sancione a todas las personas servidoras públicas que no han respetado sus derechos como mujer y madre que ha denunciado violencia de género y que ha demandado la restitución de su vinculo filial materno. Para ella es vital que quede de manifiesto la red de corrupción patriarcal que dentro del sistema de justicia y de protección a la infancia opera para favorecer a agresores vicarios y que, a su vez, lacera la vida de infancias, adolescencias y mujeres.
  3. Que se sancione a su expareja, padre de sus hijos y agresor para que no siga haciéndoles daño. 

Con dolor, reconoce que la violencia vicaria de la que ahora también se nombra una víctima y sobreviviente, es una problemática social semejante a la que viven quienes buscan a sus seres queridos desaparecidos “tristemente las madres buscadoras, como nosotras, sabemos que somos madres, pero no sabemos en dónde tienen a nuestros hijos” apunta. 

Finalmente, dice que luchará hasta las últimas consecuencias, para que de su caso quede constancia cada omisión, negligencia, acto de impunidad y corrupción que ha experimentado, con el objetivo de Mateo y Máximo, sus hijos, nunca duden que su mamá buscó recuperarlos.  

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Dalia Souza
Dalia Souza
Periodista apasionada de la radio, comprometida con quienes resisten en la exigencia de verdad, memoria y justicia. Creo que el periodismo es una herramienta para construir paz y cambio social.

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