Pueblos fantasmas, el mapa desolador en la sierra de San Ignacio, Sinaloa

#AlianzaTerritorial

Entre masacres históricas y el terror moderno de los drones, cientos de familias en la sierra de Sinaloa han sido arrancadas de sus raíces. Esta es la historia de una resistencia que se niega a morir entre las cenizas del abandono y la indiferencia oficial.

Por Yolanda Tenorio

Paula abandonó su casa una madrugada junto con sus hijas. Lo hizo contra su voluntad, con lo puesto y el corazón lleno de incertidumbre. No hubo tiempo para mirar atrás. Como ellas, cientos de familias en San Ignacio, Sinaloa, se han visto obligadas a dejar su hogar; no por elección, sino por pura supervivencia.

La sierra sur del estado en el municipio de San Ignacio, del estado de Sinaloa, pasó de ser la más poblada en la entidad a la que acumula alrededor de 72 pueblos fantansmas, por una serie de desplazamientos forzados provocados por la violencia sistemática que se ha instalado en la región por más de dos décadas.

San Ignacio es el cuarto municipio más extenso de Sinaloa, una región donde la se impone frente a la costa. Colinda con el estado de Durango. Su vastedad territorial, 4,650 km², choca con su realidad demográfica: de acuerdo con el censo poblacional de 2020, es el segundo municipio menos poblado, con apenas 19,505 habitantes. Esta ausencia de gente no es casualidad, es el resultado de décadas de violencia.

La situación de violencia la comparte con los municipios sinaloenses que limitan con San Ignacio: Cosalá, Mazatlán y Elota.

Ajoya: El epicentro de la tragedia

Aunque el desplazamiento forzado en la sierra data de hace décadas, el punto de quiebre fue la “Masacre de Ajoya” en 2002. Aquel 10 de mayo, un grupo armado irrumpió en el festejo del Día de las Madres y abrió fuego. El saldo fue devastador: once muertos, entre ellos dos mujeres, un menor y dos policías estatales que no pudieron repeler el ataque. Ocho personas más quedaron heridas.

Ese episodio marcó el inicio de un éxodo masivo. La inseguridad desencadenó una ola de secuestros y asesinatos que obligó a las familias a vender su ganado —el mejor de la región— para pagar rescates de parientes que, en muchos casos, nunca regresaron. Muchos más huyeron y dejaron sus propiedades en el territorio.

Ajoya, que llegó a ser el principal productor ganadero del estado con una población de mil personas y ferias que atraían a grupos como Los Cadetes de Linares, quedó sumida en el silencio. Durante 17 años, las casas de adobe y tejas se desplomaron bajo el peso del abandono.

Y aunque no existe un registro oficial en los archivos del Ayuntamiento de San Ignacio, los testimonios documentados de decenas de familias, evidencia en ese entonces fue casi nulo el apoyo por parte de las autoridades porque cada familia tuvo que salir adelante por sus propios medios. Tampoco existía la Ley para Prevenir, Atender y Reparar integralmente el Desplazamiento Forzado Interno en el estado de Sinaloa, ni estaba tipificado como delito el DFI.

Las rancherías y comunidades del municipio han desaparecido poco apoco. Algunas tenían muy pocos habitantes pero formaban parte importante del desarrollo ganadero y agrícola de la región.

En memoria a las personas que dieron vida a los pueblos deshabitados, se nombran en este trabajo, ya que varias fueron víctimas colaterales de ese fatídico 10 de mayo y cientos de familias que fueron desplazados, ya no regresaron:

El Huizache, El Espino, Agüines, Las Garcitas, Casas Viejas, Arroyo Mexteña, Chinacates, Panaltita, La Filosa, Agüines, La Cebolla, El Tocador, Los Frijolares, El Chilar, Bordontita, La Sierra, El Molino, Los Zapotitos, Caballo de abajo, Caballo de Arriba, El Pedroso, Huerta de los Campista, El Llano, El Pino, La Tauna, La Quebrada, Oso de Abajo, Oso de Arriba, Las Jarillas, La Berenjena, Rincón del Zapote, El Ciruelar, Las Palmas, El Candelero, y Duranguito de Ajoya, El Buey, El Pueblito, Pueblo Nuevo, La Sierrita, Sombreretillo, La hierbabuena, El Carrizo, La Chirimoya, Soledad, La Mora Mocha, El Espadañal, El Guasimal, y Río Verde, Guadalupito, Los Melones, El Campamento, El Broto, Extitán, La Maroma, El Aviador, La Bolsa, San Vicente, Rincón de las Calabazas, Limón de los Castañeda, La Cañita, El Amarillo, La Piedra, Los Hornitos, El rincón de Jocuixtita, La Vainilla, San Vicente, El Sabino, Mesa Verde, Las Parritas, La Ciénega, Jocuixtita y El Verano.

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