Arquitectos mexicanos ganan certamen internacional para construir escuela rural en Senegal

Equipo de arquitectos mexicanos se alzó con el primer lugar en un concurso internacional gracias al diseño de una secundaria rural en Senegal. La propuesta destaca por ser una construcción sostenible, de bajo costo y adaptable al entorno, lograda mediante la fusión de tecnología moderna y conocimientos tradicionales.

Por Vanessa Briseño / @nevervb

El grupo, liderado por los arquitectos Rodrigo Velasco y Sandra Sánchez, del Estudio Alarife, junto con los estudiantes del ITESO Mateo Rubio y Camila Briani, obtuvo el máximo reconocimiento en el Senegal Secondary School Architecture Competition. Su proyecto propone una infraestructura para la comunidad de Djilakh, diseñada para combatir el rezago educativo en zonas vulnerables.

Esta solución arquitectónica busca responder a la carencia de espacios escolares mediante un modelo replicable y ecológico. La clave del éxito consistió en equilibrar herramientas contemporáneas con la sabiduría constructiva de la zona, garantizando que el edificio sea funcional y coherente con su realidad social.

En entrevista con ZonaDocs, los integrantes explicaron que la iniciativa surgió de una invitación directa. Tras conocer la convocatoria, Rodrigo y Sandra invitaron a Mateo y Camila —quienes fueron alumnos de Rodrigo— para consolidar un equipo multidisciplinario que sumara diversas perspectivas al proceso creativo.

Desde el comienzo, la dinámica de trabajo rompió con las jerarquías tradicionales de los despachos. Profesionales y estudiantes colaboraron bajo una lógica de intercambio horizontal de ideas, permitiendo que el diseño final fuera producto de una construcción colectiva y sin imposiciones.

El contexto del proyecto es crítico: en las áreas rurales de Senegal, el acceso a la educación media es sumamente limitado debido a que la infraestructura se concentra en las ciudades. En poblados como Djilakh, los jóvenes suelen interrumpir su formación académica tras terminar la primaria al no contar con una secundaria cercana a la cual trasladarse.

Bajo estas condiciones, el concurso exigía un diseño que fuera sostenible, económico y adaptado al clima extremo. La convocatoria hacía especial énfasis en utilizar recursos locales para asegurar que la construcción fuera viable y que los materiales no representaran un obstáculo logístico ni financiero.

El equipo identificó que el mayor desafío residía en el techado. Las escuelas actuales utilizan lámina galvanizada, un material común pero que genera temperaturas sofocantes en el interior. Para resolverlo, desarrollaron una estructura que une la eficiencia técnica con el aprendizaje vernáculo.

“Nuestra propuesta atiende varios temas, pero el principal es la hibridación; buscamos un punto medio entre la tecnología y la tradición”, puntualizó Rodrigo. Este enfoque permitió que la escuela no fuera solo un edificio, sino un espacio diseñado para la realidad climática de Senegal.

El diseño final no fue producto de una inspiración aislada, sino de una investigación profunda que cruzó referencias de distintas regiones del mundo con climas áridos similares. De esta manera, la arquitectura se concibió como un ensamblaje de soluciones probadas que funcionan fuera de los moldes convencionales.

Técnicamente, el sistema de doble cubierta es el corazón del proyecto, ya que la lámina superior protege de la lluvia, mientras que un plafón interior de materiales naturales ligeros actúa como aislante térmico. Esta combinación evita el sobrecalentamiento de las aulas sin elevar los costos de ejecución.

Este planteamiento resolvió la problemática climática sin sacrificar la viabilidad económica del conjunto. Además, el proyecto incluyó criterios bioclimáticos y el uso de materiales de fácil acceso en la región, tales como tierra, madera y diversas fibras naturales.

La sencillez del diseño permite que la propia comunidad participe en la edificación sin necesidad de una especialización técnica avanzada. Según Sandra, esto fue posible gracias a un “proceso iterativo”, un método de trabajo que les permitió perfeccionar la propuesta paso a paso.

Esta dinámica de revisión constante integró variables sociales, climáticas y constructivas en cada etapa del desarrollo. En este sentido, la participación activa de Camila y Mateo fue fundamental para refrescar la visión del proyecto y ajustar los detalles técnicos.

Camila destacó que el ambiente de trabajo fue inclusivo, permitiendo que sus ideas tuvieran el mismo peso que las de los arquitectos titulados. “A veces se piensa que los estudiantes solo seremos dibujantes, pero aquí tuvimos espacio real para proponer y diseñar”, comentó.

Para Mateo, haber ganado este certamen internacional representa un hito en su carrera profesional. El joven estudiante afirmó que participar en un proyecto con este nivel de impacto social y técnico “significó un antes y un después en su visión de la arquitectura”.

El equipo no se limitó a lo estético; también analizó el tejido sociocultural de Senegal. La investigación abarcó desde los modelos pedagógicos locales hasta la forma en que los habitantes se apropian de los espacios públicos para asegurar que la escuela fuera bien recibida por la comunidad.

De esta forma, la propuesta se alejó de los diseños rígidos y ortogonales europeos, apostando por formas más orgánicas y espacios abiertos. Estos lugares intermedios favorecen la convivencia y se adaptan mejor a las formas de organización social de las comunidades rurales africanas.

En lo constructivo, se rescató el sistema “Caruna”, una técnica basada en el uso de la tierra que las mismas comunidades dominan. Esta base tradicional se reforzó con soluciones modernas para garantizar que el edificio sea estructuralmente seguro y duradero frente al paso del tiempo.

El primer lugar obtenido fue el resultado de saber equilibrar el diseño arquitectónico con la realidad del entorno. Aunque el reconocimiento ya fue entregado, el proyecto se encuentra actualmente en su fase conceptual, preparando el terreno para una posible ejecución.

Los próximos pasos incluyen el desarrollo de cálculos estructurales detallados y la creación de un modelo a escala real para probar su resistencia. Asimismo, el equipo busca alianzas y financiamiento internacional que permitan convertir estos planos en una escuela real para Djilakh.

A la par, los arquitectos consideran que esta lógica de diseño es perfectamente aplicable a las zonas rurales de México. Adaptando los materiales y el análisis climático a cada estado, el modelo de secundaria sostenible podría ayudar a reducir la brecha educativa en comunidades apartadas del país.

Para Rodrigo, el éxito en este concurso internacional también resalta la importancia de fomentar más competencias de este tipo en México. El equipo concluyó que su trabajo propone una nueva forma de entender la arquitectura: una práctica donde el conocimiento técnico y el saber comunitario se unen para transformar el entorno.

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Vanessa Briseno
Vanessa Briseno
Melómana por excelencia y apasionada de la lectura. Creo firmemente que el periodismo es una gran herramienta que te permite contar historias reales desde la verdad.

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