Se renta… o no

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Hace unas semanas, Juan José Frangie estuvo en mil y una notas por una serie de declaraciones que dio, cada una de ellas desafortunada, por no decir reprobables. Cuestionado por la reportera Isaura López Villalobos, del canal 44 de la Universidad de Guadalajara, sobre el hecho de que Zapopan aparece como uno de los municipios con los costos de vivienda más elevadas del país, el alcalde zapopanorespondió que “lo bueno cuesta caro” y que está en contra de las iniciativas que buscan regular los precios del mercado inmobiliario, argumentando que en la exvilla maicera prefieren regirse por la ley de la oferta y la demanda. Luego, ya envalentonado, se quejó de que le hacían puras preguntas “con jiribilla” y lamentó que se hubiera muerto “el que mandaba”, en alusión a Raúl Padilla. Salió desatado ese día, Frangie, y seguramente al día siguiente se tomó bien sus medicamentos porque hizo circular una disculpa a la reportera.

Pero lo dicho, ya había sido dicho.

Una buena manera para comprobar que no es cierto eso de que “lo bueno cuesta caro” es echarse un clavado a los grupos de redes sociales que promocionan viviendas para renta o venta en el área metropolitana de Guadalajara. Basta ver un par de anuncios para darse cuenta de que lo bueno cuesta caro, y lo malo también: viviendas en las más dispares condiciones, lejos de todo, muchas de ellas en zonas claramente abandonadas de cualquier política pública, se ofertan en precios exorbitantes que van incrementando conforme uno se acerca a determinadas zonas de la mancha urbana. Mientras la renta de una vivienda allende el periférico puede costar alrededor de 7 mil pesos, eso mismo, o incluso más, puede costar la renta de un solo cuarto con ambientes compartidos en la zona de Chapultepec.

Ayer me encontré un ejemplo bastante elocuente:

Loft amueblado en renta – ideal para 1 o 2 personas.

Ubicación: Zapopan, a 10 min de Plaza Patria, cerca de línea 3 del tren ligero y servicios.

Espacios: sala, comedor y cocina integral con jardín interior y ventanales amplios para integrar espacios.

Recámara: 1 habitación con clóset, ventilador, TV y opción de traer cama.

Baño completo y cuarto de lavado techado con instalaciones.

Servicios incluidos: internet, agua, luz y gas.

Costo: $15,000 de renta + depósito y póliza de arrendamiento ($4,300)”.

Lo he leído muchas veces y sigo preguntándome a qué se refiere con “opción de traer cama”. Y lo he leído otras tantas con la calculadora en la mano: ¿cuántas personas tienen a la mano los 34 mil 300 pesos que van a necesitar desembolsar para poder rentar un espacio tan pequeño, ubicado precisamente ahí donde “lo bueno cuesta caro”?

Como si los costos no fueran suficiente impedimento, también está el tema de los requisitos. Hace unos días llamé a una inmobiliaria: un inmueble con dos habitaciones tenía un costo de 9,500 pesos, pedían un mes de depósito, el mes adelantado y un aval no mayor de 60 años. En otro, de una casa de dos habitaciones, pedían una renta de 12 mil pesos más otro tanto de depósito e ingresos comprobables por tres veces el valor de la renta.

Y por si no hubiera sido bastante, está el tema de las estafas: cada tantas publicaciones aparecen denuncias de personas que dieron una cantidad para apartar la vivienda o para las llamadas “investigaciones” o para lo que se les ocurra, y que luego ya no pudieron contactar más a la persona con la que estaban haciendo la negociación.

Por ahí vi una publicación de alguien que opinaba, no sin razón, que así como hay tantas condiciones para proteger los bienes inmuebles de quienes los ponen en renta, también debería haber una manera de proteger a quienes lo único que buscan es ejercer su derecho a una vivienda adecuada. Un derecho que, vaya, está contenido en el Artículo 4 de la Constitución. “Toda persona tiene derecho a disfrutar de vivienda adecuada. La Ley establecerá los instrumentos yapoyos necesarios a fin de alcanzar tal objetivo”, dice el texto, que en ningún lugar habla de la ley de la oferta y la demanda, como dijo Juan José Frangie.

Desde hace muchos años, el área metropolitana de Guadalajara ha venido inflando una burbuja inmobiliaria con el cobijo y la complacencia de una autoridad que ha preferido diseñar estrategias paliativas que, más que beneficiar a la población, sólo continúan agravando la situación, añadiendo actores como las rentas de corta estancia —Airbnb, pues. Pero es importante tener en cuenta que todas las burbujas revientan y las consecuencias nunca son menores. Y esta no va a ser la excepción.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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