Manos Libres
Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X)
En una situación de emergencia humanitaria como la que vive México con relación a la desaparición de personas, la palabra expectativa y acción tienen otros significados porque la experiencia de colectivas de búsqueda y familiares les ha enseñado que los mismos caminos llevarán a idénticos resultados.
El Informe sobre Desapariciones en México de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, es una recopilación de lo que durante décadas se ha documentado, denunciado y omitido por parte del Estado Mexicano.
Su respuesta actual y sus argumentos, por ejemplo, sobre la atención a las causas, las políticas públicas y en cuanto a la tolerancia (aquiesencia) hacia la existencia de éstas graves acciones, es algo para repasar una y otra vez por lo sorprendente de los enfoques de un gobierno (y los de los Estados) que prefieren defenderse en vez de reconocer la connivencia entre la delincuencia organizada y distintas autoridades, incluso por la inacción en el cumplimiento de sus deberes de prevención.
Aspectos valiosos del documento, es la expresión de los distintos contextos que han propiciado las desapariciones de personas en México, como un mecanismo de represión y control estatal, hasta migrarlo a grupos organizados delictivos y de particulares, donde la violencia, el horror y la deshumanización hoy privan.
En su contenido también podemos apreciar que el Estado reaccionó históricamente con base en el control y negación. Con las presiones para la apertura a la democracia del país y la transparencia, entre otras, optó por reducirlas, atribuirlas a responsabilidades personales, verlas como casos individuales o “aislados”, hasta llegar el día de hoy, con la existencia de amplios marcos legales, instituciones, diálogos y foros pero que no alcanzan a tocar la agenda estructural.
El informe reconstruye una ruta de construcción del horror, trazada por dinámicas de poder, omisiones y violencias que han provocado la grave situación en la que nos encontramos. Deja una clara impresión de que lo que actualmente presenciamos si bien es cierto es complejo, en sus distintas aristas, por ejemplo, las crisis partidistas y de poder, la guerra contra las drogas entre otras, dibuja que en muchos de sus espacios ha sido una inversión medida y tolerada desde el Estado.
Colocar de nuevo al centro los feminicidios en Ciudad Juárez y la desaparición de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, como cortes históricos de la indignidad, nos reiteran que no debe perderse el foco en la amalgama de la asociación desapariciones, poder político, delincuencia organizada y una dedicada coordinación entre distintas autoridades.
La transición de Jalisco da cuenta de ello, su dinámica y presencia en dinámicas de desaparición forzada, tolerancia a la cometida por particulares y por grupos de la delincuencia organizada, la existencia de centros de exterminio y entrenamiento, así como un reclutamiento sin fin de jóvenes, relatados a detalle en el informe, dan cuenta de una supuesta transición de poder que ha optado a diferencia de otras entidades, por una asociación y una connivencia en varios territorios de la entidad. Se prueba la existencia de un corredor en el Pacífico dedicado industrialmente a ello, sin una respuesta regional.
Los hechos ocurridos el 22 de febrero de este año en el marco del operativo que resultó con la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, es una prueba más, que Jalisco vive una condición clara de aquiesencia y de agotamiento de sus instituciones de seguridad pública, procuración de justicia y de identificación humana.
Es momento de abrir paso urgentemente a la cooperación internacional y a una reforma que implique procesos de superación de esta indignidad.
El documento resalta la importancia de reconocer a las y los buscadores como defensores/as de derechos humanos, lo cual implicará realmente atender con oportunidad sus solicitudes, protegerlos en su seguridad e integridad y evitar tratarlo como un tema para crear una agenda legislativa o pretexto para resucitar mecanismos que no han dado muestra trabajo real, de transparencia o de contar con efectividad enlas acciones.
El informe es categórico en lo relacionado a la identificación humana, es momento de extinguir el viejo modelo del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses para crearlo como una verdadera agencia de Estado, con responsabilidades, procesos, estándares y conexiones con instituciones y universidades que aporten recursos, saberes y dinámicas para superar el horror.
Será urgente crear con base en la recomendación un Acuerdo de Estado y más allá de él, porque está claro que lo que ocurre actualmente, sienta las bases para el futuro, continuar de la misma manera es consolidar una entidad donde la violencia y el horror gobiernen, donde la pelea sea por metodologías y bases de datos, y claro recursos para unos pocos, pero no por buscar a las personas desaparecidas con vida o sentar las bases de justicia y verdad.
Serán las colectivas desde sus saberes, quereres y poderes las que orienten la nueva senda, para lo cual la suma de actores, personas expertas, agencias internacionales, universidades y organismos de la sociedad civil, debemos estar atentas para convocar, dialogar desde la diferencia, precisar rutas y denunciar lo que no lleve a superar el horror
El Informe cumple con su papel de llamar, documentar, orientar, a todas nos toca hacer que realmente se convierta en un signo de esperanza.


