La violencia también se quedó en el cuerpo

#DespuésDel22F

El 22 de febrero de 2026, Jalisco vivió una jornada marcada por narcobloqueos, vehículos incendiados y rumores que circularon sin pausa en redes sociales. Aunque muchas personas nunca estuvieron frente a un enfrentamiento armado, la violencia alcanzó otros espacios menos visibles: el cuerpo, la mente y la rutina cotidiana. 

A través de las historias de Sofía, Daniel y Valeria, este texto explora cómo el miedo y la incertidumbre detonaron crisis de ansiedad entre jóvenes que aprendieron que, incluso cuando las calles vuelven a abrirse, el impacto de la violencia puede quedarse dentro.

Por Jimena Cañez  / @jimenaacanez

Sofía no llegó a su parada. Se bajó dos estaciones antes, en una avenida transitada de la Zona Metropolitana de Guadalajara, con las manos temblando y el pecho apretado. El camión siguió su ruta. Nadie pareció notar nada. Afuera, la ciudad seguía en movimiento: coches, semáforos, gente con audífonos.

Pero para ella, el aire ya no alcanzaba.

“Empecé a pensar que algo podía pasar… y ya no pude respirar”.

Días antes, el 22 de febrero de 2026, Jalisco había vivido una de las jornadas más violentas de los últimos años. Todo comenzó con un operativo federal dirigido contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en el que murió su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”.

La respuesta del grupo criminal fue inmediata y coordinada. En cuestión de horas, distintos puntos del estado quedaron paralizados por bloqueos carreteros, vehículos incendiados y ataques contra diversas corporaciones policiacas.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara se registraron múltiples puntos de bloqueo.

Las autoridades activaron protocolos de emergencia. El gobierno estatal pidió a la población no salir de casa, se suspendieron clases y varios negocios cerraron de manera anticipada. En algunas zonas, el transporte público dejó de operar.

***

Pero más allá de lo que ocurría en las calles, hubo otro fenómeno igual de importante: la información circuló de forma fragmentada.

Durante horas, la población dependió de redes sociales, cadenas de WhatsApp, audios y videos que se compartían sin verificación clara. Las imágenes de vehículos incendiados y rumores de enfrentamientos se mezclaban con información falsa o imprecisa.

El resultado fue un ambiente de incertidumbre.

“No sabías qué era verdad y qué no”, recuerda Valeria, de 19 años. “Todo era confuso… audios, videos, cosas que no sabías si eran verdad o no”.

Aunque los bloqueos y ataques se concentraron en ciertos puntos, el efecto del 22 de febrero no se limitó a quienes estuvieron físicamente ahí. También alcanzó a quienes lo vivieron a través de la información.

Sofía no salió ese día. Permaneció en su casa siguiendo lo que ocurría desde su celular. Pensó que, una vez terminado todo, la normalidad regresaría. Pero no fue así.

El miedo apareció después.

“No era la primera vez que me pasaba algo así… pero esta vez sentía que podía pasar en cualquier momento cerca de donde vivo”.

***

Para Daniel, de 23 años, el 22 de febrero sí implicó salir a la calle.

Trabajaba cuando comenzaron a circular los primeros reportes de violencia. Su jefe decidió cerrar antes. El trayecto de regreso a casa fue distinto: tráfico detenido, tensión en el ambiente, personas intentando llegar rápido.

“Todo el camino iba viendo gente con miedo…”.

Logró llegar.

Pero el impacto no fue inmediato.

Días después, al retomar su rutina, su cuerpo reaccionó.

“Me empezó a doler el pecho, me sudaban las manos. Pensé que me iba a dar algo”.

Daniel había sido diagnosticado con ansiedad dos años antes. También había dejado la terapia.

“Creí que ya lo tenía controlado… pero esto me regresó a donde estaba antes”.

***

Los casos de Sofía, Daniel y Valeria tienen algo en común: ninguno vivió directamente un enfrentamiento armado, pero todos experimentaron sus consecuencias.

En México, los trastornos de ansiedad son una de las condiciones de salud mental más frecuentes entre jóvenes. Según datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE), una proporción significativa de personas entre 18 y 29 años reporta síntomas recurrentes de ansiedad, estrés o angustia.

Especialistas señalan que eventos de violencia o incertidumbre pueden funcionar como detonantes. El psicólogo José Luis Miguel explica que estos episodios activan respuestas emocionales incluso cuando no se experimentan de forma directa.

“No necesitas estar en el lugar donde ocurre la violencia para que tu cuerpo la procese como una amenaza real”.

Además, la sobreexposición a información —especialmente cuando es caótica o alarmante— puede intensificar esa sensación.

En el caso del 22 de febrero, ese factor fue clave.

Las historias de los tres jóvenes muestran distintas formas de experimentar el mismo evento.

Sofía lo vive en el espacio público, en el transporte, en lo cotidiano.

Daniel lo experimenta como una recaída vinculada a una ansiedad previa.

Valeria lo construye desde la pantalla, a través de la información.

Días después del 22 de febrero, Valeria tuvo un ataque de pánico.

“Cuando tuve que salir otra vez, me dio miedo todo… los carros, la gente, cualquier ruido fuerte”.

En los tres casos hay otro punto en común: habían dejado la terapia.

Para especialistas, abandonar el tratamiento cuando aparece una mejoría es una práctica frecuente, pero riesgosa.

“La gente cree que ya está bien y deja la terapia, pero no necesariamente ha desarrollado herramientas suficientes para enfrentar un evento detonante”, explica José Luis Miguel.

Eso fue lo que ocurrió.

El 22 de febrero no generó la ansiedad desde cero.

La activó.

Sofía lo entendió al bajarse del camión:

“Ahí dije: no estoy bien… solo lo tenía como escondido”.

Daniel lo resume distinto:

“Pensé que ya había pasado… pero no”.

Para Valeria, la conclusión llegó después del miedo:

“Ahora sé que necesito volver”.

El 22 de febrero alteró la ciudad durante horas. Bloqueó calles, detuvo actividades y generó incertidumbre.

Pero para algunos jóvenes, el efecto no terminó ese día. Solo cambió de lugar. Pasó de las calles al cuerpo.

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“¿Qué pasó después del día en que Jalisco se detuvo?” es un proyecto periodístico realizado por alumnas y alumnos del Laboratorio de Información de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO en colaboración con ZonaDocs.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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