Manos Libres
Por Francisco Macías Medina /@pacommedina (X) /@FranciscoMacias(TG)
La realidad alterna y presente que habitamos a través de las redes sociales, nos conduce aún involuntariamente a lo más viral y presente en las personas habitantes de la virtualidad. La copa mundial de fútbol de la FIFA 2026, pareciera una aduana o una liturgia forzada por la que hay que pasar o traducirla en una agenda permanente.
En éste último caso se encuentran los gobernantes y actores políticos, que han encontrado un nicho de oportunidad para hacer “minería” de colores, identidades, frases de ese deporte, convirtiéndolo en un gran telón donde se encuentran las realidades, muchas de ellas venidas de una constante de una violencia crónica y de la emergencia humanitaria.
La fiesta tan necesaria para la conexión, la cooperación y el desahogo de las comunidades en este caso del mundo, se ve usada por una organización internacional como instrumento para potenciar lo privado sobre lo público, los intereses mínimos sobre lo común y potenciar más el ánimo de lucro.
Eso coloca la dinámica, el color, opinión y aficiones en esos otros espacios, de los que seguro la cobertura se verá disminuida.
Por eso me parece importante las acciones de resistencia de colectivas de desaparecidos, las cuales en vez de parar por lo efímero, acentúan más su propósito primordial. La Campaña llevada a cabo del colectivo “Entre Cielo y Tierra”, con la pega de las imágenes de las personas desaparecidas vestidas con atuendos de la selección nacional nos lleva a un cuestionamiento claramente personal: es necesaria la búsqueda y lo colectivo para lograrlo.
Aunque no se trata de una colección, representa a una comunidad mutilada por la violencia, la impunidad, la falta de verdad y de justicia en donde nos faltan todas, basta recordar que de diciembre de 2018 a la fecha poco más de 3,100 personas desaparecidas fueron localizadas sin vida, y el 89 % de ellas fueron víctimas de delitos que debieron de haberse perseguido oportunamente (Colectivo “Entre Cielo y Tierra”).
Esta acción que nos permite colocarse en la realidad sin fugarse de ella, me hizo preguntarme en qué pasaría si toda la organización de un Estado se volcara a la búsqueda de nuestros desaparecidos a la usanza del Mundial.
Encontraríamos decretos que alinean y coordinan los trabajos, existiría un acuerdo sobre los pendientes, sus desafíos, la falta de recursos y la línea de tiempo necesaria para lograrlo en un corto, mediano y largo plazo.
Se destinarían recursos extraordinarios, se crearían figuras financieras que hicieran posible incluso el aporte de actores privados, se buscaría colaboración internacional para estandarizar los recursos humanos o materiales.
Se realizarían adquisiciones para el traslado en las búsqueda, sus herramientas, los radares, la existencia de drones, e incluso se financiaría la investigación para prototipos de búsqueda.
El Centro de Identificación Humana posibilitaría regionalizar e incluso hacerlo interestatal. Se unificarían las criterios para el registro de personas desaparecidas, se intercambiaría información, se permitiría que las bases de datos puedan mejorarse con todas las personas cercanas a la ciencia de datos.
Se adaptarían instalaciones adecuadas para la escucha y el acuerdo, se trabajaría de forma conjunta con colectivas, sociedad civil y universidades para impulsar y llegar a estándares sobre verdad, justicia y reparación. Se realizaría una reparación integral y pedagógica.
Se comunicaría la importancia de la búsqueda moviendo las emociones de la comunidad para la solidaridad, se reconocería lo trabajo de las colectivas como defensoras de los derechos humanos.
Se detendrían las clases, se realizarían paros activos en las universidades para irnos a la búsqueda en campo con fichas de las personas desaparecidas y las palas.
Los medios de comunicación profundizarían en quienes están desaparecidos, su historia, se generarían preguntas para crear una construcción de futuro desde una aceptación de la realidad.
Pudiera transformarse la propia visión negligente y de baja importancia, por una que potencie la memoria y la justicia.
Reimaginar es también parte de los derechos humanos, tomemos lo efímero para que muestre de lo que todavía somos posibles y del camino que nos falta de recorrer.
Rodará por el balón, transformemos este momento en una oportunidad de reflexión y cambio.


