El Mundial y los ciudadanos estorbo

Pesimismo Esperanzador

Por Jorge Rocha, académico del ITESO / @JorgeRochaQ

Finalmente llegó la hora de la realización del Mundial del 2026 organizado por los tres países que forman América del Norte: Canadá, Estados Unidos y México. En este Mundial, participarán 48 selecciones nacionales en 104 partidos, de los cuáles sólo 26 se realizarán fuera de los Estados Unidos, trece en Canadá y trece en México, mientras que 78 encuentros se jugarán en la Nación de las barras y las estrellas. En realidad, como lo ha mencionado hace unos días el escritor Juan Villoro, México y Canadá son actores secundarios de la justa mundialista y sólo cinco ciudades de ambos países serán sedes de este evento: Guadalajara, Ciudad de México, Monterrey, Toronto y Vancouver. En contra parte, once ciudades estadounidenses serán sedes de este evento deportivo. La inauguración será en el ahora llamado estadio de la Ciudad de México y la final será en Nueva York.

La distribución de los partidos habla por sí sola, en realidad es un Mundial realizado por Estados Unidos, donde le regalaron a sus socios comerciales el 25% de los juegos. En el debate público, se instaló un debate sobre si este Mundial está desangelado o no. Muchos sostienen que no ha generado la expectativa que se esperaba, otros dicen que, al contrario, que sí hay entusiasmo al respecto. Volviendo a los números, el periódico nacional El Financiero presentó una encuesta para medir el sentir de la población y en este momento, en la antesala del Mundial, el 43% de la población muestra interés por este evento y sólo el 35% confía en que la Selección Mexicana hará un buen papel. A lo largo de estos meses este mismo diario consigno que menos del 40% de las y los mexicanos estaban interesados en la justa mundialista, con lo que podemos decir que, para ser sedes del Mundial, el interés ciudadano es poco.

El Mundial de futbol es un evento privado y quien lo realiza es una empresa global de corte capitalista. Por más arraigo identitario que tenga una selección de futbol, no deja de ser un negocio privado, con dueños concretos y que no representa a un país, más bien es la representación de esos dueños, en este sentido las selecciones nacionales no son símbolos patrios ni una representación de un pueblo.

Está muy claro, y lo vivimos ahora en México, que la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) le impone condiciones a las sedes de los mundiales para otorgarles el premio de albergar un evento de esta naturaleza, el beneficio siempre prometido, no siempre cumplido, es que llegará mucha derrama económica y que se pondrá a las sedes en el “mapa global” con la esperanza de que alguien más quiera visitar o invertir en este sitio. Hay que decir que las promesas son sólo eso, promesas. Pero las condiciones son siempre objetivas, se tienen que cumplir y tienen plazos perentorios, que en nuestro caso se agotan esta misma semana. La inversión pública prevista para las obras de infraestructura que se hicieron para el Mundial en Guadalajara fue de alrededor de 12 mil millones de pesos. Algunas de estas inversiones sin duda que son una buena noticia, por ejemplo, las remodelaciones en la carretera a Chapala y la construcción de la línea 5 del BRT, pero hay otras obras de ornato, que aparecen como innecesarias frente a otras necesidades acuciantes de la entidad. Es por esto que los reclamos por invertir más recursos para atender la crisis de personas desaparecidas o resolver el grave problema de agua que sufre la ciudad son completamente previsibles y en muchos casos justificados.

En la realización de este Mundial dos asuntos también resultaron muy problemáticos, el primero es que al llevar a cabo las obras de infraestructura y las remodelaciones a la ciudad, las personas no sabían los tiempos, ni el proceso de las obras y tampoco las fechas de inicio y de terminación y esto generó, sobre todo en las zonas aledañas al estadio Guadalajara, muchos problemas y muchas molestias.

El segundo problema es que el acceso a los cuatro partidos en Guadalajara se volvió inaccesible, los precios que puso la FIFA a las entradas a los juegos estaban fuera de toda proporción y pocas, muy pocas personas pudieron pagar estas cantidades. Lo que le quedó a la gente fue asistir a juegos eliminatorios o juegos de preparación. La sensación combinada de estos problemas es que las y los tapatíos pagaron los costos, pero no tuvieron los beneficios de disfrutar la “fiesta del futbol”. Dicho de otra forma, volvió a aparecer aquella sensación de los Juegos Panamericanos del año 2011, donde parecía que los habitantes de la ciudad éramos los “ciudadanos estorbo”.

Una de las críticas más fuertes que se ha hecho a este Mundial, es la voracidad capitalista de la FIFA, que quiere hacer negocio de todo y que en realidad las economías locales le tienen sin cuidado. Hoy este organismo es el ejemplo más acabado del capitalismo global excluyente y elitista.

Así comienza este Mundial, sin mucho entusiasmo, con muchas molestias previas y lejos, muy lejos de la población.

Correo electrónico: jerqmex@hotmail.com

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Pesimismo esperanzador
“Pesimismo esperanzado” es una columna escrita por Jorge Rocha, Profesor e investigador del ITESO.

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