Ponte la verde

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Luego de mucho tiempo, por fin llegó el día: el Mundial de Fútbol T-MEC 2026 tuvo su ceremonia de inauguración y su primer partido, en el que la Selección Mexicana le ganó 2-0 a su par de Sudáfrica. Y, a pesar del resultado a favor, el seleccionado nacional hizo valer aquella frase de Malcom el de en medio que se ha vuelto un meme de uso cotidiano: “Nunca espero nada de ustedes y aun así logran decepcionarme”. Una vez más quedó demostrado que, contrario a lo que afirmaba aquella canción de México 86, este equipo tricolor no tiene nada de corazón y lo demostró en la cancha: un partido soso, lento, aburrido, al que lo peor que le pudo pasar fue que México metiera gol antes de los diez minutos y que no hizo más que ser una exhibición de que estos seleccionados pueden ser buenos para cualquier cosa, menos para dar espectáculo. Ese partido, sumado al festival de primaria que ofrecieron como ceremonia inaugural… no lo sé, si yo hubiera pagado los muchos miles de pesos que costaban las entradas, habría exigido la devolución de mi dinero y hubiera puesto una demanda por fraude. Pero como no los pagué, heme aquí, poniéndolo nomás por escrito.

En fin, el punto es que comenzó el Mundial. Como viene ocurriendo desde hace ya algo de tiempo no sólo en México, sino en el mundo, las opiniones están cada vez más polarizadas: por un lado están quienes llaman a vivir la fiesta del fútbol —algo que, ya anotaba acá la semana pasada, es cada vez más complicado porque esa fiesta está secuestrada por gente que tiene muchos intereses puestos en muchas cosas, menos en el fútbol— y por el otro, quienes afirman, no sin razones y argumentos, que el país tiene otras prioridades y no está para festejos. En medio estamos muchos otros, que estamos completamente de acuerdo con el hecho de que en estos momentos deberíamos tener otras prioridades: tenemos una gran deuda como sociedad con las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos; existe una gran deuda con muchas denuncias sociales que han derivado en protestas que en estos días han sido reprimidas con violencia; la calidad de vida se ve cada vez más comprometida por una economía cada vez más asfixiada y las violencias no acechan a la vuelta de la esquina con sus múltiples manifestaciones; y, al mismo tiempo, a todos nos hace falta esa alegría que nos une cuando gritamos un gol. En medio de tanta precariedad, a veces sí da gusto que la gente tenga algo qué celebrar, aunque sea algo tan insignificante como un gol.

Creo que no de los principales problemas es que en el primer grupo, en el que invita a vivir la fiesta del fútbol, hay demasiada gente de traje, por llamarla de algún modo. Gente que debería tener otras prioridades y cuyas decisiones definitivamente afectan la calidad de vida de muchas personas. El otro día circuló un video bastante elocuente de esta división. En él se puede apreciar a Pablo Lemus, acompañado de su comitiva, recorriendo las instalaciones del FIFA Fan Fest, el tianguis ese que impusieron en el centro para la fiesta de todos donde no caben todos. Mientras avanza, se escucha la voz de una señora —hoy conocida como la Mujer de Verde o la Señora de Verde o mi favorito, la Heroína de Verde—, comienza a increpar al gobernador: “¡Lemus! ¡Rata! ¡Lemus, ratero, corrupto, eso es lo que eres! ¿Así gastas el dinero de los jaliscienses? Ve cómo tienes a Guadalajara… hundida”. El gobernador responde a la altura: con una sonrisa incómoda, forzada, y en un desplante de cinismo le lanza un beso a la mujer, que no titubea para responder: “¡No, no me des besos! ¡No te hagas pendejo!”, mientras Pablo Lemus se aleja. No sé ustedes, pero yo soy fan de la Señora de Verde.

En su breve pero contundente confrontación, la Mujer de Verde sintetizó el sentir que tenemos muchos: que el Mundial acaparó recursos que eran más importantes en otros temas y su reclamo final es lo que muchos repetimos cada vez que vemos al gobernador haciendo el ridículo, ya sea con sus dominadas en el camión del Macrobús o diciendo “Guelcom tu Guanatos”. Claro que sí, todos gritamos a coro: “¡No te hagas pendejo!”.

El caso, les decía, es que el Mundial ya comenzó. Como a mí sí me gusta el fútbol, ya les conté cuál, seguramente terminaré enganchándome con varios partidos. Qué se le va a hacer. Al final, sólo me queda invitarles a que la euforia mundialista no nos impida ver lo otro, lo que sí es importante, lo que se va a quedar después de que se vayan las selecciones: no dejemos de ver a las personas que luchan, que se defienden y que le plantan cara a un sistema que nos ha demostrado que le importan muchas cosas, menos las personas.

Hace no recuerdo cuántos Mundiales, la campaña publicitaria de la Selección Mexicana en Televisa repetía: “Ponte la verde”. Luego de ver el video, se puede repetir el eslogan: hay que ponernos la verde: la verde convicción de la Señora que increpó a Lemus, su coraje y sus arrestos. Sugiero.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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