Radio Coamil: “Resistencias sonoras”

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La música es un poderoso instrumento para conectar el sentir de las luchas y movimientos sociales, en este episodio de Radio Coamil escucharemos las voces de quienes usan la música como un espacio de resistencia.

Texto: Melina Gil

Fotos: Víctor Ibarra

Radio Coamil es un podcast realizado y producido por el Colectivo Coamil Federalismo.

Humanizar. Conectar. Acompañar. Politizar. Dejar que los acordes liberen, que reparen lo que no rompieron. Que las notas potentes, acuerpen disonancias y rebeldías.

En diálogo con el podcast Radio Coamil — conducido por Melina Gil y Víctor Ibarra, del colectivo Coamil Federalismo— cuatro músicxs se reunieron en centro cultural comunitario Casa Quinqué para exponer la participación del arte sonoro en las luchas socialesKaskvelita (Cassandra Murguía) y Jijo del Maís, ambos cantautores de live looping; Aldo Zenteno, integrante del grupo de rap conciencia Vientos del Pueblo; así como Diego Partida, músico de los proyectos Disrejects, Los Percebes y Xenzontle, de punk, surf y freestyle, respectivamente.

​Todxs han acompañado, desde su labor artística, los esfuerzos de madres buscadoras, la defensa de comunidades de Santa María Ostula, Cherán, Chiapas; la lucha de los barrios del sur de Guadalajara y de resistencias en diversas geografías. Han atestiguado a los abuelos, a las abuelasbailando su autonomía; a víctimas de violencia abrazando sones. A defensorxs celebrando la vida. Esa vida que defienden.

“Todo humano tiene necesidad de gozar.  Cualquier ideología se queda corta, porque el ser humano ocupamos abrazarnos, ocupamos bailar, tener esa parte de calorcito que sucede en todas las luchas. Es gente contenta, por más que esté politizada y consciente de muchas cosas cabronas, es gente contenta y por eso son rebeldes”, reivindica Jijo —a quien, confiesa, le han pedido que suelte el azadón para que agarre la jarana—.

“Es una forma de sostenernos. De no derrumbarnos”, agrega Aldo, sobre la capacidad reconfortante que también posee el arte. Y al mismo tiempo, concede un potencial para divulgar y ampliar la conciencia colectiva.

             “La propia práctica de abajo y a la izquierda nos ha mostrado que, a veces, más que un volante, más que un discurso, una rola, una pintura, una obra de teatro puede generar cosas muy grandes, en términos de concientización política”, sostiene Aldo.

“La música ha sido históricamente una herramienta de resistencia para los pueblos, ayuda a contar la historia de quienes no son escuchados”, insiste, “nos ayuda a generar esa narrativa que, en tres, cinco minutos, intentes tomar partes mínimas que le ayuden a la banda a tener una brújula”.

Al discutir sobre las fronteras y continuidades entre la creación musical y el activismo, Kaskvelita comparte que encontró una forma natural de afrontar ese debate. Involucrándose en la defensa del territorio biocultural de la ciudad de Tonalá, Jalisco, descubrió que su participación se encontraba en el acompañamiento artístico.

Necesitas un carácter que ya venga de ti, para resistir con ellxs, como ellxs, y yo siento que mi carácter es otro (…), hay gente que neta ya lo trae, trae una fuerza distinta y por eso van al frente”, reflexiona, “me gusta crear espacios que den alegría. Dije, ‘tal vez mi manera de resistir’, de hacer política, va a ser esta (haciendo música). Entendiendo mi rol, ahí está mi chamba: hacer un espacio seguro ya es un acto súper revolucionario”.

Jijo coincide en cómo su camino musical, artístico, se encuentra en congruencia con su propia conciencia “esta inquietud por la madre tierra, por la justicia social, por un montón de cosas, no hay manera de que esté separado de mi búsqueda artística. Me gusta el rol del juglar, del trovador, del andariego. Para mí, es mi mayor ámbito de militancia, el arte. Esa congruencia. Lo que más me siento no es no cualquier ismo. Me siento humano. Me planto con alegría y con amor, y eso es mi mayor decreto sociopolítico”, cuenta.

​Compartir su música en espacios y territorios comunitarios les ha vinculado con públicos genuinos. Encontrando, en el ágora pública, los mejores escenarios.

“En la calle, me quedo tres horas, hago lo que quiero, improviso. A mí no me gusta que me digan qué cantar, me gusta habitar los espacios, es lo que me llena el alma”, refiere Kaskvelita, “esa libertad de que nada es nuestro. Las letras son un regalo que viene, que va, lo demás es capitalismo. Pero la calle es también una responsabilidad muy grande”.

“Los del camión que te ven tocando dicen ´ay, mija, cantas muy bonito, ojalá que un día llegues a algo grande´. Pero, es que para mí esto ya es algo muy grande. Hemos visto personas que nos comparten una palabra, un llanto: esos son los escenarios grandes, en donde conectas con algo real. Los lugares no convencionales son regalos”.

Sobre las conexiones, propias e interpersonales que genera la música, Diego subraya la potencialidad de situar el momento presente.

“Es como sentirse vivo, en un momento que jamás se va a volver a repetir. Ni para uno que está interpretando, ni para el público. Trato siempre, antes de subir al escenario, así sean diez personas cuando estén de público, sobre todo cuando es un espacio solidario, (de ofrecer) una energía bien potente. Y es recíproco, porque cuando estás con todo en el escenario, se retroalimenta una energía”, señala.

“La banda encuentra en la música algo que los conecta consigo mismo, con la pandilla, no quisiera hablar de lo que siente la demás gente, pero lo que yo percibo. No tienes que ser músico, para poder disfrutar, como espectador y te detona una reflexión, un sentimiento y eso es muy bello”.

En el podcast, lxs músicxs comparten cuatro canciones para la audiencia. Kaskvelita presenta Semilla, una pieza que nació de la experiencia de resignificar un evento de devastación de flora, convirtiéndose en una canción que recuerda que el mundo no se modifica en esfuerzos individuales ni inmediatos.

Jijo expone Manifiesto de realidad, escrita en una estructura de décima espinela: un poema de diez versos, con ocho sílabas cada uno, que riman de una manera particular.

Aldo, de Vientos de Pueblo, muestra Alicia: una pieza que desafía la idea de idea de la ausencia de referentes de lucha.

Mientras que Diego, abre el contenido del álbum DisKorde, que en una de sus canciones habla sobre el abuso policial. Un tema, como muchos otros, donde la música ayuda a “enfocar la rabia. (Porque) la música tiene este elemento de poder organizarnos, reunirnos, a través del gozo, del cotorreo, del desmadre, de echar el mensaje”, sostiene, “se cante lo que se cante”.

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Escucha el episodio completo “Resistencias sonoras”, del podcast Radio Coamil, un espacio para sembrar el diálogo:

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