Manos Libres
Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X) / @FranciscoMacias (TG)
Vivimos momentos de muchas transformaciones y de la necesidad de cambiar mucho de lo construido, uno de esos aspectos son las masculinidades sobre todo cuando se ejerce el rol de ser padres, hoy transformado en ejercicio de cuidados y ternura por una sociedad que se abre más al ejercicio de las emociones y la aceptación de las vulnerabilidades.
Lo veo todas las mañanas cuando me encuentro con un padre de familia de apariencia recia, con gorra deportiva en la cabeza y con ropa de un trabajo visiblemente difícil, el cual traslada en un triciclo de carga de color amarillo, a quien percibo es su hija a una escuela secundaria cercana.
Las sonrisas que muestran complicidad entre ambos y sus voces llenas de cariño, hablan de cercanía cuidados y seguridad; anuncian que los cambios poco a poco las podemos comprobar.
A propósito de la celebración del día del padre, me hizo pensar en cientos o quizás miles de ellos que la violencia los expone al sufrimiento constante de buscar a sus hijas e hijos, sin duda se trata de una forma de tortura.
Recuerdo los primeros encuentros con las primeras familias víctimas de desapariciones o de homicidios, los testimonios de las madres cuestionaban todo lo caminado o lo aprendido, mostraban a pesar su dolor una ruta, un llamado y un grito, mientras que los padres se mostraban contenidos en las emociones y limitados en expresar el daño, los cuales se desbordaban con la palabra, el abrazo y el gesto solidario, eso me impactó mucho. Ahora pienso que en esa supuesta debilidad radica su fuerza, ante una sociedad que exige demasiado en esos escenarios.
Pienso en dos de ellos: Don Ernesto Cruz, esposo de Doña Naty, ambos buscando su hija Dalia. Su silencio prudente en reuniones, su abrazo y saludo con manos llenas de trabajo, así como su presencia constante acompañando a su esposa y nieto, dejan en claro un sin número de fortalezas pero también la importancia de atender urgentemente sus necesidades, las cuales sobrepasan cualquier teoría.
Cada que escucho el testimonio de Don Héctor Flores, voz visible del Colectivo “Luz de Esperanza” sobre la desaparición forzada de su hijo Héctor Daniel Flores Hernández, me hace pensar en toda la fuerza que aplica en la protesta, la organización y la lucha, venida de un episodio tan injusto como doloroso, pienso en su propia vulnerabilidad y como ha encontrado dentro de la soledad, la presencia solidaria y colectiva, la búsqueda de una justicia para todos y todas. Sin duda un gran ejemplo de camino y ejercicio de amor.
A propósito de lo anterior, la organización Fundar, Centro de Análisis e Investigación AC, acaba de presentar el informe: “Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores”, el cual refleja que los padres viven la emergencia que enfrentan desde la invisibilización y la distribución de las labores de cuidados.
La desaparición puede generar sentimientos de culpa al sentir que fallaron en su papel de protectores y falta de expresión de sus emociones que en ocasiones lleva a la auto invalidación. La carencia de escucha provoca que vivan lo sucedido en silencio (Reporte Índigo).
La negación de la vulnerabilidad hace que esta se extienda, lo que hace necesaria una cadena de cuidados adecuada.
Los buscadores es otro ejemplo de como la falta de responsabilidad y de acciones del Estado en estas graves violaciones a los derechos humanos, lo que hace es trasladar y generalizar un daño, en este caso en padres buscadores, lo cual perpetúa el sufrimiento.
De nueva cuenta darnos cuenta de los roles de género impuestos para modificarlos y buscar mecanismos de escucha, cuidado, atención, reconocimiento de su papel y resignificado es la ruta que se debe transitar.
Los y las colectivas ya lo realizan paso a paso, su lucha es la nuestra.


