En una conversación con ZonaDocs, las activistas Arséne Cybelle Melinöe y Áurea Caré Miranda nos hablan sobre la discriminación intrínseca que la educación tradicional y los medios han fomentado a través de los años.
Por: Gina M. Erosa / @ginaerosa
Viajemos en el tiempo a la década de los 80s en México. Imaginemos que usted quiere salir a la tienda porque necesita pan, porque tiene que trabajar o simplemente, quiere salir a tomar aire.
Usted va caminando por la calle cuando una patrulla se para a su lado. Le suben porque su expresión de género no corresponde con las normas de la época y le informan que permanecerá tras las rejas por un par de días.
¿Era esto legal? Pues no necesariamente, pero eso importaba poco, pues las autoridades lo calificaban como falta a la moral.
Este escenario fue la realidad de miles de personas que hoy en día siguen enfrentando exclusión y violencia porque decidieron romper con las normas cis heteropatriarcales que rigen la sociedad. La persecución policial, el rechazo social y la discriminación las marginaron, por lo que se vieron obligadas a sobrevivir a como dio lugar. Y esto en varias ocasiones incluía al trabajo sexual.
Hoy en día, la comunidad trans es excluida de manera distinta: en algunos estados del país – Querétaro entre ellos – no es posible actualizar su documentación para que coincida con su género, por lo que siguen siendo una comunidad marginada y vulnerada. De hecho, la expectativa de vida de una persona trans es de 35 años, derivado de los obstáculos y negación de derechos que experimentan.
¿Pero, de dónde viene este odio?
La llegada de la colonia transformó las formas en que se entendían el género y la sexualidad en los territorios de América. Existen registros de personas que habitaban el género de maneras distintas en Mesoamérica, antes llamados xochihuas, quienes se asociaban a circunstancias sociales y religiosas específicas.
Áurea Caré Miranda, explica que las imágenes de barro en donde aparecen personas travestis en Lima, Perú, por ejemplo, tienen milenios de antigüedad: “hay evidencia arqueológica con más de 3000 años de antigüedad sobre nuestra integración normal en la sociedad” declaró.
La colonia trajo también a la Santa Inquisición, que comenzó una persecución en contra de mujeres con conocimientos médicos, de herbolaria y parteras, a las cuales se les consideraba brujas. Del mismo modo, se persiguió a líderes espirituales y personas con diversidades sexuales – que en ese entonces eran consideradas sagradas-.
Con el objetivo de “restarse pecados” las personas podían entregar a quienes cumplieran con estas características. Estas ideas transformaron la manera en que muchas sociedades comenzaron a percibir las diversidades sexuales y de género.
“Hay un peso de 500 años de tradiciones de odio, de señalamientos, tortura y encarcelamiento contra 3000 de evidencia arqueológica de las distintas expresiones de género. Tiene un origen eclesástico, pues es hasta el consenso en el que se escribe la Biblia es que empieza a haber una persecución activa por las personas diversas ” señaló Miranda.
¿Esto significa que la religión es la única culpable de la discriminación? Por supuesto que no.
Viajemos ahora a la década de los 30s, esta vez en Estados Unidos, que está saliendo de la Gran Depresión y necesita una reactivación económica. La gran apuesta para esto era el cine, pues el sonido acababa de llegar a la gran pantalla y que mejor que disfrutar el único arte que es también, un negocio.
Nació entonces el llamado Código Hays, impulsado por asociaciones productoras de Hollywood con el objetivo de conservar la moralidad en las películas. Este manual censuraba desnudos, relaciones interraciales, críticas a la moral religiosa y por supuesto, cualquier disidencia sexual.
Este código era respaldado por el gobierno y la iglesia y aunque podía romperse, eso ameritaba nula difusión y quedar en la lista negra de Hollywood. Al ser el cine un negocio, no era rentable desapegarse de la norma.
“Lo que empezaron a hacer artistas queer era a dotar a sus personajes de características muy sutiles a sus personajes para que la gente que estuviera enterada pudiera reconocer a los personajes LGBT. Ese es el queercoding” explica Arsene.
Sin embargo, el queercoding no fue utilizado únicamente como medio de expresión para aquellos que buscaban brindar representación; con el paso de los años, algunas industrias transformaron estas señales en una estrategia comercial conocida como queerbaiting: sugerir representación LGBT sin comprometerse realmente con ella.
Un ejemplo claro es Disney, que a lo largo de los años utilizó sus películas para difundir estereotipos que no solo van en contra de la comunidad LGBT sino que también fomentan discursos machistas y xenófobos. Arsene utiliza la película de Peter Pan para ejemplificar esta idea.
Peter Pan trata sobre un niño que quiere llevar a los Niños Perdidos a Nunca Jamás, una isla en donde no tienen que crecer. Los niños pueden ser malcriados y violentos, pues cantan sobre sus intenciones de ir a matar a los indios; pero Wendy – al ser la única niña – tiene que comportarse como su madre. La otra mujer que aparece en la película es Campanita y siente celos injustificados hacia Wendy.
Los villanos de la película son Garfio y el Señor Smith. Garfio es afeminado y el Señor Smith es gordo, características con las que son ridiculizados a lo largo de la película. Peter Pan, por el contrario, es un hombre blanco y hegemónico.
Este no es el único ejemplo. Pensemos en los héroes y villanos de Disney.
Scar se asemeja al típico tío gay que porta maquillaje y que se junta con las hienas, que son extremadamente ruidosas. Mufasa es el rey, con pelaje más claro y con porte elegante.
Hades – al igual que Pena y Pánico – son bastante afeminados. Hércules no puede entrar al Olimpo hasta que salva a una mujer y se convierte en un hombre hegemónico y musculoso.
Úrsula está basada en la Drag Queen Divine, pero busca cambiar quién es. Desea ser una mujer bonita y delgada utilizando la voz de alguien más. Ariel, mientras tanto, está dispuesta a entregar su voz a cambio de irse del lugar que conoce.
Y podríamos seguir.
Disney no es el único que ha hecho esto. En el cine hay varios ejemplos en los que personajes queer son asesinados o castigados al término de las películas con el objetivo de cumplir con el Código Hays. Es un cliché narrativo tan utilizado que incluso se le conoce como Bury your gays, o en el caso de las historias sáficas Síndrome de la lesbiana muerta.
Se busca representación queer en la pantalla porque es una manera en la que la comunidad puede encontrar acompañamiento en un mundo que está expuesto a tanta discriminación. Sin embargo, al dar finales catastróficos a los personajes diversos el mensaje que se transmite es que si uno muestra tal y como es terminará siendo castigado.
En el documental de Netflix Disclosure la actriz y escritora trans Jen Richards sugiere que de no haber visto representaciones que asociaban a las personas trans con lo negativo tal vez nunca hubiera interiorizado la idea de que era monstruosa o una burla.
La actriz Alexandra Billings por su parte, menciona haber sentido que moría un montón de veces, pues los personajes trans en la televisión solían ser ligados a tragedias o muertes.
Es importante recordar que el problema no radica en la existencia de personajes afeminados o diversos; más bien en que la extravagancia y rechazo a lo hegemónico sean utilizados únicamente para ridiculizar y señalar a aquellos que serán castigados durante el transcurso de la historia.
Podríamos pensar que las referencias que tenemos en la cultura pop no van a afectarnos o que somos lo suficientemente críticos para no ser influenciados. Lo cierto es que, las historias que consumimos forman nuestra manera de ver el mundo: nos enseñan que cuerpos son aceptados, cuales son ridiculizados o amenazantes y qué es “moralmente correcto”.
Las narrativas que consumimos tienen impacto, si no es así ¿por qué existen tantos casos de infancias trans abandonadas después de salir del clóset con su familia?
O, si no es así ¿por qué se ridiculiza de manera constante a la comunidad trans?
“Yo, Arsene como una chica trans, no estoy imponiendo nada a nadie. Solo estoy existiendo. La pregunta debería ser, ¿por qué incomodo tanto a las personas con mi presencia? A lo mejor es que yo represento todo lo que les dijeron que no podían ser y eso es lo que les hace ruido” finalizó Arsene.
¿Realmente somos lo suficientemente críticos para cuestionar no solo las narrativas que han fungido como entretenimiento a lo largo de nuestra vida sino también las que nos impone la sociedad?


