Las defensoras del viento en el Istmo de Tehuantepec

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Mujeres indígenas Zapotecas del sur de Oaxaca, en México, llevan dos décadas recuperando memorias y relatos para defender su territorio del impacto de la instalación de parques eólicos que, denuncian, han transformado su paisaje vivo, afectado su relación de respeto con el viento y violado la consulta previa. Las mujeres siguen en defensa del derecho de un territorio libre de la extracción energética.

Por Diana Manzo / Istmo Press

“El viento me recuerda que habitamos una tierra viva”, dice Dell Alvarado, artista indígena de 35 años, mientras muestra la cartografía que hizo del paisaje de Unión Hidalgo, allí residen personas originarias del pueblo Binnizá o Zapoteca, en el Istmo de Tehuantepec, al sur de Oaxaca, México.

Para Dell, el bi yoxho (viento en lengua diidxazá) no es un recurso que se vende. “Es un vínculo con mi tierra, una memoria que viaja, un derecho que no debería ser arrancado de nuestras manos. Debemos defenderlo, narrarlo y cuidarlo, para que siga siendo libre y no sólo energía cautiva”.

La artista indígena Dell Alvarado muestra sus obras, en las que retrata las transformaciones sociales y ambientales que ha vivido Unión Hidalgo con la llegada del parque eólico. Foto: Diana Manzo.

En esta región, según las comunidades, el viento llega a presentar rachas de más de 200 kilómetros por hora. Es por eso que empresas extranjeras eligieron esta zona hace dos décadas para construir parques eólicos y producir energía.

Dell ha convertido su casa en un pequeño taller donde pinta, dibuja y hace planos de las transformaciones que ha tenido el paisaje de Unión Hidalgo tras la construcción de enormes ventiladores instalados en el pueblo y en sus zonas rurales. Sus habitantes, cerca de 15 mil personas (censo poblacional de 2020, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía), ven que estos ventiladores se mueven y hacen ruido todo el día; por la noche prenden una luz roja que se distingue a gran distancia, como señal de alerta.

Calles de Unión Hidalgo, Oaxaca. Sus habitantes conviven con torres eólicas instaladas cerca de viviendas y caminos. Foto: Diana Manzo.
Ganadería comunitaria en una zona cercana a proyectos eólicos.
Foto: Edilma Prada Céspedes.

Con sus cartografías, pretende evitar que se pierda la memoria paisajística de su territorio debido a la instalación de un parque eólico de propiedad de la transnacional Desarrollos Eólicos Mexicanos (Demex), de origen español. De acuerdo con las comunidades, en 2005 llegó la empresa al territorio e inició los procesos de acuerdos, contratos y construcción de las torres. El parque comenzó a operar en el 2011.

“Donde yo veo vida, ellos ven un recurso renovable. Han llegado empresas con sus molinos gigantes, diciendo que el viento es energía verde y que nuestro territorio es idóneo para aprovecharlo. Pero lo que es aprovechamiento muchas veces es despojo disfrazado de progreso”, asegura Dell. «

La artista recuerda que creció escuchando el sonido del viento, como si fuera un silbido, parte de la vida de quienes habitan en este lugar, como lo son la lengua, sus tradiciones o la comida. Para el pueblo Binnizá, el viento es vida. “Se le conoce como Bi, y también Bi es aliento, y es el aire que se respira; es uno de los cuatro elementos vitales”, explica el sabedor y cronista indígena Tomás Chiñas.

Mientras conversa, Dell alza la mirada y observa en el horizonte un cielo azul, como si quisiera honrar a los suyos, a su gente, a su descendencia: los Binnizá, que en castellano significa “gente de las nubes”. Dice que, cuando era niña, además del cielo azul, miraba árboles verdes sembrados en las zonas norte y oriente de su comunidad. Asegura que los derribaron cuando se construyó el parque eólico.

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