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Por Michelle Correa / @michelle.correaa (IG)
A lo largo de nuestra niñez se nos enseñaron estereotipos de género, definidos como ideas, creencias o expectativas generalizadas sobre las características, habilidades y comportamientos que deben tener las personas según su sexo (CNDH, 2018), que se reforzaban constantemente en las escuelas. ¿Quién no escuchó alguna vez que había deportes solo para niños y otros pocos solo para niñas?
Crecimos creyendo que esta era la realidad. Veíamos en la tele partidos de fútbol exclusivamente de hombres y muchas incluso soñábamos con poder ser parte de las cascaritas en los recreos, a menudo siendo rechazadas por nuestros compañeros porque, ¿qué iba a saber una niña de fútbol?
Más aún, ¿qué capacidad real tenía una niña de jugar? En mi experiencia como gimnasta de alto rendimiento, recuerdo que en las pruebas físicas se me cuestionaba cuántas sentadillas o lagartijas podría hacer comparada con los niños. Cuando igualaba o superaba sus números, se ofendían muchísimo; su respuesta inmediata era minimizar mi logro y ridiculizarme. Teníamos apenas 9 años…
Muchas de nosotras incluso desafiamos las reglas convencionales y nos propusimos jugar, si corríamos con la suerte de estar en escuelas que nos permitieran practicar este deporte. Muchas de esas niñas tenían que jugar en equipos de hombres y muchos entrenadores ni siquiera las metían a los partidos más que algunos minutos.
Sin embargo, esta idea de que el deporte, especialmente el fútbol, es exclusivamente para los hombres poco a poco se ha ido desvaneciendo. Pero, ¿realmente es así?
Desde que supe que Katia Itzel sería la primera árbitra mexicana en participar en un torneo de fútbol de este nivel, dirigiendo como central, mi corazón explotó de emoción y alegría. Porque crecimos pensando que no se podía y retando a las normas convencionales, decidimos que sí se podía. Pero, a todo esto, ¿quién es Katia Itzel?
Licenciada en Administración Pública por la UNAM, Katia ha construido también una sólida carrera en las canchas: en 2019 obtuvo el gafete internacional de la FIFA, reconocimiento que la colocó en el ámbito profesional global.
Las mujeres hemos luchado por conseguir estos espacios desde hace años, y la lucha va a continuar hasta que estos lugares sean legitimados. Hace poco escuchaba a una conocida que decía que estaba cansada de que ahora todo siempre fuera “50-50”, de que existiera la paridad de género o de que, como regla general, se eligiera a una mujer como principal participante en una votación.
Creo que muchas personas podrán identificarse con esa opinión. Al respecto, yo les digo que es necesaria la política pública encaminada a la obligatoriedad de la ocupación de las mujeres en todos los niveles sociales, políticos y culturales, porque de otra manera, simplemente no existiría.
Mientras que los hombres nacen con todos sus derechos asegurados, las mujeres hemos tenido que luchar por conseguir los derechos que se supone son inherentes a nuestro nacimiento y que existen además en leyes y tratados que deberían protegerlos. Nacemos marcadas por lo que Simone de Beauvoir (1949) llamó “el segundo sexo”: esa condición histórica donde lo masculino es la norma y lo femenino es la excepción que siempre tiene que justificar su valor, su capacidad y su derecho a estar ahí.
Claro que nos da orgullo que haya más mujeres ocupando los espacios que por años nos han sido negados y arrebatados. A todos mis amigos “FIFAS” que dudaron de la preparación de Katia Itzel, yo esperaría que aplicaran las mismas dudas con todos los árbitros hombres que por años han desempeñado su labor. ¿O es que acaso solo es una cuestión de género?
La preocupación no radica en la calidad de los árbitras y árbitros que participan en la Copa Mundial o en cualquier partido, sino en el sesgo que se enfoca únicamente en cuestionar el criterio de una mujer y eso tiene un nombre: misoginia.
Así que sí: que vengan más reconocimientos a todas las árbitras del mundo y a todas las jugadoras a las que les negaron un espacio y visibilidad. A ustedes les ha costado el doble llegar a donde están y esos procesos solamente los conocemos las mujeres. En un país donde todavía se duda de nuestra capacidad, ustedes nos demuestran que sí se puede lograr. Esto es solo el comienzo de una lucha que continúa.
Referencias
Beauvoir, S. de. (2017). El segundo sexo. Editorial Cátedra. (Obra original publicada en 1949).
Comisión Nacional de los Derechos Humanos. (2018). Estereotipos de género y derechos humanos de las mujeres. CNDH. https://www.cndh.org.mx/documento/estereotipos-de-genero-y-derechos-humanos-de-las-mujeres


