De esa agua no has de beber…

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Ya pasó una semana más y en la Zona Metropolitana de Guadalajara las cosas no han cambiado mucho: las lluvias siguen haciendo de las suyas, las calles siguen horribles y el agua que sale de la llave sigue igual de puerca. Acaso la única diferencia respecto de la semana pasada es que, al final, la Selección Mexicana siguió siendo la Selección Mexicana y cambió el optimista «¿Y si sí?» por un resignado «Y si si… empre no», dejando en el abandono el Fan Fest que ahora no hace más que estorbar en el centro de la ciudad transmitiendo partidos que poco o nada importan a la afición tapatía, o al menos no tanto como para ir a darse la vuelta.

Ya con la Copa del Mundo en declive, no hay más que regresar a enfrentar la realidad, a menos que una apendicitis lo salve a uno de tener que dar la cara para explicar por qué «la sede más mexicana» gastó tantos millones de pesos en el Mundial mientras sus ciudadanos hacen buches de agua puerca. Ya escribía yo acá la semana pasada que, si bien se habló de proyectos e inversiones y buenos deseos, ya ha pasado otra semana y siguen haciendo falta explicaciones sobre cómo llegamos a este punto y quiénes son los responsables. Lo vuelvo a anotar aquí porque creo que es importante insistir con eso, aunque lo más seguro es que nunca lo vayamos a saber.

Ahora bien, luego de escuchar el dislate número yaperdílacuenta de parte de las autoridades responsables de cuidar el abasto de agua y los riesgos sanitarios en el estado, me pregunto si no será que estamos entendiendo mal la estrategia del SIAPA. Me explico (o al menos prometo intentarlo).

En una de las últimas ruedas de prensa, luego de todo lo que dijeron los dos sujetos a los que aventaron al ruedo para “explicar” lo que está pasando cuando uno abre la llave, la conclusión es que para las autoridades la cosa ni es grave ni preocupante, ni siquiera alarmante. El mensaje es que todo está bien con el agua, no hay riesgo sanitario pero —maldita sea, siempre tiene que haber un pero— aunque todo está bien y en orden y correcto, igual es recomendable que la gente no use el agua de la llave para beber, tampoco para cocinar, de preferencia tampoco para lavarse los dientes y, de ser posible, tampoco para bañarse. Todo está bien, se insiste, pero no vaya a ser. Mejor no correr riesgos y, en lugar de esa agua, mejor hay que comprar agua del garrafón o, de ser posible, instalar cada quien un buen filtro para limpiar el agua que, se insiste, no tiene ningún problema pero más vale filtrar. Nomás por no dejar.

Me pregunto, repito, si no será que en realidad se trata de una estrategia del SIAPA para fomentar el cuidado del agua entre la ciudadanía, históricamente dada al derroche inconsciente del vital líquido. A lo mejor no estamos entendiendo la invitación ya no digamos a desperdiciar el agua, sino a dejar de usarla por completo, medida que, han de pensar, definitivamente va a traer un beneficio al bolsillo de las y los tapatíos: si dejamos de abrir el grifo vamos a pagar menos. Así como se habla de desincentivar el uso del auto particular para disminuir el tráfico vehicular, a lo mejor la estrategia del SIAPA consiste en desincentivar el uso del agua de la llave para así evitar la escasez. Si quien la usa se envenena en el proceso, ya será un daño colateral.

Babosadas aparte, la recomendación de no usar el agua de la llave y en su lugar mejor optar por agua de garrafón o instalar filtros, es una medida tan insensible como sólo se le puede ocurrir a un gobierno desconectado de la realidad de la calle y enganchado con las redes sociales. ¿Cuánto debe invertir una familia ya no digamos para instalar filtros con potencia suficiente para limpiar el agua que llega a los domicilios, sino para estar comprando garrafones de agua para bañarse y cocinar? ¿Esas autoridades hacen eso en su casa? ¿Calientan el agua del garrafón en la estufa para luego irse a bañar a jicarazos? La bofetada con guante blanco se las volvió a dar una adulta mayor, quien al escuchar la “sugerencia” de usar garrafones para no recurrir al agua puerca, exigió soluciones sensatas porque “soy una persona de la tercera edad que como comprenderán no puedo cargar los garrafones de agua, y para la vida diaria con uno no alcanza para bañarme, hacer de comer, lavar la ropa y lavar trastes”.

A este despropósito, que parece olvidar el hecho de que el agua es un derecho humano y no un privilegio de quien pueda pagar garrafones y cargarlos, se suma la opacidad y la información a medias: las autoridades del agua y sanitarias se han cuidado las espaldas para no dar a conocer qué tan contaminada está el líquido que llega a buena parte de las casas tapatías. Sobre ese tema particular, vale la pena echarle un vistazo a la columna que Jonathan Lomelí publicó ayer.  Vía transparencia obtuvo algunos de los resultados de los monitoreos que hizo la Comisión para la Protección de Riesgos Sanitarios de Jalisco (Coprisjal) y que contradicen lo que se ha venido diciendo desde el oficialismo. Los resultados son aterradores y cito la frase con la que Lomelí cierra su texto: “Lo preocupante, en todo caso, está en lo que nos ocultan, no en lo que sí muestran a regañadientes”.

¿Cuántos despropósitos más escucharemos antes de que se solucione la crisis de agua puerca? Es un misterio. Pero es un hecho que ya sin Mundial, sin conciertos masivos ni celebraciones multitudinarias, van a tener que ser muy ingeniosos para seguir dándole vueltas a una realidad que cada vez está más turbia y desbordada y amenaza con, de un momento a otro, volverse un tema de salud. Aunque quieran negarlo.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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