Entre garrafones, filtros y enfermedades, cientos de familias en la Zona Metropolitana de Guadalajara enfrentan una realidad que pone en duda el acceso a un derecho tan elemental como contar con agua limpia y segura en sus hogares.
Por Karen García / @karen_gdlt
En Jalisco, la crisis del agua ha cambiado la manera en que sus habitantes se relacionan con la supuesta “agua potable” que sale de las llaves de su casa, pues el líquido que antes servía para lavar los trastes, la ropa y para llevar su higiene diaria, ahora tiene un color que varía en amarillento, café, incluso, llega a ser negro, espeso y contiene residuos. Todo esto, además, acompañado de un olor fétido, a veces a hierro, aguas negras hasta un olor que identifican como ácido.
Esto ha conllevado a que las personas busquen alternativas para no usar esta agua, pues las necesidades básicas como bañarse, lavarse los dientes, lavar los alimentos e inclusive, lavar la ropa no se pueden llevar con normalidad, debido a que esta agua mancha la ropa, causa malestar estomacal y alergias. Por lo que, muchos han optado por captar el agua de la lluvia y en la mayoría de los casos, comprar garrafones de agua para llevar a cabo las actividades diarias.
A pesar de la mala calidad del agua y la violación al derecho básico de tener acceso a esta, las personas siguen pagando el recibo cada mes y ahora, se agregan los gastos extra de los garrafones del agua y los medicamentos por las enfermedades derivadas de esta.

¿Cómo se adaptan los habitantes?
Esta problemática se vive en distintas partes de la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero todos comparten experiencias parecidas.
Sandra Ramírez vive en Hacienda Real Tonalá, en el municipio de Tonalá junto a su familia, donde se mudó hace dos meses. Cuando llegó ahí notó una diferencia en el agua, por lo que creyó que se debía al cambio de ciudad, a lo que no le tomó mucha importancia hasta comenzaron a notar un sarpullido extraño en varias partes de su cuerpo y enfermarse muy seguido del estomago. Sandra se preocupó aún más cuando su bebé de un año presentó los mismo síntomas y el sarpullido aparece en todo su cuerpo.
Sandra y su familia han optado por implementar filtros en la toma principal de su casa, así como han lavado el tinaco y puesto pastillas de cloro, pero esto no ha cambiado mucho la calidad del agua que sale de sus llaves, por lo que para uso diario e higiene personal han comprado alrededor de 10 a 15 garrafones.
“Es bastante frustrante porque no sé qué tanto daño nos haga estar expuestos a agua tan sucia e igual, tenemos que contemplar un gasto extra por los garrafones que se compran cada semana.”, expresó Sandra, pues inclusive al lavar su ropa esta agua la mancha.
En el Fraccionamiento Revolución, en el municipio de Tlaquepaque, Armando Gómez expresa que su historia no es muy distinta a la de Sandra. Hace aproximadamente un mes, Armando detectó un olor extraño al lavar sus trastes, aunque esto le llamó la atención supuso que era un problema en el drenaje, pero el problema persiste.
“Después de eso el olor día a día fue peor. Tenemos filtros pero eso no se quita”.
Al igual que Armando, su hermana pasa por lo mismo, aunque ella y su hija han presentado picazón en la piel después de usar el agua. Por lo que comenzaron a rellenar garrafones de agua para enjuagar trastes, lavarse las manos y bañarse, lo que implica comprar 2 garrafones diarios.
“No nos ha afectado tanto en la economía, de momento. Pero si es un gasto que no deberíamos de realizar, porque aparte estamos pagando un servicio para que nos llegue el agua limpia.”, comparte Armando que esto también le conlleva un deterioro a su salud mental, puesto que hace poco se enfermó por una bacteria, y le preocupa que debido a la calidad del agua y la larga exposición a esta pueda volver a enfermarse.
Elsa de la Torre vive en Jardines del Rosario, en el municipio de Guadalajara, donde el agua comenzó a cambiar de olor y textura, pues en vez de salir agua clara ahora sale “como lodo”. Al estar en contacto con ella, Elsa comenzó a tener una reacción alérgica en su piel y detectar como su cabello se le ha caído en grandes cantidades.
En una colonia cercana a esta, vive Adriana Arboledas, en la colonia Atlas, en el municipio de Guadalajara. Así como Elsa, Adriana comenzó a detectar un cambio en el agua desde hace un mes, donde la textura era extraña y el agua olía a hierro que queda impregnado en la piel. Por lo que para prevenir enfermedades y afectación en la piel, también han tenido que comprar garrafones de agua para lavar su comida, bañarse, lavarse los dientes y continuar con su higiene cotidiana.
“No hay de otra, huele muy feo, te deja oliendo las manos como si agarraras monedas.”
Hace unos días, la Secretaría de Salud Jalisco recomendó no consumir el agua que sale de las llaves, dando una serie de recomendaciones para reducir los riesgos, que se resume a no utilizar el agua si presenta coloración o algún tipo de olor. Y aunque, en la mayoría de testimonios, han tenido la posibilidad de optar por agua del garrafón para su cotidianidad, esta condición no es igual para todos, pues implica un gasto extra.
Esta crisis del agua ha llevado a que los habitantes se adapten a una realidad en la que el “acceso al agua” se sigue pagando, pero una que no es de calidad, no es apta para consumo y que les trae consecuencias a su salud y economía. En la que el derecho al agua de calidad se ha convertido en otro privilegio a la que no todos pueden acceder.


