En Pie De Paz
“No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Mahatma Gandhi
Durante casi un mes, las calles de Jalisco no fueron simplemente asfalto y tránsito; se transformaron en el escenario de un fenómeno que desafía las lógicas del cinismo contemporáneo. Lo que vivimos no nació de la rigidez de una ley, ni del frío lenguaje de un decreto, mucho menos de la artificiosidad de un discurso político. Fue la decisión, casi espontánea, de elegir la paz como lenguaje común.
El milagro de recuperar la calle fue el pretexto tuvo forma de balón, pero lo que realmente experimentamos fue la emoción de volver a recuperar nuestros espacios públicos. Por un momento, el miedo que a veces nos dicta la inseguridad y la delincuencia se disolvió ante la fuerza de la colectividad. Quien haya estado en las plazas, en los camiones o en las banquetas compartiendo una pantalla con desconocidos, sabe que no asistimos a un simple partido. Asistimos a un ensayo, a escala real, de lo que somos capaces de construir cuando decidimos, simplemente, querer.
En esa cita colectiva, la crítica hacia el de al lado desapareció. No hizo falta una ley que obligara a la cordialidad, no fue el clero, tampoco puntos para una calificación, ni presiones politicas como institucionales. Impresionante ver a las personas caminar deprisa como si tuvieran una cita con la felicidad, con la paz. Vimos un mosaico de humanidad: personas de todos los tamaños, edades, colores y estratos sociales abrazándose y bailando como iguales. En la calle, nadie preguntó de dónde venías ni cuánto ganabas para permitirte estar cerca, no había racismo discriminación; la paz funcionó porque, por primera vez en mucho tiempo, nadie fue invisibilizado ni excluido.
Comprobamos que la paz como reflejo del interior. Esta vivencia nos dejó una enseñanza que es el pilar de todo cambio social: la paz empieza por uno mismo. Es una verdad innegable que si no estamos bien con nosotros, difícilmente podemos estar en paz con los demás, y mucho menos transmitir ese bienestar al resto del mundo.
Lo que vimos no fue un grupo de gente perfecta en un mundo sin problemas, sin caretas; los problemas personales, las deudas y las preocupaciones seguían ahí. Sin embargo, por unas horas, esos problemas se disolvieron en un ambiente compartido de hermandad. Fue una “buena vibra” tan potente que alcanzó incluso al mundo digital, llenando las redes sociales de optimismo y risas en lugar de el discurso de división y odio habitual. Aprendimos que nuestra situación emocional o física no es un impedimento para apostarle a un mundo mejor cuando existe la voluntad de hacerlo.
Estamos ante un camino que ya conocemos. La paz no depende de que borremos nuestras diferencias, sino de que decidamos no permitir que esas diferencias nos separen. No fue un regalo de ninguna institución, ni de un evento externo; cada quien la trajo puesta desde su casa, desde su gente y desde sus ganas.
Al apagarse los ecos de la multitud, la revelación es clara: no necesitamos excusas constantes para ser humanos. La experiencia nos demostró que ya sabemos cómo hacerlo. No busquemos la paz en promesas de escritorio; la paz es un ejercicio de soberanía personal y una construcción diaria.
La paz no se declara. La paz se camina.
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Abogada, Doctora En Derecho por La Universidad De San Pablo en Madrid, España. Profesora Investigadora de tiempo completo. Adscrita a la División de Estudios Jurídicos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad de Guadalajara, México. Líder Del Cuerpo Académico-UDG-1244 “Educación, Justicia y Cultura de Paz”. Perfil PRODEP, PROESDE; Doctora Honoris causa por la Universidad de Lima Perú


