El Mundial del despojo: resistencia y maquillaje social

El Mundial llegó a la Ciudad de México con la promesa de modernidad, desarrollo y progreso. Pero en Pedregal de Santa Úrsula Coapa, una colonia marcada por la presencia del Estadio Azteca, las obras dejaron otra historia: cortes de agua que se prolongaron durante días, tuberías rotas, un socavón, proyectos de movilidad cuestionados y una presión creciente sobre el costo de vivir en la zona. Frente a estas transformaciones, siete mujeres decidieron organizarse para vigilar las obras, exigir respuestas y defender el territorio que habitan.

Por Sofía Pontiroli / @sofia.pontiroli

Fotos: Sofía Salgado

El Mundial 2026 ya terminó, y México es uno de los países que, a pesar de haber sido anfitrión, no logró llegar a ser campeón mundial. Después de celebraciones desenfrenadas – que causaron varios muertos -, remodelaciones profundas en toda la capital, marchas y enfrentamientos con la policía, la Ciudad se encuentra recuperando poco a poco su caos habitual.

La asignación de la Copa Mundial de la FIFA 2026 fue anunciada a México en 2018, y recibida por el gobierno con discursos de desarrollo, modernidad y progreso. Sin embargo, para muchos de los habitantes de la ciudad, la realidad ha sido radicalmente distinta. Lo que se prometió como un beneficio histórico, se ha convertido en un proceso acelerado de gentrificación, violencia institucional y obras públicas deficientes que amenazan su seguridad.

Intervención realizada por los vecinos de Pedregal de Santa Úrsula Coapa. Foto: Sofía Salgado.

El gobierno de la Ciudad de México empezó sus obras de remodelación concretamente a principios de 2026. Esto causó un importante impacto en la vida de los ciudadanos: como mencionaron a lo largo de estos meses, los tiempos de traslado en transporte público – ya altísimos, en una ciudad de 23 millones de habitantes donde son de dos horas y media (El Sol de México, 2025) – han aumentado exponencialmente, así como el costo de la vivienda y bienes básicos como alimentos.

Otras de las afectaciones se han ido reflejando en diferentes puntos de la ciudad, que han sido remodelados o reconstruidos para hacerlos más apetecibles a los ojos de los turistas. En colonias como Pedregal de Santa Úrsula Coapa, las y los vecinos han tenido que enfrentarse a obras realizadas de forma apresurada, mal hechas y que atacan su incolumidad. Entre construcciones que rompieron tubos de gas, cortes de agua constantes y drenajes colapsados, un grupo de mujeres de la colonia se ha organizado a lo largo de estos meses para tratar de resistir esos cambios, y cuidar de su hogar.

La otra cara del Mundial: desplazamiento y afectaciones a lo largo de los años.

Cuando se anunció el mundial, en Pedregal de Santa Úrsula Coapa la noticia se recibió con algo de expectativa y emoción.

“Te voy a decir lo que yo viví en 1986”, afirma una de las vecinas durante la entrevista. “Yo tengo toda mi vida viviendo aquí. El Mundial del 86 fue algo muy bonito, porque a medio tiempo abrieron el estadio para que todos pudiéramos entrar. Niños, ancianos, lo que fuera. Entramos y disfrutamos juntos. Ahora, con este Mundial del 26, es como si quisieran encerrarnos en casa”.

Pedregal de Santa Úrsula Coapa es la colonia donde se encuentra el Estadio Azteca, el estadio más importante del país y uno de los más importantes del mundo, ya que es el único que cuenta con tres inauguraciones de la Copa del Mundo (Sports Illustrated, 2026). Ahora renombrado “Estadio Ciudad de México” bajo imposición de la FIFA, se construyó desde el principio con dificultad y muchos errores: Emilio Azcárraga Milmo, el dueño de Televisa y el Club América, tomó la decisión de levantarlo en suelo volcánico, y debido a la rápida inundación derivada de las excavaciones, tuvo que adaptarse y construirlo hacia arriba. En los años, sufrió muchas remodelaciones, que, según los informes, no afectaron realmente a los vecinos y a la colonia. Como se menciona anteriormente, el mundial del 86 fue menos agresivo hacia la población: hubo casi únicamente remodelaciones dentro del estadio para modernizarlo y hacerlo accesible a un mayor número de personas.

Fue en los últimos años que la FIFA decidió realizar obras monumentales que afectaron a muchas personas, además de la infraestructura de varios países. Haciendo un recuento de los que han sufrido a raíz de las remodelaciones, podemos notar un patrón evidente:

  • En 2022, el mundial en Qatar pasó a la historia con el nombre de “Mundial de la vergüenza”: se destinaron más de 200 mil millones de dólares en remodelaciones, y las principales afectaciones documentadas fueron la explotación de trabajadores migrantes, jornadas laborales extremas, y la muerte de 6500 de ellos (The Guardian, 2022).
  • Para el Mundial de 2014, Brasil invirtió 11 mil millones de dólares en estadios, aeropuertos, sistemas de transporte y obras urbanas. Durante este periodo, más de 200 mil personas fueron desplazadas (Animal Político, 2014).
  • En 2010, Sudáfrica invirtió casi 4 mil millones de dólares para la Copa Mundial FIFA, y además de los desplazamientos a la población, tuvo que enfrentar una deuda pública importante, ya que el dinero recaudado no fue suficiente para justificar el gasto. Además, organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron acoso policial hacía vendedores ambulantes y personas sin hogar (2010).

Por otro lado, si revisamos casos en donde la Copa Mundial se llevó a cabo en países del norte global, no vemos el mismo impacto socioeconómico que afectó tanto a otros. En 2006, el mundial de fútbol dejó un beneficio de 135 millones de euros a Alemania, con pocas remodelaciones a estadios ya existentes y un desplazamiento mínimo de los habitantes.

La ciudad escaparate: mega eventos que transforman el espacio urbano. 

En países donde el embellecimiento social y urbano no representa una prioridad para los organizadores de la FIFA, los mundiales se viven por lo que deberían ser: eventos deportivos masivos, donde amigos y familias se reúnen para disfrutar del fútbol. Sin embargo, en otros lugares, la organización del torneo viene acompañada de un proceso llamado “la ciudad escaparate” (en italiano “vetrinizzazione sociale”), un término creado por el sociólogo italiano Codeluppi (2007). Para Codeluppi, el escaparate no es solamente un elemento comercial, sino un modelo cultural que se ha extendido a todos los ámbitos de la vida social. Afirma que desde el siglo XVIII, las ciudades, las personas y hasta las relaciones humanas empezaron a organizarse para ser exhibidos y consumidos visualmente.

“Llegamos a la misma conclusión: todo esto es pasajero. Las remodelaciones se hicieron para dejar una buena imagen de México a los extranjeros. No es por nosotros, eso lo tenemos más que claro”, afirma una de las vecinas de Pedregal de Santa Úrsula Coapa. “Es para dar una cara que no tenemos, para dar una impresión equivocada de lo que realmente se está viviendo”.

Construcciones alrededor del Estadio Azteca, en la colonia Pedregal de Santa Úrsula Coapa, Ciudad de México. Foto: Sofía Salgado.

Al principio, los vecinos de la colonia pensaron que las renovaciones por el Mundial iban a beneficiarlos. Las obras pequeñas empezaron más o menos en 2024, cuando el gobierno repavimentó algunas calles y construyó rampas para personas con discapacidad. Este año, sin embargo, los vecinos entendieron que lo prometido, además de no ser cumplido, iba a afectarles de manera exponencial.

El costo del maquillaje social.

  1. es una de las vecinas de Pedregal de Santa Úrsula Coapa que empezó desde el principio a luchar para contrarrestar las remodelaciones que el gobierno quería o estaba ya implementando.

“Fue más o menos en enero cuando se empezó con la remodelación interna del estadio”, cuenta durante la entrevista. “Y cuando nosotros empezamos a ver afectaciones, fue justo desde enero. No teníamos agua, se empezaba a ir todo el tiempo y cuando tratamos de entender porque, nos enteramos que estaban remodelando el Estadio Azteca”.

Explica que la falta de agua se originó porque las obras comenzaron a extraer sus recursos de un manto acuífero local. Mientras algunas vecinas con cisterna lograban recibir agua en la noche y usarla durante el día, en zonas como la Avenida Pedregal de Santa Úrsula hacía San Hermilo, San Gonzalo y San Raúl, el desabasto dejó a los vecinos sin agua hasta por 15 días, obligándolos a depender de pipas que ellos mismos pagaban. Sin embargo, afirma que si no se tiene una buena relación con el alcalde, las pipas no llegarán.

Trabajadores en las obras adyacentes al Estadio Azteca. Foto: Sofía Salgado.

La prisa de las constructoras, a quienes fueron otorgados apenas 6 meses de tiempo para terminar las obras antes de la inauguración del Mundial, causó varios incidentes, algunos graves. Cerca de la casa de G., el 9 de marzo las construcciones causaron la ruptura de una tubería de gas, que provocó una fuga masiva de 45 minutos, sumada a la ruptura previa de tuberías de agua por maquinaria pesada.

“Nosotras les advertimos un día antes sobre la tubería de gas, y no nos hicieron caso. Fue una fuga que duró 45 minutos, afortunadamente solo quedó en susto, pero imagínense si en lugar de eso, hubiera causado intoxicaciones o muertes”, afirma una de las vecinas con indignación.

No fue solamente la prisa que causó malos resultados en las obras, sino también la incompetencia de los encargados. L. también es una de las vecinas de la colonia, y cuenta que el gobierno invirtió 22 millones de pesos en la creación de un “Jardín de Lluvia Coapan”, con el objetivo de captar agua pluvial de los circuitos y evitar inundaciones. Cuando a los dos meses de inaugurarse se dieron cuenta que estaba lleno de parches y hundimientos, indagando descubrieron que el encargado del proyecto era un ingeniero agrónomo, no civil. Como resultado, actualmente el jardín no desaloja agua, al contrario se convirtió en una laguna estancada de aguas negras, que desprende malos olores y es peligroso para la comunidad. “Eso no está bien, de verdad, está pésimo. Si se cae ahí alguien, por ejemplo un niño, se puede ahogar. ¿Quién se va a hacer responsable?”.

Vecinas de la colonia Pedregal de Santa Úrsula Coapa caminan por las calles cerca de sus hogares. Foto: Sofía Salgado.

Otra de las remodelaciones que las vecinas denuncian fueron las que causaron mucho desorden en el sistema de transporte público, porque se quedaron inconclusas y peligrosas en metros como Chabacano y Viaducto. Las dos estaciones forman parte de una de las líneas más concurridas de la Ciudad de México, la línea 2: según el estudio “Afluencia de estación por línea 2026” (Metro CDMX), 48 millones de personas la utilizaron entre enero y marzo. La línea menos concurrida de la ciudad, la 4, apenas registró 6 millones.

Finalmente, el gobierno impuso un proyecto sin consulta previa y de manera apresurada para crear una nueva línea del Trolebús, que pretendía transitar por calles estrechas y escolares como Santo Tomás, San Alejandro y San Ricardo. Esta renovación, además de peligrosa para los niños, amenazaba con desaparecer la histórica “Ruta 95”, una línea de camionetas (más comúnmente llamadas “combis”) que había siempre pasado por esas calles. El grupo de vecinas se organizó para recolectar firmas y oponerse ante las autoridades, con el objetivo de parar el proyecto. Al final, el Trolebús terminó pasando por Avenida Pedregal de Santa Úrsula, porque el gobierno utilizó tácticas intimidatorias con los comerciantes locales, que al final cedieron para no perder sus negocios.

“Amenazaron con quitarle los toldos y llamar al Instituto de Verificación Administrativa. Si los negocios no estaban en regla los iban a clausurar, y muchos tuvieron miedo. Cuando de verdad les empezaron a quitar los toldos, crearon terror en la avenida. Fue ahí que los comerciantes accedieron a que pasara el Trolebús, a cambio de dejarles sus negocios. Por eso pasó el trolebús por Avenida Pedregal de Santa Úrsula”, afirma una de las vecinas.

Carteles de protesta colocados por vecinos de la colonia en las fachadas de sus viviendas. Foto: Sofía Salgado.

La rebelión de las vecinas.

La resistencia en Pedregal de Santa Úrsula Coapa inició cuando un vecino alertó a la comunidad sobre el plan del gobierno de construir el Trolebús en calles escolares. Entre varios empezaron a juntarse y organizar un cierre de la vialidad para protestar y exigir un diálogo con las autoridades. Fue aquí que un grupo de vecinas se conocieron, y decidieron unirse al ver que la mesa de diálogo pactada no estaba solucionando ningún problema.

Después de haberse consolidado en un grupo de 7 mujeres, decidieron monitorear las obras que se estaban realizando. Cuentan de qué forma se comprometieron al 100% para salvaguardar su colonia, su hogar, dejando sus actividades cotidianas para poder hacerlo.

“Si pasaba algo, aunque estuvieras ocupada con otra actividades, salías y comprometida ibas y apoyabas. Eso nos dio también mucho valor, porque entre nosotras siete nos acompañamos, nunca nos dejamos solas. Y todas aportábamos ideas”. 

Realizaron encuestas y recolección de firmas casa por casa, hablando con los otros vecinos y vecinas. Tuvieron que volverse expertas de temas jamás tratados, como la capacidad de desalojo de los sistemas hidráulicos, la diferencia de watts entre las luminarias – otro proyecto fallido de las autoridades, la construcción de “Senderos Seguros” a través de la iluminación de las vialidades” -, o la geología del suelo.

La reputación y confianza que fueron construyendo a raíz de eso les permitió legitimarse en la colonia, a diferencia de los muchos funcionarios de gobierno, que ni siquiera conocían las calles que pretendían intervenir. Las encuestas dieron resultados diferentes, tanto a favor como en contra, sin embargo el sentir colectivo de la comunidad era de rechazar las varias remodelaciones propuestas, sobre todo la del Trolebús. El gobierno poco ha escuchado sus opiniones, siguiendo con las obras y causando problemas y afectaciones a la colonia.

Obras junto al Estadio Azteca. Foto: Sofía Salgado.

“Con esa información y con todo lo que fuimos investigando, logramos llegar a conversar con la jefa de gobierno, Clara Brugada: éramos puras mujeres. Tratamos de decirle que estábamos preocupadas, por el trolebús, las grietas, los que conocemos como socavones, por las tuberías de gas que estaban muy superficiales. Llegamos con una genuina preocupación por nuestra colonia, y ella lo minimizó. Nos dijo, ‘¿De qué se preocupan? El trolebús es como un camión de refrescos, no tendrá problemas al pasar por las calles’, y hasta se empezó a reír”, cuenta una de las vecinas. “Justo a la semana, un camión de refrescos se cayó en un socavón afuera del estadio. Es chistoso porque parecía profecía lo que nosotros le dijimos, y todo fue pasando como advertimos, hasta las rupturas de las tuberías, todo”.

Un camión de refrescos queda atrapado en un socavón en la colonia Pedregal de Santa Úrsula Coapa. Foto: El Heraldo México.
El socavón causado por el camión de refrescos. Foto: Sofía Salgado.

Gentrificación, plusvalía y promesas incumplidas.

Desde que las autoridades llegaron a conversar con las vecinas de la colonia Pedregal de Santa Úrsula Coapa, hicieron promesas que no pudieron cumplir. Les afirmaron que a raíz de las remodelaciones y del Mundial, sus casas iban a tener más plusvalía, que iba a aumentar el suministro de agua. Sin embargo, en los últimos meses, lo único que ha aumentado para ellas y ellos ha sido el costo de la vida, de los servicios y de su propia colonia, que se está gentrificando a un ritmo incontrolable.

“Yo creo que este mundial del 2026 no fue humano, más bien fue discriminatorio para todos los mexicanos. Los extranjeros vienen a emborracharse, les vale madre si pintaron un ajolote o les faltó una plumita. Ellos vienen a la fiesta y a disfrutar”.

A pesar de que el maquillaje social creado por las autoridades a raíz del Mundial eventualmente desaparecerá y los extranjeros se irán, la comunidad se quedará con obras defectuosas, mal hechas y peligrosas, además de los problemas estructurales y el abandono del gobierno. El verdadero legado de este evento no se encuentra en la infraestructura del Estadio, en la “mejora” de la Ciudad de México, o en el dinero recaudado gracias a un torneo que desfavoreció a millones de personas: se encuentra en la fuerza y el aprendizaje de un grupo de mujeres que, uniéndose y venciendo el miedo al Estado, alzaron la voz para proteger su colonia y su hogar. Negándose a normalizar los abusos e imposiciones, consolidaron una red organizada que al día de hoy continúa en lucha, comprometida con la defensa de su territorio.

“Yo tengo la idea de que es un mundial basado en la mentira y en el despojo. Pero nos hemos hecho, creo yo, unas mujeres más fuertes, y hemos aprendido a defender nuestros derechos, porque es justo nuestro derecho, defendernos y de defender el espacio en el que vivimos”.

Cartel de protesta creado por las vecinas de Pedregal de Santa Úrsula Coapa. Foto: Sofía Salgado.

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Sofia Pontiroli
Sofia Pontiroli
Periodista y fotógrafa enfocada en los derechos humanos. Egresada de la Segunda Generación de ZonaDocs: Escuela de Periodismo

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