En Pie de Paz
Por Gerardo Pérez Viramontes / gerardpv@iteso.mx
Fotografía de portada Boris Mora / @Somoselmedio
Recientemente reapareció en la ZMG la inconformidad de muchos vecinos por la mala calidad del agua que llega a sus hogares, que en nada se parece a la que le cantaba Pepe Guizar. Las “Bases técnicas…” propuestas por la autoridad no lograron satisfacer a los quejosos al considerarlas solo paliativos que no atienden la raíz del problema. Por su parte, la Nueva Cultura del Agua advierte sobre la importancia de la participación ciudadana para la gestión adecuada del vital líquido. ¿Pero cómo participar constructivamente en un asunto desconocido por la mayoría? Solo unos cuantos saben con certeza cómo se produce, envasa, transporta y distribuye aquella que consumimos.
Aunque culturalmente hemos tomado conciencia sobre la importancia de los árboles y bosques, no sucede lo mismo respecto de la función ecosistémica del agua. Es indignante ver cauces urbanos repletos de basura y escombros, observar tuberías averiadas que tiran agua potable, constatar cómo desperdiciamos la de las lluvias a sabiendas de la escasez que vendrá en el estiaje. Algo no está funcionando bien en nuestra sociedad.
El agua no es un recurso a disposición de los humanos. Es un incesante ciclo que sostiene todo lo que vive. Todo en nuestro cuerpo es agua: aquella que circula por las venas es la misma en la que se mueven los tiburones, observamos con dos grandes canicas de agua, el cerebro es un charco que conecta a las neuronas, nuestro sudor termina incorporándose en las nubes, el nitrógeno de la orina se combina con el carbono del suelo para nutrir las plantas que comemos… Nuestra condición humana es acuática, agua que nos hermana con hongos, líquenes, corales… Es un insulto considerarla solo como un recurso.
Para muchos pueblos el agua siempre fue sagrada. Deidades como Tláloc, Chac o Poseidón recuerdan esa visión ética que debe acompañar las políticas en esta materia. Sin embargo, la ideología de la “Modernidad” se ha empeñado en aniquilar la vida y lo que la hace posible. Las sociedades gestionan el agua desde ciertas ideas, significados o valores. ¿Qué parámetros están en juego en el agua que se distribuye en la ZMG? En México, nuestro modelo de Estado ha buscado consolidar la propiedad pública del agua controlando el gasto gubernamental y la construcción de infraestructuras. El Estado funge como árbitro de las relaciones sociales para garantizar el “bienestar colectivo”, pensando en los ciudadanos como meros consumidores (en un mercado voraz y despiadado).
Pertenecemos a Gaia. Nuestra existencia se desarrolla en esa pequeña costra de materia viva que envuelve al planeta donde el agua es el actante más importante. Da forma a los paisajes y a la diversidad de especies, cambia sus estados gracias a la energía solar, es el incesante circular que todo lo renueva, es un bien común disponible para todos. Humanos y no-humanos tenemos derecho a ella. ¿Qué condiciones tendríamos que asegurarle para que cumpla sus funciones vitales?
El agua maloliente y contaminada que llega a los hogares tapatíos es solo la punta del iceberg de una problemática muy compleja. Ni la escasez, ni la mala calidad son el problema, sino la confrontación de voluntades para atenderlo. Para participar activamente en la gestión necesitamos reconfigurar nuestras relaciones socio-eco-ambientales, en territorios concretos, con los grupos sociales específicos que ahí habitan; comprender cómo piensan, sienten y viven las especies que habitan ríos, lagos, esteros, manglares; reconocer el sufrimiento de los enfermos que sufren por el líquido insalubre que llega a sus casas. Frente al colapso hídrico en el que nos encontramos resulta crucial hablar de la sabiduría del agua: de lo que hace, de lo que consigue y produce. El agua no actúa mal si se hacen bien las cosas. Puesto que todas las formas de violencia están vinculadas a la ignorancia, la Paz es aprender de la sabiduría del agua, recuperar la pureza de la tierra-mojada que caracteriza a Guadalajara.


